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INVESTIGACIÓN

Codornices entre excrementos y cadáveres: así es la 'granja de los horrores' de Catalunya con sello de bienestar animal

Nicolás Ribas

26 de enero de 2026 21:56 h

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Una macrogranja de codornices situada en Juneda, en Lleida, con sello de bienestar animal Welfair y que comercializa con los huevos de las aves, está en el punto de mira tras ser acusada de condiciones de insalubridad, falta de higiene y presunto maltrato animal. Como se observa en las imágenes inéditas grabadas por la asociación animalista ARDE, a las que ha tenido acceso en primicia elDiario.es, los huevos están en contacto directo con la suciedad, con excrementos y con cadáveres de aves en descomposición, lo que evidenciaría deficiencias higiénicas y sanitarias en la explotación avícola. 

La entidad de protección medioambiental y animal ARDE presentó el viernes 16 de enero una denuncia ante la Fiscalía de Medio Ambiente de Catalunya por un presunto delito de abandono animal y estafa debido a las condiciones en que se encuentran las codornices. Fuentes fiscales confirman la recepción de la denuncia en la Fiscalía Superior de Catalunya y explican que previsiblemente será remitida en los próximos días a la Fiscalía de Lleida, que es la competente por territorio al estar la granja en Juneda. 

Después de que saliera a la luz el caso de la ‘granja de los horrores’ de Llucmajor (Mallorca), que tuvo que cerrar una nave y perdió su sello de bienestar tras la investigación publicada por este diario, ARDE denuncia ahora las condiciones en que se encuentran las codornices en esta explotación de Juneda. Las instalaciones son propiedad del grupo Urgasa, el grupo que registra la mayor producción de codornices a nivel europeo. 

La empresa se presenta en su web como un grupo con más de 60 años de experiencia en el sector avícola. “Pioneros en la cría y distribución a nivel nacional de codornices y picantones”, afirman. En el momento en que se publica esta noticia, Urgasa no ha respondido a las preguntas de este diario. 

La macrogranja, situada en la localidad leridana de Juneda, dispone de un complejo ganadero con cinco naves destinadas a la cría de codornices, una nave a la cría de perdices, otra a la incubadora de huevos de codorniz y finalmente un matadero avícola. En su web, Urgasa explica que para alcanzar la calidad de sus productos, controlan todas las etapas de crianza y producción, utilizando tecnología punta.

La organización ARDE ha lamentado que el grupo Urgasa disponga del certificado Welfair, que acredita el bienestar animal, de forma independiente, científica y basada en la observación directa del animal. Fuentes de Welfair explican a este diario que han iniciado una investigación en las instalaciones señaladas. “Hemos hecho una auditoría interna no anunciada el martes 20 de enero”, han afirmado. Sin embargo, han matizado que no pueden hacer más valoraciones porque desconocen de qué nave se trata. Estas fuentes añaden, aunque sin concretar, que no toda la explotación avícola dispone de la certificación de bienestar animal.

Por otro lado, ARDE también ha criticado que dispongan del certificado ‘Free to Fly’, específico en materia de bienestar animal para granjas de codornices, como aparece en la web de la empresa. El sello ha sido desarrollado por el Grupo Solé Bertrán, como figura en la web de ‘Free to Fly’. El grupo Urgasa, que ha declinado responder cuál es su relación con el sello, es la matriz del conglomerado de empresas (entre ellas, el Grupo Solé Bertrán y Aeropic S.A.).

De acuerdo con las imágenes recabadas, el interior de la explotación avícola presenta cadáveres en avanzado estado de descomposición en contacto con las aves vivas. También suciedad debido al polvo, telarañas, restos de plumas, pienso y heces acumuladas. Y cadáveres con el cuello mordido por roedores, hacinamiento de centenares de codornices en jaulas, así como aves vivas en la cinta de excrementos.

Las grabaciones de ARDE, de casi una hora y media de duración, muestran que las codornices se encuentran en un estado penoso. En primer lugar, se observan decenas de aves hacinadas en sus jaulas, algunas desplumadas o con sus plumas caídas, rodeadas de suciedad, así como cadáveres debajo de ellas. Esta falta de higiene, con restos de plumas y excrementos, se aprecia en el interior de las jaulas de los animales. La mayor acumulación de heces y restos de plumas o cáscaras de huevos se localiza en las bandejas situadas bajo las rejillas sobre las que se alojan las codornices.

Además de llevar el caso a la Fiscalía, la entidad animalista envió un escrito a la conselleria de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat el pasado 19 de enero, para alertar de esta situación. Desde la Administración catalana no han querido valorarlo a preguntas de este diario. 

Una veterinaria observa “graves” deficiencias

La asociación ARDE ha acompañado su denuncia ante la Fiscalía de Medio Ambiente de Catalunya con un informe veterinario. En este escrito, al cual ha accedido este diario, se hace una evaluación exhaustiva a partir de la visualización de las imágenes. En él, la veterinaria Silvia Gimeno, colegiada en el Colegio Oficial de Veterinarios de Las Palmas, afirma que de las imágenes se desprende la presencia de cadáveres de codornices “en evidente estado de descomposición”, en el interior de las jaulas, en “contacto directo con aves vivas”.

Además, observa “numerosos cadáveres adicionales” bajo las jaulas, así como a un trabajador recogiendo “un número elevado de aves muertas, lo que sugiere una mortalidad significativa y persistente”. La profesional incide, sobre el estado de las instalaciones, que la mayor acumulación de excrementos “se localiza en las bandejas situadas bajo las rejillas sobre las que se alojan las codornices, apreciándose una carga orgánica elevada y persistente”. Según la veterinaria, se debe a “una retirada insuficiente de los residuos”. Además, aprecia presencia de sangre bajo las jaulas, lo que considera compatible “con lesiones traumáticas o episodios de picaje”.

Por otro lado, las aves están alojadas en jaulas con suelo de rejilla metálica. En las imágenes analizadas se observa que los dedos de las codornices se introducen entre los huecos de la rejilla y que, en algunos casos, las patas llegan a introducirse a través del suelo. Esto indica, según la veterinaria, que el tamaño de la malla no es adecuado para esta especie y no permite un apoyo normal y seguro del animal. Desde el punto de vista veterinario, un suelo inadecuado impide una postura fisiológica correcta, por lo que puede aumentar el riesgo de lesiones, atrapamientos, dolor crónico y dificultad para el descanso.

En cuanto a la salud de las aves, el informe describe que hay animales “con pérdida de plumaje”, lo cual es compatible con “picaje” con otras codornices, indicativo de “estrés y manejo inadecuado”. Además, estos síntomas son compatibles con enfermedades o malestar, como el entrecerrado de los ojos; actitud apática o el plumaje erizado.

El erizamiento del plumaje, afirma la profesional, es un signo “frecuentemente asociado a enfermedad, dolor, debilidad, estrés térmico o infecciones”, y refleja, según la veterinaria, “una alteración del estado general del animal”. Por otro lado, lamenta que haya huevos en contacto directo con suciedad, excrementos y cadáveres de aves en descomposición, así como huevos picoteados. “Esta situación supone una grave deficiencia higiénico-sanitaria, incompatible con los requisitos de higiene de la producción primaria”, argumenta.

Potencial “riesgo” para la salud pública

Sobre la gestión de los residuos, Gimeno pone el foco en la cinta transportadora de retirada de estiércol, que está bajo las jaulas. Esta cinta está provista de tapas móviles que un trabajador retira manualmente durante las operaciones de limpieza. En las imágenes grabadas, detalla la veterinaria, se observa que hay codornices vivas fuera de las jaulas, deambulando por el suelo de la nave y algunas de ellas se encuentran sobre y dentro de la zona correspondiente a la cinta transportadora. La profesional observa que el operario, “siendo consciente de la presencia de aves vivas”, procede a retirar las tapas móviles, introducir residuos y poner en funcionamiento “la cinta transportadora con las codornices vivas aún presentes, sin retirarlas previamente”.

Por estas razones, Gimeno observa que las condiciones son “gravemente incompatibles con un nivel aceptable de bienestar animal”. Detalla que la situación del interior de la granja presenta “deficiencias estructurales y de manejo”, así como “omisiones graves del deber de cuidado”. Entre las insuficiencias, destaca higiene deficiente y acumulación de carga orgánica, contacto prolongado de animales vivos con cadáveres en descomposición; suelos inadecuados que permiten el paso de dedos y extremidades; evidencia de estrés, picaje y enfermedad no atendida y riesgo extremo e inmediato derivado del uso de un sistema mecánico de evacuación de residuos en presencia de animales vivos, con posibilidad de atrapamiento, traumatismos graves o muerte.

La veterinaria valora la existencia de “riesgos sanitarios para el consumidor”. Entre ellas, riesgo de transmisión de enfermedades zoonóticas (de transmisión humana), como la salmonelosis; el contacto de huevos con cadáveres en descomposición, heces y suciedad “favorece la contaminación de la cáscara, con riesgo de penetración bacteriana al interior del huevo”; la presencia de aves enfermas no aisladas “aumenta la probabilidad de diseminación de agentes infecciosos” y la manipulación de huevos en un entorno visiblemente insalubre “es incompatible con los principios básicos de higiene de la producción primaria”.

Según la veterinaria, las condiciones a que son sometidas las codornices son “compatibles con múltiples incumplimientos” de la normativa en materia de gestión animal. Incluye aquí el Decreto Legislativo 2/2008, el Real Decreto 348/2000, la Ley 32/2007, la Directiva 98/58/CE y los Reglamentos 852/2004 y 853/2004. Se incumplían, según menciona, varias obligaciones de bienestar animal: higiene deficiente, atención insuficiente a animales enfermos, retirada tardía de cadáveres y riesgo derivado de la manipulación mecánica de residuos en presencia de aves. Gimeno concluye que todo ello podría suponer infracciones graves o muy graves de las distintas normativas, lo que podría acarrear sanciones que irían desde los 6.000 a los 100.000 euros. 

La normativa europea específica de bienestar animal recoge que los huevos destinados al consumo humano “deben mantenerse limpios, secos y protegidos frente a la contaminación, desde el momento de la puesta y durante todas las fases de su manejo”, explica Gimeno. Tras el análisis global, la veterinaria aprecia “sufrimiento animal evitable, riesgo inmediato para la vida de los animales, incumplimientos reiterados y sistemáticos y potencial riesgo para la salud pública”. Esto constituiría, a su juicio, “infracciones graves y muy graves”.

La empresa hace gala de su producto

Urgasa defiende en sus publicaciones la calidad de sus productos y también el bienestar animal con el que aseguran tratar sus animales. “Nuestro esmero en vigilar todos los detalles del proceso de elaboración nos ha permitido obtener las certificaciones de mayor prestigio y rigurosas”, aseguran en su web, y añaden que es así como garantizan que sus productos “estén al nivel de la máxima categoría”. “Solo así una empresa puede convertirse en un referente internacional del sector”, indican. Unos productos que son de “máxima calidad y frescura”, según afirman.

El grupo Urgasa opera bajo varias sociedades. Una de ellas es Aeropic S.A., empresa especializada en la cría y comercialización de aves como la codorniz –y sus huevos–, el picantón y la perdiz, como destaca la web. Esta es la empresa que vende directamente a mayoristas y distribuidores al por mayor, entre ellos, al sector HORECA (acrónimo de hoteles, restaurantes y cafeterías). Sin embargo, los huevos de codorniz de esta granja, con los códigos sanitarios 14.01367/L y 14.003390/L, corresponden a la empresa SAT 5749 Codornices Urgell y proceden del centro de clasificación de huevos del complejo. Es otra de las que opera bajo la marca del grupo, como se puede comprobar a través del buscador de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), dependiente del Ministerio de Consumo.

Entre los supermercados a los que distribuye en España, cabe mencionar en Catalunya a Mercadona, que bajo la marca Hacendado vende los huevos de codorniz de esta empresa, así como los supermercados Carrefour y Bon Preu. En Valencia y Madrid, bajo la marca Dagu, se vende en supermercados El Corte Inglés.

Fuentes de Mercadona afirman a este diario: “Aeropic es uno de nuestros proveedores de huevos de codorniz y cuenta con certificaciones en materia de Bienestar Animal y de Seguridad Alimentaria basadas en estándares internacionales reconocidos, como el resto de nuestros proveedores”. Y añaden que exigen cumplir con sus estándares de bienestar animal. “Tomaremos las medidas que sean necesarias”, responden por su parte fuentes del supermercado Bon Preu, que añaden que están “analizando la situación”. El resto de supermercados y empresas consultadas no ha respondido en el momento en que se publica este reportaje.