La Policía Nacional ha detenido en Lliçà d’Amunt (Vallès Oriental) al dueño de un establecimiento de comida rápida que tenía retenido de manera ilegal a su empleado. El trabajador está en situación irregular y no percibía ningún salario como remuneración por las más de 13 horas que trabajaba cada día de la semana, sin descanso ni vacaciones. Únicamente lo recompensaba con comida, que solía consistir en restos de las sobras del establecimiento, y un lugar donde alojarse.
La víctima reconoció a los agentes que vivía en la parte posterior del establecimiento y que el jefe por las noches cerraba el local con llave desde fuera, y no podía salir, como posteriormente se confirmó.
Los agentes descubrieron que en la parte trasera del local había una estancia habilitada como dormitorio, con colchones, ropa y otros enseres personales, con evidentes indicios de que se encontraba habitada y en malas condiciones de higiene y salubridad.
La víctima también manifestó que el jefe le “daba miedo” y le decía que no saliera del local, ya que podría ser detenido por la policía y tener dificultades para regularizar su situación. De esta manera y aunque el declarante aparentemente consentía esta situación, el miedo que le generaban las amenazas y advertencias por parte de su empleador, así como su dependencia económica y su situación irregular, contribuyeron a que la libertad deambulatoria de la víctima se viera suprimida y limitada a ese establecimiento.
Cuando los agentes realizaron la inspección en el local pudieron comprobar in situ que la víctima no tenía contrato de trabajo ni estaba dada de alta en el sistema de la Seguridad Social. El trabajador declaró que su jefe le había pedido la cantidad de 10.000 euros para hacerle un contrato de trabajo. Asimismo, la víctima manifestó que llevaba diez meses en España, donde llegó de manera irregular, de los cuales ocho había estado trabajando en el establecimiento bajo la promesa de que le harían un contrato laboral.
Igualmente, manifestó que su jefe le daba golpes y le profería insultos y amenazas por motivos tales como que no había limpiado correctamente el baño y que, cuando le pidió ropa de invierno porque ya hacía frío por las noches, le dijo que aguantara, que no se moriría por el frío. Sobre la falta de salubridad del local, el hombre le decía que no se preocupara, porque las ratas no lo atacarían.
El trabajador reconoció ante los agentes que se encontraba en una situación de vulnerabilidad económica y personal, y que las condiciones en las que vivía y trabajaba eran ilegales, pero que necesitaba el trabajo para poder subsistir en España, ya que así disponía al menos de alimentación y un lugar donde vivir.
Esta conducta por parte del empleador, ejecutada en un contexto de explotación laboral y abuso de superioridad, excede el ámbito meramente laboral y podría ser constitutiva de un delito de detención ilegal, al mantener al perjudicado en una situación de sometimiento y de ausencia de libertad real. La víctima ha sido puesta a disposición de los servicios sociales, donde ha podido recibir los recursos recogidos normativamente. El detenido ya ha pasado a disposición judicial.