No ha sido un mal día para la defensa de Jordi Pujol Ferrusola. Una de las operaciones más escandalosas que conforman la acusación contra el primogénito no ha encontrado a ningún testigo que la vinculara con la corrupción, como mantiene la Fiscalía. Ni siquiera el tribunal ha podido escuchar sospechas, como en sesiones anteriores, en la vista que juzga si el origen de la fortuna familiar oculta en Andorra está vinculada al fraude a la administración o a la herencia del abuelo.
El cierre de filas de los empresarios vinculados al grupo Isolux (cuyo expresidente, Luis Delso, está acusado en el juicio por ayudar a Pujol a enmascarar comisiones con operaciones falsas) con el primogénito ha sido total. “Yo no regalo dinero ni a Pujol ni a nadie”, ha manifestado el exvicepresidente de la compañía, José Gomis, sobre el proyecto en México que ha abordado la sesión de este jueves.
Las cifras quedan fuera de la economía del común de los mortales y dan cuenta del frenesí inmobiliario que se vivía en 2006, en los últimos compases de la fiesta de la burbuja inmobiliaria. Delso y Gomis, a título personal, se aliaron con Pujol en una operación para levantar un complejo turístico denominado Azul de Cortés, en México.
Según Anticorrupción, el primogénito, que se enfrenta a una petición de 29 años de cárcel, aportó tan solo un peso mexicano para entrar en el negocio (extremo desmentido por Gomis). Dos años después, cobró 12,7 millones de euros tras vender el proyecto a Isolux. Ninguno de los testigos de la empresa han puesto reparo alguno a que sus dos máximos ejecutivos vendieran a su propia empresa un negocio privado.
A diferencia de otros juicios sobre corrupción, en el juicio a la familia Pujol no hay ningún acusado que haya tirado de la manta. Las penas de cárcel a las que se exponen los empresarios son menores y, en caso de producirse, quedarán muy rebajadas por el retraso que acumula la causa. Sin una confesión de un procesado ni testigos que aten el vínculo entre obra pública y los cobros presuntamente falseados en operaciones privadas, a Anticorrupción le resultará difícil corroborar su tesis.
Lo importante en el proyecto Azul de Cortés, ha explicado Gomis, era “no regalar el dinero a nadie por nada” y que se gestionara “in situ”. “No me gusta un proyecto con mando a distancia”, ha dicho. Los terrenos en los que se tenía que construir el resort eran “un camino de cabras por el que tenías que ir con Land Rover”, y los promotores tuvieron que hacer “pozos de electricidad y una desaladora”.
Según el testigo, él y Delso pusieron cada uno diez millones, mientras que Pujol aportó un millón. “Pero cómo se puso no lo supe ni en el momento”, ha agregado. Gomis ha evitado confirmar las ganancias de 12,7 millones que el fiscal atribuye al primogénito, pero sí ha dicho que el beneficio para los inversores “se multiplicó por seis”. “Me suena más que fueron 68 millones”, ha agregado.
Por su lado, Antonio de Padua Portela, exconsejero delegado de Isolux, ha defendido que sus asesores legales en México y España recomendaron comprar a sus directivos y Pujol el proyecto en México, si bien ha reconocido que tanto Delso como Gomis se ausentaron de la reunión del consejo de administración que lo aprobó por conflicto de interés. “No se mencionó la posición política de señor Jordi Pujol Ferrusola”, ha concluido.