Obituario José Martí Gómez

Jamón del bueno a tu salud, Martí

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Acabo de comprarme 200 gramos de jamón ibérico del bueno. Del mejor, le he pedido a la dependienta. En honor de José Martí Gómez. Porque quiero celebrar haberlo conocido, y me lo comeré a su salud bebiendo una copa de tinto. Conste que yo no bebo, pero Martí lo merece.

Quiero celebrar haber estado durante años al lado de un periodista de los de verdad. De los que miran la vida y observan a las personas para tratar de verdad entenderlas. 

En la Cadena SER me encargaron hace 30 años coordinar 'La hora negra' con Martí Gómez, Eugenio Madueño y Bru Rovira. Un espacio de sucesos en el que la tarea más difícil era conseguir que Martí Gómez se callara en el instante en que se encendía la luz roja para grabar. Con el dinero que les pagaban a los tres, nos íbamos a cenar cada mes y, para una joven que empezaba en esto del periodismo, que estaba en plena etapa de construcción profesional, esas cenas, esas conversaciones eran un aprendizaje de vida que me ha acompañado siempre.

No era amigo de dar muchos consejos, pero un día sí quiso advertirme que era importante que tratara los temas de los que hablábamos en La Ventana con mayor profundidad. “Tienes tendencia a poner los sentimientos y la emoción por delante y puede quedar demasiado amarillo”, me dijo.

Te juro, Josep, que siempre me acuerdo de esas palabras cuando me coloco ante un micrófono o una cámara. Pero esta mañana no he podido. Estando en directo he sabido que habías muerto y he dudado si debía decirlo o no, sabiendo que no podría contener la emoción. Pero te lo debía. He dado la noticia y se me ha roto la voz. He dicho lo mucho que había aprendido de ti y poca cosa más, porque no quería llorar en directo. Tenemos un trabajo que a veces no nos permite llorar cuando lo necesitamos.

Por eso, al salir hoy del trabajo he ido directa a por ese jamón y ese vino que me recuerde nuestras cenas de hace años, tus silencios de siempre y que me permita celebrar que haber estado a tu lado ha sido un privilegio… ¿O digo un regalo, Martí? ¿Cómo acabo el artículo? Quiero llamar y preguntarte. ¿Cómo acabo el artículo?

“Como te dé la gana”, me dirías tú. Adiós, Josep.