Moral de victoria

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Sonriamos. La mayoría de grandes ciudades francesas serán gobernadas por la izquierda. Meloni ha sido derrotada en su plebiscito. Millones de estadounidenses acaban de llenar las calles contra Trump. Orban puede estar viviendo sus últimos momentos en el poder. Puñales en Vox. Sudores fríos en Génova.

Se puede vencer a la ola reaccionaria. Se debe y se puede.

No significa que sea fácil. El neoliberalismo desató su ofensiva contra el carácter social del Estado, imponiendo un dogma económico ambiental y socialmente destructivo. La ola reaccionaria actual, promovida por los ultrarricos, pretende deshacerse también de toda formalidad democrática, para consumar una toma total del poder.

Pese a años de tejer estrategias, pese a la coordinación y apoyo entre los miembros de la internacional reaccionaria y pese a la colonización mental del algoritmo, aún no han logrado todos sus objetivos.

Precisamente, en lo descarnado, virulento y acelerado de su proyecto se halla la clave para derrotarlo. Vemos a lo que nos lleva. Un mundo en llamas. Genocidio televisado. Guerra. Imperialismo voraz.

Miles y miles de vidas segadas mientras los responsables sueltan frivolidades en redes y en televisión. Millones de personas desplazadas. Luego las criminalizarán si llegan aquí huyendo de las bombas.

Consecuencias económicas nefastas, poniendo el mundo al borde de la coincidencia de varias crisis simultáneas. Luego acusarán de ellas a quienes despliegan un escudo social para proteger a la ciudadanía, mientras son incapaces de criticar a quienes causan estos males.

Su receta la conocemos. Apuntan sus cañones contra los derechos y conquistas sociales. Ya lo hicieron en la Gran Recesión. Véase hoy la reforma laboral de Milei, alumno aventajado de esta combinación grotesca de servilismo, estulticia y maldad que se ha puesto de moda entre los émulos de Trump —también entre los geográficamente más cercanos.

Azuzan el odio. Contra los progres y contra los sindicatos. Contra el feminismo —léase contra las mujeres— y contra la ciencia. Contra las personas LGTBI y contra las personas migrantes. Para dividirnos. Para poder laminar derechos más fácilmente. Para distraernos del carácter vertical del conflicto.

Han hablado como si lo hicieran en nombre del ciudadano común y corriente. Sin embargo, su proyecto es tratar de realizar el deseo del gran capital. Opresión, dominación y explotación es todo lo que ofrecen, aunque lo disfracen.

Pero nos hemos dado cuenta. Su apariencia ya no es invencible. Su victoria ya no parece inexorable. Nos estamos movilizando por doquier. Hay que pasar de la actitud de resistencia a la moral de victoria. De defender las conquistas a lograr otras nuevas para las mayorías sociales, que es mucho lo que hay que avanzar todavía.

Cada espacio tiene que hacer sus deberes. Los próximos 17 y 18 de abril se darán cita en Barcelona centenares de organizaciones políticas, sociales y sindicales progresistas de todo el mundo, en la Global Progressive Mobilization auspiciada por Pedro Sánchez. Unidos y organizados, sin miedo. Es un paso. No paremos. Demos más.