Radiografía de una ERC en convulsión: el núcleo de Junqueras contra los renovadores sin líder

Arturo Puente

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ERC ha encadenado tres elecciones desastrosas. En las pasadas municipales perdió un 37% de los votos obtenidos en 2019, en las generales el 47% y en las catalanas el 29%. El resultado ha sido la pérdida del Govern, la confirmación de que el ciclo de vacas gordas ha acabado y la dimisión fulminante de algunos de sus principales líderes, como Pere Aragonès o Marta Rovira. Sin embargo, Oriol Junqueras, presidente del partido, ha esquivado la renovación prevista de toda la cúpula. El líder ha anunciado que, si bien dejará la presidencia tras las elecciones europeas de junio, su deseo es volver a postularse para pilotar ERC en el congreso que celebrará en noviembre.

La decisión del republicano de no retirarse ha abocado a Esquerra a una pugna imprevista. Lo que divide ahora al partido no es la estrategia a largo plazo o las opiniones sobre qué hay que hacer respecto a la investidura de Salvador Illa, cuestiones en las que hay planteamientos diversos en Calàbria, sede de la formación. Lo que parte ahora en dos a ERC es la pugna entre el sector de los 'junqueristas' y el de los renovadores.

Los primeros son el núcleo duro histórico de Junqueras, quienes consideran que el líder aún puede tener tirón y que se merece la confianza del partido. Los renovadores son, en cambio, un grupo mucho más heterogéneo y donde encajan varias familias dispersas, reunidas en torno a la opinión de que ha llegado la hora de relevar a la cúpula en su conjunto. Diversas fuentes destacan que una de las desventajas de este segundo grupo es que, por el momento, está huérfano de liderazgos.

Del tándem con Rovira al choque con Aragonès

Desde 2011 y hasta 2017 la cúpula de ERC había sido un tándem bien avenido entre Oriol Junqueras y Marta Rovira. “El primero era el que se ocupaba del Gobierno y tenía más el impulso ganador; ella era la que organizaba el partido, generaba cuadros y líderes y, en general, cuidaba los equipos”, explica un alto cargo que conoce bien la organización desde hace décadas. Ese reparto de tareas se vino abajo tras 2017, cuando Junqueras quedó inhabilitado y Rovira abandonó el país. Entonces surgió el liderazgo de Pere Aragonès, un hombre de partido, que siempre había trabajado con Junqueras pero que tenía también afinidad con Rovira.

A partir de 2018, Aragonès tomó los mandos de la rama de ERC en la Generalitat mientras Junqueras pasó a estar más centrado en el partido y, sobre todo, en la estrategia. Finalmente, después de que Aragonès se convirtiera en president de Catalunya, las rencillas entre Calàbria y el Palau han ido a más y se han acabado configurando dos sectores: el de Junqueras y el sector Govern.

Estas familias no siempre han estado en guerra y su choque se ha mantenido, por norma, dentro de los cauces de la discreción. Pero en ocasiones sí se han dado codazos públicos, a veces por discrepancias sobre cómo dirigía Aragonès su ejecutivo, en el ámbito de las políticas o de su comunicación, pero también por asuntos como la confección de listas electorales o los pactos en las diputaciones.

Pero lo que ha ocurrido en los últimos días va más allá de cualquier bando o sector preexistente. “Lo que ha pasado es que toda la organización ha ido por un lado, hacia una transición tranquila, mientras Junqueras, con un grupo muy reducido de apoyos, ha dicho que él se queda”, explica una fuente conocedora de los entresijos. Según indica, la primera idea que puso el líder sobre la mesa fue hacer un congreso en pleno verano y, después, en septiembre.

“Toda la ejecutiva era, sobre el papel, junquerista, y fue la ejecutiva la que le dijo que era una locura hacer eso. La sensación era que quería un congreso sin oposición”, explican. Finalmente, fueron los propios órganos de ERC los que forzaron que el congreso se trasladase al 30 de noviembre.

Quién es quién en cada lado

Fuentes de la formación sitúan en el sector 'junquerista' a personas como Gabriel Rufián y parte importante de los diputados en Madrid –pero no Teresa Jordà–, al igual que el conseller de Interior, Joan Ignasi Elena, y casi todo su equipo. También se encuadran en esta familia algunas de las piezas importantes del partido, como el secretario de organización, Pau Morales, el responsable de organización interna, Oriol López, o el secretario general adjunto, Juli Fernàndez.

En cuanto a la extensión territorial, Oriol Junqueras tiene mucho ascendente en las zonas del Ebro, a través de otro hombre clave: Lluís Salvadó, antiguo secretario de organización de ERC y actual presidente del Port de Barcelona. También tiene mano en un puñado de secciones locales del área metropolitana, como Santa Coloma. Junqueras tiene, además, gran afinidad personal con Joan Tardà, un hombre que no ocupa ningún cargo orgánico y siempre va por libre, pero que aún ejerce gran influencia sobre la base republicana.

¿Quién se encuadra del lado renovador? Prácticamente el resto de la formación ha acabado coincidiendo en la necesidad de cambiar la cúpula, lo cual representaría, en teoría, una proporción ampliamente mayoritaria en el partido. Opinan esto los recién dimitidos Aragonès y Rovira. Esta última es descrita por diferentes fuentes como la persona que más ascendente tiene sobre la mayoría de los cuadros de una generación por debajo de los líderes y que ha adquirido un peso muy relevante en los últimos años. Dos ejemplos claros de ello serían Marta Vilalta o Raquel Sans, cabezas de lista por Lleida y Tarragona respectivamente y que forman parte de la Ejecutiva.

Además, la mayor parte del Govern de Aragonès se alinea con los renovadores. Lo está, por supuesto, el equipo más cercano al president, como la vicepresidenta Laura Vilagrà o el viceconseller Sergi Sabrià. Pero también la exconsellera Jordà, el conseller Roger Torrent, la consellera Natàlia Mas o el conseller David Mascort. El líder del grupo parlamentario y segundo de Junqueras durante sus años al frente de Economía, Josep María Jové, también se habría manifestado favorable a las tesis de la “transición tranquila”, según apuntan fuentes conocedoras, que sin embargo explican que, por lealtad, en ningún caso hará la guerra al presidente del partido.

Aún hay quien dibuja una tercera familia, de entrada poco alineada, como es la federación de Barcelona. En ella manda Eva Baró, pero también está la líder de ERC en Barcelona, Elisenda Alamany, que forma parte de la ejecutiva. Y otro nombre del círculo de Barcelona es la consellera de Territori, Ester Capella, todo un peso pesado en el partido.

La espina clavada de Junqueras: ser presidenciable

Una de las explicaciones que repiten en el núcleo duro de Junqueras sobre los pasos dados por el líder republicano en los últimos días tiene que ver con su situación personal. Un dato que mucha gente desconoce es que Junqueras, pese a que ha sido líder del partido durante 13 años y vicepresident del Govern, diputado en el Parlament catalán, en Estrasburgo y en el Congreso, además de alcalde, no se ha presentado como candidato a la presidencia de la Generalitat desde 2012.

Esto es así porque en 2015 acudió a las elecciones bajo la coalición Junts pel Sí, que promovía la investidura de Artur Mas. En 2017, en las elecciones forzadas con el 155, Junqueras ya estaba en prisión y, aunque encabezaba la lista, lo hacía sin opciones de ocupar la presidencia de la Generalitat. Y para 2021 ya le habían inhabilitado. El líder de ERC podría ver ahora una oportunidad única en la amnistía para probar su atractivo electoral, pero esto implicaría casi de forma segura esperar hasta las siguientes elecciones autonómicas, ya que difícilmente sería amnistiado antes de una repetición electoral que, además, Esquerra no desea.

“Hay una parte de factor humano en el comportamiento de Junqueras”, ilustra un miembro del partido tras recordar la situación penal del líder. “Y puede haber una parte no despreciable de las bases que vean comprensible que se quiera presentar o, al menos, hacer política con las manos sin atar”, resuelve.

“Se ha equivocado en la estrategia”, asegura sobre Junqueras otra fuente conocedora de los engranajes internos de ERC. Según entiende él, el republicano podría haber conseguido con relativa facilidad una oportunidad más para ser candidato de consenso si se hubiese alineado con Rovira. “Yendo al choque en un congreso, solo le vale ganarlo”, afirma.

La llave de ERC sobre la investidura de Illa

“Junqueras en ningún caso controla la ejecutiva del partido”, explica una fuente. “El apoyo territorial, si se trata de ver qué opina la militancia, puede ser una lotería”, apunta otra persona con cargo orgánico. ERC tiene una larga tradición de congresos en los que facciones enfrentadas del partido se han despellejado, como ocurrió en 1989 en el Congreso de Lleida o en Barcelona en el año 2010. Solo la llegada del tándem Junqueras-Rovira logró imponer una paz duradera.

Por esta razón, el plan de la mayoría de la dirección era organizar una transición tranquila entre este mayo y el próximo mes de noviembre. Tiempo suficiente para hacer un aterrizaje de emergencia de un partido que necesita pasar por el taller, pero que antes deberá decidir qué hace con la llave que el electorado le ha dado sobre la investidura de Salvador Illa.

Según coinciden todas las fuentes consultadas, la posición del partido sobre la investidura no es motivo de discordia interna. O, al menos, no es lo que ha configurado los actuales bloques.

El consenso es que ERC pase a la oposición, pero lo cierto que en el partido conviven diversas opiniones: algunos aseguran que los diputados republicanos deben facilitar la investidura de Illa, incluso con un voto favorable. Otros consideran que a lo máximo que pueden llegar es a la abstención, para lo que el PSC necesitaría buscar votos favorables en la derecha. Y también existe una corriente de opinión, de entrada más minoritaria, que sostiene que, con Illa, nada de nada.

Por el momento, el relato compartido en ERC es que el PSC debería llamar a la puerta de Junts, en tanto ambos han sido “la oposición al Govern republicano”. “Pero está claro que nadie quiere elecciones y que lo último que nos conviene es forzar una convocatoria en la que acabemos de perder todo el capital político, incluido quien se queme como candidato”, explican las mismas voces republicanas.