eldiario.es

9

El dilema de Thelma y Louise (I)

"Dicen del presidente Rajoy que en muchas ocasiones, cuando ha de tomar una decisión clave, la decisión que toma es no tomar ninguna decisión, dejar quieto el problema que hay que atajar, que se pudra y desaparezca o que reviente".

Manifestación por la independencia de Catalunya

No sé si les pasará como a mí, pero el tema de Cataluña ¡me tiene tan podrido, tan cansado, tan aburrido! Además, sobre el asunto ya se ha dicho todo lo que se podía decir, y sin embargo algunos no paramos de dar vueltas a la cosa, de explorar nuevas líneas argumentales, de rescatar otras usadas pero con una orientación novedosa. En fin, seguro que lo que argumentamos y discutimos será en vano, el caso es que en mi caso me resulta inevitable hacerlo aunque -repito- me tenga podrido, cansado y aburrido. 

Hace unos días hablaba con mi suegra de la consabida cuestión catalana, y se lo dije muy claro: la culpa la tiene el PP. Dicen del presidente Rajoy que en muchas ocasiones, cuando ha de tomar una decisión clave, la decisión que toma es no tomar ninguna decisión, dejar quieto el problema que hay que atajar, que se pudra y desaparezca o que reviente. Esa parece ser la estrategia para el asunto de Cataluña, seguir la ley a pies juntillas, respetar hasta la última astilla el sagrado armazón de la Constitución y no ofrecer ninguna alternativa a una realidad social que existe en Cataluña, que es poderosa y cada vez está más mosqueada. Sin embargo en la raíz del actual problema catalán, el germen de estos lodos no está en la apatía del PP, sino en su exceso de celo, y por eso digo que la culpa la tiene el partido de Rajoy, porque fueron los populares los que mandaron el proyecto del Estatuto del Tripartito al Tribunal Constitucional. Si dicho proyecto, muy consensuado en las Cortes Catalanas, refrendado por el pueblo de Cataluña y aprobado en el Parlamento, no hubiera sido denunciado por el PP, hoy no existirían los problemas que tenemos. 

Algunos dirán “si fue denunciado y el tribunal aceptó y sentenció, es como lo del río: suena porque agua lleva”. Cierto que las instituciones del Estado están para usarlas si hace falta, pero yo pregunto: más allá de los intereses electorales del PP, ¿hacía falta de verdad? Sigo preguntando: ¿un Tribunal Constitucional prorrogado cuyos miembros habían de ser renovados y de cuyos cambios los partidos mayoritarios no se ponían de acuerdo llevando la reputación de la más alta instancia de la magistratura española a niveles de países como Guinea Ecuatorial, estaba en disposición de tomar una decisión tan rematadamente jodida? De lo que todos estamos seguros -incluidos los del PP- es que si el Estatuto hubiera salido adelante, habríamos ganado unos veinte años de paz sin catalanes embarretinados pidiendo constantemente la independencia.

Muy Bien, has hecho Like

¿Qué tipo de error has visto?
¿La sugerencia que quieres realizar no está entre estas opciones? Puedes realizar otro tipo de consultas en eldiario.es responde.
Error ortográfico o gramatical Dato erróneo

¡Muchas gracias por tu ayuda!
El equipo de redacción de eldiario.es revisará el texto teniendo en cuenta tu reporte.

Comentar

Enviar comentario

Comentar

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha