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Los “males” del medio rural al enfrentar la violencia machista: “Las cosas están cambiando”

Charlamos con la presidenta de Fademur Castilla-La Mancha, Elisa Fernández, sobre la campaña 'Sin un Sí, es No' contra la violación en cita

"En el medio rural el acoso sexual no se visibiliza. Alguna vez oyes algún comentario a los chavales, pero si sospechas algo, tienes que investigar"

"Ahora somos mujeres con estudios y tenemos muy claro que lo que queremos es corresponsabilidad en la vida familiar"

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Elisa Fernández, presidenta de FADEMUR Castilla-La Mancha

Elisa Fernández, presidenta de FADEMUR Castilla-La Mancha

La Federación Asociaciones de Mujeres Rurales de Castilla-La Mancha celebraba el pasado 1 de agosto el "desbloqueo" del Pacto de Estado contra la Violencia de Género con la asignación de seis millones de euros a la región para desarrollarlo.

Quienes forman parte de esta organización, que se define como feminista, saben bien que la recuperación de competencias en esta materia en los ayuntamientos es un punto de inflexión. Creen que e sta es “la única manera de garantizar la atención de las mujeres en entornos rurales”.

Hablamos con su presidenta, Elisa Fernández, y lo hacemos en particular de un tipo de violencia machista apenas visible en las zonas rurales: la violación en cita y también de cómo los estereotipos y roles asignados a las mujeres persisten hoy en los pueblos.

Se cumplen tres ediciones de la campaña del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha centrada en el ámbito rural ‘Sin un Sí, es No’. ¿Cómo lo valora?

Es fundamental. Lo vemos muy bien porque se trata de una campaña educativa que es la base de todo. Es muy necesaria porque no tiene nada que ver la situación del ámbito urbano con la del medio rural.

En Castilla-La Mancha hablamos de municipios muy pequeños donde todos nos conocemos y donde es muy difícil atajar este tipo de situaciones porque históricamente las mujeres han sido las que lo han intentado tapar por aquello del qué dirán.

No quiero decir que la mujer en el ámbito urbano lo sufra de manera diferente pero en las zonas rurales es más complicado que pueda visibilizarse. Son situaciones que siguen siendo tabú.

¿Entonces, decir ‘rural’ significa más desigualdad hombre-mujer?

Depende. Lo que  está claro es que al igual que hablamos de desigualdad hombre-mujer hay que hacerlo de desigualdad entre medio urbano y rural…pero sí…Ser mujer en el medio rural es más difícil. Tienes menos posibilidades de inserción en el medio laboral. Desarrollas trabajos mucho más invisibles como el cuidado de los mayores o de los hijos y tienes que renunciar a tu carrera profesional o a tu independencia, entre comillas, porque tienes que hacer esas labores. ¿Por qué? Porque al medio rural no llegan muchos de los servicios.

En los últimos años las cosas están cambiando mucho, sobre todo en la educación porque ya no somos como nuestras abuelas o incluso nuestras madres. Somos mujeres con estudios y tenemos muy claro que lo que queremos es corresponsabilidad en la vida familiar. Que el marido o pareja se encargue de esas tareas en igualdad de condiciones e incorporarse al mercado laboral.

¿El acoso sexual es hoy una preocupación en el medio rural?

Bueno lo que creo es que no se visibiliza. No, no sale al exterior. Entre los grupos de amigos de chavales jóvenes, aquellos que suelen ir al pueblo en verano, quizá alguna vez oyes algún comentario entre ellos, tus hijos te cuentan…Pero si sospechas algo, tienes que investigar. No se dice.

¿Y a la hora de hablar de estas cuestiones, cree que hay diferencias entre los jóvenes que viven en el pueblo y los que vienen de la ciudad?

Vivo en un pueblo muy pequeño y creo que no hay diferencias. Todos saben perfectamente de lo que estamos hablando. Pero no es igual que lo cuente una chica que tiene entre 12 y 16 años, que vive en el pueblo y que va al colegio con los cuatro amigos, en un grupo muy reducido. Cuesta más.

¿Y qué cree que ocurre en el ámbito laboral rural? Hemos conocido denuncias de las temporeras tanto en Andalucía como en Albacete en los últimos tiempos. ¿Hay diferencias entre mujeres inmigrantes y las locales?

No, cuando ocurre algo así da igual la nacionalidad que tengas. Lo que influye o así lo creo yo, es que si tengo un puesto de trabajo que necesito es lo que coarta la denuncia. Porque si  hablo me van o no a creer y además es que encima voy a perder mi trabajo. Eso es igual para todas. Están ambos miedos.

Pero también creo que ahora tenemos más apoyo de las propias mujeres. Las cosas están cambiando pero recuerdo que hace años no era así. Eran las que menos querían saber qué estaba pasando por lo que luego podían tener dentro de casa o porque se les decía que no se metieran en lo de la vecina. Ha sido un mal del medio rural.

¿Se habla de estos temas en asociaciones como en FADEMUR?

Sí, los hablamos. Podemos llevar a cabo acciones de emprendimiento, de formación y aunque parece que no tiene nada que ver, siempre intentamos dejar un hueco para esto. Lo que pasa es que es complicado porque podemos dar pura información y consejos del tipo ‘No te calles’, pero al final, lo vemos desde fuera. ¿Cómo confiar? Hay que tener muchas narices para decirlo en un pueblo de 500 habitantes y que salga el sol por donde quiera. Eso es muy difícil.

¿Se puede hacer algo más?

Sí, hay que insistir en el mensaje. Es como cuando les digo las cosas a mis hijos mil veces y les comento que así algo les quedará. Esto es lo mismo. Lo medios de comunicación son una vía importantísima. Que se hable de ello es fundamental y educar, educar desde muy pequeños. Y no solo es responsabilidad del colegio, hay que empezar en casa.

El Gobierno regional aplica perspectiva de género a sus políticas. ¿Cree que empresarios y sindicatos están haciendo lo mismo o deberían hacerlo?

Todos y todas deberíamos hacer más en este terreno. Estamos viendo algunos resultados en la visibilización del problema pero reitero que es complicado.

Este año el Instituto de la Mujer quiere implicar en la campaña no solo a los adolescentes sino a generaciones con más experiencia para ayudar precisamente a visibilizar esta problemática. ¿Qué le parece?

Me parece bien. En el medio rural no habrá ni un 5% de mujeres mayores de 50 años que denuncie este tipo de cosas o que reconozcan que les ha pasado. Por lo menos intentemos llegar a ellas. Muchas dicen que se casaron para atender al marido, a los hijos o a sus padres y suegros y esa mentalidad es difícil de cambiar.

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