Cerco del Gobierno valenciano a las lanchas que acosan a las ballenas: pueden recibir multas de hasta 200.000 euros

Las costas de Dénia y Xàbia son de las más frecuentadas por ballenas y delfines de toda la Comunitat Valenciana y, a su vez, son de las más turísticas. Sus calas y sus aguas cristalinas son reclamo, especialmente, para aquellos que disponen de embarcaciones de recreo, ya sea propias o alquiladas, lo que supone un grave trastorno para estos animales.

Tal y como informó elDiario.es, Ecologistas en Acción denunció recientemente que el pasado sábado 26 de junio un grupo de ballenas rorcuales fueron vistas en la costa de la Marina Alta y “enseguida un grupo de embarcaciones se pusieron a perseguirlas como si de una diversión o de un espectáculo de consumo se tratase, y sin pensar en las consecuencias que un comportamiento de acoso puede provocar, al menos estresar a los animales”.

El viernes 25 de junio a las 12.00 de la mañana en la cara norte del cabo Prim frente a Xàbia y a unos 20 metros de profundidad, integrantes de un centro de buceo se encontraron un pez luna (nombre científico: Mola mola) muerto. Según los buzos que lo encontraron, tenía marcas de hélices y signos evidentes de haber sido embestido por una embarcación a motor.

Para prevenir estas situaciones, la consellera de Agricultura, Desarrollo Rural, Emergencia Climática y Transición Ecológica, Mireia Mollà, instó este miércoles al recientemente creado Servicio de Vigilancia Marina a que controle las embarcaciones para garantizar la protección y el comportamiento responsable con las ballenas en las costas de la Comunitat Valenciana.

Mollà, que ha participado en Lisboa en la Conferencia de la ONU sobre los Océanos, ha solicitado a este servicio pionero de conservación de las praderas de posidonia que grabe y documente las presuntas infracciones de los barcos de recreo y que incluya, entre sus trabajos de educación ambiental, informar sobre la normativa de protección de los rorcuales para evitar la mala praxis.

En caso de situaciones especialmente graves, el servicio podría denunciar los hechos documentados ante el Servicio de Protección de Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil o ante los guardacostas. Según la normativa, las embarcaciones no pueden acercarse a menos de 60 metros de los animales y en caso de incumplimiento, la sanción puede oscilar entre los 3.001 y los 200.000 euros, según la Ley de Patrimonio Natural.

La consellera anunció, además, que convocará una reunión con el conjunto del sector náutico para promover el cumplimiento de la legislación que prohíbe la persecución de cetáceos (ballenas, delfines y marsopas).

La titular de Transición Ecológica se refirió así al presunto acoso de algunos navegantes en el marco de una mesa redonda sobre el Mediterráneo Noroccidental, incluida en el programa complementario de la Conferencia.

En su intervención, junto a sus homólogos en Cataluña e Islas Baleares, Teresa Jordà y Miquel Mir, respectivamente, pidió reducir la velocidad de las embarcaciones en el Mediterráneo para rebajar a la mitad el riesgo de colisión con un cetáceo y las emisiones de CO2 más de un 10%. “Desacelerar mitiga el punto negro de ruido submarino en favor de la supervivencia de los animales, además de luchar contra el impacto de la emergencia climática en el medio marino”, indicó. 

“Cuando los informes del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático) apuntan al Mediterráneo como epicentro del Cambio Climático debemos observar su impacto no solo en el litoral, sino también en el ecosistema marino”, argumentó Mollà.

En esta línea, expuso la estrategia valenciana de conservación de la posidonia, que cuenta con un decreto para mantener y recuperar estos bosques submarinos; fuentes de biodiversidad y potentes sumideros de carbono.

El decreto, aprobado el pasado 20 de mayo, establece un régimen de protección basado en aumentar la información sobre las praderas, regular los vertidos y fondeos y elaborar, de forma coordinada con los municipios, un plan de seguimiento y buenas prácticas en la gestión de los arribazones que llegan a las playas.

El corredor de migración de cetáceos del Mediterráneo ocupa más de 46.300 kilómetros cuadrados frente a las costas valencianas, de Cataluña y las Islas Baleares. Este espacio compartido motivó la reciente I Cumbre Mediterránea por el Medio Ambiente y el Clima, en la que los tres gobiernos autonómicos firmaron una declaración conjunta instando al Gobierno de España a “acelerar, a través de políticas transversales, la mitigación y adaptación al cambio climático, ante el contexto de emergencia climática, especialmente acusada en la cuenca Mediterránea”.

La Comunitat Valenciana fue pionera en protección del medio marino, con las primeras Reservas Marinas de Tabarca (1986) y Columbretes (1990), seguidas por los espacios marinos litorales incluidos en la Red Natura 2000. La salvaguarda del mar valenciano se completó en 2018 con el mayor corredor de cetáceos del Mediterráneo. Ha impulsado también uno de los primeros programas de recuperación de tortugas.

Las costas de Dénia y Xàbia son de las más frecuentadas por ballenas y delfines de toda la Comunitat Valenciana y, a su vez, son de las más turísticas. Sus calas y sus aguas cristalinas son reclamo, especialmente, para aquellos que disponen de embarcaciones de recreo, ya sea propias o alquiladas, lo que supone un grave trastorno para estos animales.

Tal y como informó elDiario.es, Ecologistas en Acción denunció recientemente que el pasado sábado 26 de junio un grupo de ballenas rorcuales fueron vistas en la costa de la Marina Alta y “enseguida un grupo de embarcaciones se pusieron a perseguirlas como si de una diversión o de un espectáculo de consumo se tratase, y sin pensar en las consecuencias que un comportamiento de acoso puede provocar, al menos estresar a los animales”.

El viernes 25 de junio a las 12.00 de la mañana en la cara norte del cabo Prim frente a Xàbia y a unos 20 metros de profundidad, integrantes de un centro de buceo se encontraron un pez luna (nombre científico: Mola mola) muerto. Según los buzos que lo encontraron, tenía marcas de hélices y signos evidentes de haber sido embestido por una embarcación a motor.

Para prevenir estas situaciones, la consellera de Agricultura, Desarrollo Rural, Emergencia Climática y Transición Ecológica, Mireia Mollà, instó este miércoles al recientemente creado Servicio de Vigilancia Marina a que controle las embarcaciones para garantizar la protección y el comportamiento responsable con las ballenas en las costas de la Comunitat Valenciana.

Mollà, que ha participado en Lisboa en la Conferencia de la ONU sobre los Océanos, ha solicitado a este servicio pionero de conservación de las praderas de posidonia que grabe y documente las presuntas infracciones de los barcos de recreo y que incluya, entre sus trabajos de educación ambiental, informar sobre la normativa de protección de los rorcuales para evitar la mala praxis.

En caso de situaciones especialmente graves, el servicio podría denunciar los hechos documentados ante el Servicio de Protección de Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil o ante los guardacostas. Según la normativa, las embarcaciones no pueden acercarse a menos de 60 metros de los animales y en caso de incumplimiento, la sanción puede oscilar entre los 3.001 y los 200.000 euros, según la Ley de Patrimonio Natural.

La consellera anunció, además, que convocará una reunión con el conjunto del sector náutico para promover el cumplimiento de la legislación que prohíbe la persecución de cetáceos (ballenas, delfines y marsopas).

La titular de Transición Ecológica se refirió así al presunto acoso de algunos navegantes en el marco de una mesa redonda sobre el Mediterráneo Noroccidental, incluida en el programa complementario de la Conferencia.

En su intervención, junto a sus homólogos en Cataluña e Islas Baleares, Teresa Jordà y Miquel Mir, respectivamente, pidió reducir la velocidad de las embarcaciones en el Mediterráneo para rebajar a la mitad el riesgo de colisión con un cetáceo y las emisiones de CO2 más de un 10%. “Desacelerar mitiga el punto negro de ruido submarino en favor de la supervivencia de los animales, además de luchar contra el impacto de la emergencia climática en el medio marino”, indicó. 

“Cuando los informes del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático) apuntan al Mediterráneo como epicentro del Cambio Climático debemos observar su impacto no solo en el litoral, sino también en el ecosistema marino”, argumentó Mollà.

En esta línea, expuso la estrategia valenciana de conservación de la posidonia, que cuenta con un decreto para mantener y recuperar estos bosques submarinos; fuentes de biodiversidad y potentes sumideros de carbono.

El decreto, aprobado el pasado 20 de mayo, establece un régimen de protección basado en aumentar la información sobre las praderas, regular los vertidos y fondeos y elaborar, de forma coordinada con los municipios, un plan de seguimiento y buenas prácticas en la gestión de los arribazones que llegan a las playas.

El corredor de migración de cetáceos del Mediterráneo ocupa más de 46.300 kilómetros cuadrados frente a las costas valencianas, de Cataluña y las Islas Baleares. Este espacio compartido motivó la reciente I Cumbre Mediterránea por el Medio Ambiente y el Clima, en la que los tres gobiernos autonómicos firmaron una declaración conjunta instando al Gobierno de España a “acelerar, a través de políticas transversales, la mitigación y adaptación al cambio climático, ante el contexto de emergencia climática, especialmente acusada en la cuenca Mediterránea”.

La Comunitat Valenciana fue pionera en protección del medio marino, con las primeras Reservas Marinas de Tabarca (1986) y Columbretes (1990), seguidas por los espacios marinos litorales incluidos en la Red Natura 2000. La salvaguarda del mar valenciano se completó en 2018 con el mayor corredor de cetáceos del Mediterráneo. Ha impulsado también uno de los primeros programas de recuperación de tortugas.

Las costas de Dénia y Xàbia son de las más frecuentadas por ballenas y delfines de toda la Comunitat Valenciana y, a su vez, son de las más turísticas. Sus calas y sus aguas cristalinas son reclamo, especialmente, para aquellos que disponen de embarcaciones de recreo, ya sea propias o alquiladas, lo que supone un grave trastorno para estos animales.

Tal y como informó elDiario.es, Ecologistas en Acción denunció recientemente que el pasado sábado 26 de junio un grupo de ballenas rorcuales fueron vistas en la costa de la Marina Alta y “enseguida un grupo de embarcaciones se pusieron a perseguirlas como si de una diversión o de un espectáculo de consumo se tratase, y sin pensar en las consecuencias que un comportamiento de acoso puede provocar, al menos estresar a los animales”.