La Comunitat Valenciana no para de crecer: más de 1,3 millones de habitantes desde el año 2000

Desde el inicio del siglo XXI, la evolución demográfica en España ha seguido ritmos dispares. Si nos fijamos en el peso relativo de cada una de las comunidades autónomas (en adelante, CCAA) respecto del total de la población, veremos que unas pocas CCAA no paran de sumar habitantes (sobre todo, Madrid, Cataluña y Comunitat Valenciana, aunque también Canarias, Baleares + Melilla, que es una ciudad autónoma); otras se mantienen prácticamente estancadas (Castilla-La Mancha, Navarra + Ceuta, otra ciudad autónoma); mientras que el resto están perdiendo población. En el siguiente gráfico, aparece toda la información detallada.

¿Pero cuál es el porqué de todo ello? Para empezar, no debemos perder de vista que, a pesar de que vastos territorios españoles se estén despoblando, la población total del país sigue creciendo. Esto se suele explicar indicando el atractivo del clima mediterráneo, la riqueza cultural y gastronómica, así como el buen rollo que transmite la población que habita España. Asimismo, el dinamismo del mercado laboral es otro factor a tener en cuenta para explicar el crecimiento de la población, especialmente en los casos de la Comunidad de Madrid, Cataluña y Comunitat Valenciana.

Pero también hay CCAA que sufren el proceso de despoblación, lo cual se debe, principalmente, al escaso dinamismo de sus economías, falta de oportunidades laborales y de acceso a algunos servicios básicos, especialmente cuando hablamos de zonas montañosas de difícil acceso.

La situación de algunas CCAA es más difícil de explicar. La mayoría de éstas presentan perfiles mixtos, que aglutinan características de ambos tipos previamente expuestos. En este caso, el momento del ciclo económico, en ocasiones, da pistas acerca de la evolución demográfica.

¿Pero qué hay de la Comunitat Valenciana? Desde el año 2000, la tendencia general es galopantemente creciente. Si bien es cierto que la crisis de 2007-2008 desencadenó, unos años después, una ligera disminución de la población, no podemos obviar el crecimiento casi exponencial en las etapas de bonanza económica.

No obstante, dicho crecimiento, al igual que no se da de manera uniforme a escala nacional, tampoco lo es a escala autonómica. El siguiente mapa presenta una evidente tendencia a la concentración de la población en las comarcas costeras, aunque con algunas salvedades.

En este sentido, el Camp del Túria (87,6%), el Baix Segura (75%) y la Marina Baixa (59,3%) son las comarcas que más crecieron en lo que va del siglo XXI, mientras que el Rincón de Ademuz (-26,2%), l'Alt Maestrat (-17,1%) y els Ports (-14,9%) son las que más población perdieron. Para dotar de mayor consistencia a nuestra investigación, hemos hablado con Javier Esparcia, Catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Valencia, quien resulta ser una de las personas que más tiempo ha dedicado al estudio y la comprensión de la evolución demográfica valenciana.

En primer lugar, hemos revisado con lupa las comarcas que sufren despoblación. Javier nos señala que, en zonas como el Rincón de Ademuz, l’Alt Maestrat y els Ports, nos enfrentamos al problema de despoblamiento estructural. El catedrático subraya que los factores que mejor explican la situación demográfica de dichas comarcas son la crisis del sistema agropecuario tradicional; tendencia a la concentración económica y demográfica en las ciudades o en los núcleos comarcales más importantes; procesos de urbanización; así como la mejora de los transportes (que favorece precisamente a esos centros). Por todo ello, estos territorios montañosos del interior entraron en un “círculo vicioso de pérdida de población y demanda, envejecimiento, falta de servicios y oportunidades”, según señala el experto. Una de las constataciones más fuertes de nuestra conversación surge al abordar el mercado inmobiliario. Esparcia señala una paradoja: aunque sobre el papel parezca que “sobren casas”, la cruda realidad consiste en que “el parque disponible formalmente no es siempre realmente habitable”. Esto supone una barrera para la llegada de nueva población, que debería acometer costosas rehabilitaciones de vivienda, por lo que muchas personas pueden llegar a pensar que “costaría más el collar que el perro”, cosa que resta todavía más puntos a la opción de migrar a una comarca con estas características. A esto se suma, sorprendentemente, un “proceso inflacionario en cuanto al precio de la vivienda, con frecuencia muy por encima de su valor real”. Además, dichas comarcas tienen un mercado laboral tan frágil que fomenta la constante salida de trabajadores hacia otras áreas: abundan perfiles de personas trabajadoras que viven en una comarca y trabajan en otra. Todo ello, crea unas condiciones en las que estas comarcas sufren una continua fuga de jóvenes que empeora drásticamente su crecimiento natural (ya extremadamente deteriorado) y retroalimenta el declive.

En segundo lugar, analicemos las comarcas campeonas en atracción de la población. En la otra cara de la moneda, tenemos el Camp de Túria, el Baix Segura y la Marina Baixa. Según relata el experto, la clave de su explosión demográfica es clara: “captan flujos de población allí donde hoy se concentra la atracción demográfica valenciana, es decir, en los corredores metropolitanos y litorales”. Al preguntarle específicamente por el caso del Camp de Túria, Esparcia desmiente el mito que concibe a las comarcas periféricas como espacios aislados y poco atractivos: “no es una comarca 'periférica' en sentido débil, sino una periferia bien conectada y muy integrada funcionalmente”. Esta comarca gana habitantes a un ritmo vertiginoso gracias a su “accesibilidad, vivienda, suelo disponible y proximidad al mercado de trabajo urbano”, atrayendo a familias jóvenes del área metropolitana. De hecho, es una de las comarcas más jóvenes de toda la Comunitat Valenciana. Ahora bien, en cuanto a las comarcas del Baix Segura y la Marina Baixa, las explicaciones son distintas. Javier subraya que su auge se sostiene sobre una “combinación muy potente de turismo en general, y residencial en particular, agricultura e inmigración”. En ambas comarcas, la llegada masiva de población extranjera se presenta como un factor central, aportando tanto mano de obra activa como residentes jubilados “atraídos por el clima, el litoral y, desde hace ya años, por el mercado inmobiliario”.

A modo de conclusión, podemos constatar que la Comunitat Valenciana opera como un territorio profundamente desigual a nivel geográfico y socioeconómico. El intenso dinamismo poblacional reciente le debe mucho a los saldos migratorios positivos que se han ido acumulando en lo que llevamos del siglo XXI. Además, este dinamismo se concentra, básicamente, en aquellos espacios que participan de la economía metropolitana, el turismo y los mercados residenciales costeros. En contraposición, la despoblación del interior no es un fenómeno coyuntural, sino el resultado de múltiples carencias sistémicas, como las de accesibilidad, empleo y servicios básico. Y, si bien es cierto que algunas actividades puntuales, como el turismo rural y las segundas residencias, mitigan parcialmente esta tendencia, resultan insuficientes para revertir el déficit estructural de residentes permanentes en el medio rural valenciano. Aunque quién sabe… quizás, las futuras generaciones prefieran una vida menos ajetreada y más sencilla, alejada del ruido, la saturación y la contaminación, tan abundantes en las ciudades y sus inmediaciones.