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'Memòria de l’oblit': un libro que analiza la represión franquista en la Safor a través de las historias personales

El pasado martes 14 de abril, coincidiendo con la conmemoración del Día de la República, la sala grande de la Casa de la Marquesa en Gandia fue escenario de una asistencia multitudinaria. El acto, avalado por la concejalía de Memoria Democrática y el Centre d’Estudis i Investigacions Comarcals (CEIC) Alfons el Vell, acogió la presentación del libro Memòria de l'oblit. La repressió franquista a la Safor, de la fotoperiodista Eva Máñez.

La obra recoge testimonios de las personas represaliadas en la comarca, así como de sus familiares en busca de “la verdad, la justicia, la reparación y la garantía de no repetición”. Además, hace un recorrido por los lugares que fueron especialmente significativos durante la posguerra: el puerto de Gandia, por el que huyeron (o, al menos, lo intentaron) numerosas personas vinculadas a la II República; las montañas de la Safor, que fueron el testimonio del estraperlo y de la resistencia de los maquis; el cementerio de Gandia, en el que fueron ejecutadas y enterradas en fosas comunes, al menos, 66 personas; entre otros.

No cabe duda de que el modelo español de transición hacia la democracia presenta carencias severas en lo referente a las políticas de memoria y reparación. Durante la entrevista con la autora, Máñez explicó cómo el pacto de olvido cimentó una impunidad prolongada en las instituciones del Estado: “En este país, vivimos una anomalía democrática; es decir, cuando se murió el dictador Franco, lo dejó todo atado y bien atado, y entonces lo que continuó fueron 50 años de impunidad”. Esta falta de depuración institucional paralizó durante décadas las exhumaciones y la investigación pública de los crímenes. Según expone la fotoperiodista, el viraje hacia unas políticas de memoria democrática efectivas es muy reciente, pues el asunto no se atendió a nivel público hasta inicios del siglo XXI.

Maltrato institucional y ocultación de crímenes de lesa humanidad en Gandia

La represión en la Safor, que siguió patrones similares en el resto de España, revela una microfísica del poder orientada a la neutralización de las personas disidentes, sea mediante su ingreso en prisión, destierro o ejecución. Pero esto no es todo, ya que el modus operandi de la administración franquista también extendió el castigo a sus familiares, que sufrieron física y psicológicamente, siendo excluidos de los espacios de socialización o propiciando la desmemoria de sus familiares disidentes. Una historia muy paradigmática de todo ello es la de la fosa de Gandia, que vislumbra una estrategia deliberada de invisibilización de quienes se mostraron disidentes al régimen. Eva Máñez cuenta que se trata de “una historia de maltrato institucional brutal, porque desde el primer momento se arroja a sesenta y seis personas a la fosa y ésta se tapa con un bloque de nichos, a propósito, para que no se pueda localizar”.

Obstaculización judicial y crímenes de lesa humanidad

Uno de los aspectos más críticos que aborda la autora es el papel contemporáneo del poder judicial frente a las exhumaciones. Cuando los antropólogos forenses identifican signos evidentes de muertes violentas, los juzgados españoles tienden a archivar las causas argumentando la prescripción de los delitos, contraviniendo consensos del derecho internacional que tipifican los crímenes de lesa humanidad como imprescriptibles. Esta barrera se manifestó con especial crudeza en Gandia, donde se ordenó retener las evidencias forenses, agravando el trauma de las familias, quienes están sufriendo “un dolor equiparable a la tortura”, confirma la investigadora. Asimismo, denuncia que un juez “tiene esos restos óseos secuestrados hasta el día de hoy, impidiendo que las familias puedan realizar el cotejo de ADN”. Además, a algunos familiares de las víctimas, se les exigió un pago de 8.000€ para formar parte del juicio como parte interesada. Esta situación demuestra cómo las estructuras burocráticas pueden seguir actuando como garantes del pacto de impunidad, resultado de la Transición.

La biopolítica de género en la represión

La obra de Máñez destaca también por incorporar un riguroso análisis de género que evidencia cómo la dictadura aplicó un modelo de control biopolítico sobre las mujeres. La violencia institucional no castigaba únicamente su ideología, sino que buscaba disciplinar sus cuerpos para restaurar el modelo patriarcal nacionalcatólico. La autora describe detalladamente esta represión estructural: “Las mujeres sufrían un tipo de violencia específico por el mismo hecho de ser mujeres; una violencia que atentaba a su feminidad. El franquismo tenía un concepto de la mujer muy tradicional: tiene que ser la madre, tiene que cuidar el hogar… Entonces, este régimen nacionalcatólico hacia culpables a las mujeres de no mantener el orden moral dentro de sus hogares”. Esto resultaba en algunos castigos específicos para las mujeres, como la rapada de pelo, la ingesta de aceite de ricino y, consecuentemente, la obligación a pasear por el pueblo mientras sus vecinas y vecinos les gritaban y les escupían, lo cual servía como un ejemplo para el resto de las mujeres. Era una manera de mostrar que “no hagas lo mismo, o serás la próxima”. Así era la pedagogía del terror franquista, que utilizaba la humillación corporal para someter a toda la comunidad.

La presentación de la obra concluyó con un homenaje colectivo a las víctimas, a sus familiares y a las asociaciones memorialistas. Eva Máñez ha subrayado: “Quiero dar las gracias a las personas que han participado en el libro; han sido súper generosas por compartir historias que estaban en la familia, ocultas y silenciadas […] sus historias no son solo de su familia, sino que pertenecen a un relato de toda la comarca”. La autora espera que “este libro sirva también para las futuras investigaciones como, por ejemplo, acerca de la Escuela Pia, que apenas fue investigada, y donde estuvo presa mucha gente”. El éxito de la presentación demuestra el interés de la ciudadanía por reescribir una historia silenciada, pero, esta vez, desde los parámetros de la verdad, la justicia y las garantías de no repetición, evidenciando que el estudio crítico del pasado es ineludible para el saneamiento democrático del presente.