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La prensa sin corazón.

Quizás no hayan reparado, y por supuesto no lo tienen que hacer, en el curioso hecho de que Pablo Iglesia y Podemos están acabado con la hegemonía de los programas dedicados al frívolo asunto del corazón, y no en el sentido médico, sino en el sentido vacío y morboso.

Ahora los programas que mandan son los destinados a mostrar a políticos contra periodistas, dando pocas soluciones, pero sí lanzando muchos exabruptos. Pablo Iglesias es el nuevo líder de tendencia en la política televisiva, y los pobres que antes sublimaban con la prensa rosa, ahora lo hacen con la amarilla. El negocio está cambiando, y algunos viven en el pasado más casposo y triste.

Quizás el gran buque insignia del formato del corazón sea desde hace algunos años Sálvame, un espacio que se ha transformado en líder, no tanto por su calidad programática, sino por su absoluta soledad en la parrilla, ¿quién sigue adelante con los programas de cotilleos?, exacto: Telecinco. Este nuevo formato y tendencia aparecía por primera vez en Canal 9, el 13 de Marzo de 1997. Aquello era nuevo, y no por ello bueno, pero pocos podían imaginar lo que iba a suponer para el mundo catódico español aquello, ya que durante muchos años algunos canales autonómicos y privados vivieron con las rentas que dejaban dichos programas.

El sábado pasado sucedió algo en la pantalla de mi televisión que me sorprendió, pues en el sillón de Sálvame Deluxe, programa que puse haciendo zapping, que todo hay que explicarlo, estaba sentado Alberto Isla, y diréis, ¿quién es ese joven con nombre de cantaor?, pues alguien muy famoso en esos círculos de cotilleos y puñaladas traperas. Alberto Isla es el ex novio de la hija de la malograda Isabel Pantoja, y en el programa, con gesto muy serio, casi de velatorio, afirmaba que se iba a separar de una tal Techi, que seguro tampoco conocéis, y es normal, pues esta joven fue novia de Kiko Rivera, hijo de la inquilina más conocida de la cárcel de Alcalá de Guadaira. Y uno se queda mirando aquella imagen, la del chico contando sus cosas íntimas delante de las cámaras, y piensa que Sálvame y por ende Telecinco, han tocado fondo. Solo hay que pensar en lo que cuesta cada minuto de publicidad, y más en Prime Time, en Telecinco, para gastarlos con semejante invitado.

La prensa del corazón, con sus programas de televisión, siempre ha sido una buena fuente de ingresos y un gran negocio para las cadenas, poco dinero de inversión y buena audiencia. De hecho Antena 3 y Telecinco tuvieron una época en la que se peleaban por tener en sus parrillas los mejores programas de cotilleos que se pudieran. En aquél momento, que ahora parece casi antediluviano, los dos canales pagaban cantidades estratosféricas a sus colaboradores, que tenían unos cachés altísimos, y que miraban desde sus atalayas de frivolidad a sus compañeros de profesión con cierta altivez. Periodistas del mundo rosa obtenían mejores datos de audiencia que los de deportes, y estaban por encima en la escala económica que los de investigación. En las facultades de periodismo se comenzaba a ver como una opción más que buena la de dedicarse a la prensa rosada. Algo parecía, desde un punto de vista lógico, que no se estaba haciendo bien, porque las tertulias de política ya no eran tan intensas, ahora esa intensidad se había desplazado a los platós donde cualquiera hablaba, de modo casi impune, de las vergüenzas propias o ajenas. En aquella carrera cuesta abajo, donde lo importante era ver cuál de las dos grandes cadenas privadas conseguía perder antes todos los conceptos del código deontológico del periodismo nacional, Antena 3 decidió bajarse. Entendió pues, que su público potencial podía estar en otro tipo de lindes, que tal vez, se podía conseguir recaudar dinero con otros formatos diferentes al corazón. Esa decisión tuvo dos consecuencias, una, que Antena 3 recondujo su editorial y dos, que Telecinco no tenía competencia real ninguna. Y en una nueva pirueta, el canal de Berlusconi convierte a Sálvame en el Sancta Sanctorum del papel rosa, haciendo que todos sus programas pivotaran a su alrededor.

Que en un programa había un chico que se liaba con otra, pues ya tenía asegurado su sillón en el programa de los sábados, y si ése mismo chico después volvía a decir las mil perrería que su léxico le permitiera sobre esa misma chica, pues tenía el sillón otra vez, y algo más de caché. Así de sencillo, y así de rentable.

Pero la visión de Alberto Isla sentado en el sofá me hizo pensar que algo malo sobrevolaba las cabezas de los pizpiretos periodistas, y es que La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, les había dado un plazo de 10 días para que adecuen los contenidos del programa, para poder emitirlos por la tarde, todo ello debido a los contenidos que tienen, como la familia, el sexo o las infidelidades. De no hacerlo, pueden enfretarse a un procedimiento sancionador por infracciones de carácter grave.

Y ante eso, apareció Jorge Javier Vázquez, presentador del espacio, para denunciar el acoso que estaban recibiendo por parte de asociaciones de consumidores y televidentes. Aunque lo que deberían hacer, como consejo, es abandonar el formato que tienen, olvidar a los chicos que hablan de chicas o de clanes familiares enfrentados por herencias, y centrarse más en el futuro, en el cambio estilístico que se está acometiendo en la televisión actual.

Seguramente si Pablo Iglesias fuera al programa para bregar con Paco Marhuenda, llevarse la contraria en todo e intentar sacarse algún trapo sucio, la cosa les iría mejor. Yo lo llamaría, El Telecinco Noche.