La portada de mañana
Acceder
El calor dispara las muertes en España a cifras sin precedentes
El incendio mortal de Almería sorprende a la Junta con retenes “incompletos”
Opinión - Ese tono de curita cruel, por Antonio Maestre

ANÁLISIS

Víctor de Aldama y el 'yonqui del dinero', corruptos a la calle o a la cárcel

11 de julio de 2026 21:52 h

0

Marcos Benavent (1970), autodenominado 'yonqui del dinero', se despidió el pasado viernes de los periodistas encargados de la información de tribunales tras haber recogido el “papelito” de la sección quinta de la Audiencia Provincial de Valencia que le notificaba la firmeza de la condena a casi ocho años de prisión como autor de los delitos de blanqueo y falsedad. “Mucho ánimo”, nos dijo Benavent a los pocos informadores que nos arremolinamos a la entrada de la Ciudad de la Justicia. Casi que sería al revés, pensé yo. El 'yonqui del dinero' encara —con estoicismo— una etapa terrible para cualquier ser humano y se dispone a elegir el centro penitenciario en el que cumplirá la primera condena dictada en un fallo firme en el marco del 'caso Taula'. Una “temporadita” entre rejas, según afirmó. “¿Qué opinas de Víctor de Aldama?”, le pregunté sabiendo que desde que el otrora empresario favorito del exministro José Luis Ábalos se había librado de su estancia en la penitenciaría, el 'yonqui del dinero' habría meditado mucho sobre el citado personaje, nuevo icono de las derechas españolas. “Él sabrá, supongo que a lo mejor pactaría con el fiscal”, contestó Benavent.

El empresario Víctor de Aldama y el expolítico Marcos Benavent son la noche y el día de los arrepentidos del bipartidismo corrupto español y de las estrategias de defensa. Benavent pilló el ciclo de hegemonía del PP valenciano y ejerció como una suerte de recaudador de mordidas ante el empresariado autóctono, siempre dispuesto a rellenar el cazo del partido que controlaba la obra pública y el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana.

Situado políticamente a la vera de Alfonso Rus, grabó al menos una decena de horas de inoportunas y comprometedoras conversaciones con sus correligionarios del PP. A lo largo de la instrucción del 'caso Taula' (la pieza principal aún sigue abierta más de una década después del inicio de las diligencias) nos fuimos enterando de detalles para muy cafeteros de la actuación de Marcos Benavent. Empezó grabando con un Nokia (cómodo terminal telefónico que retrataría toda una época en una escena de cualquier serie o película). Nunca nadie del PP provincial de Valencia pilló al simpático personaje grabando (seguramente a nadie se le pasó por la cabeza que su interlocutor cometiera tamaña temeridad, a tenor del tema principal de la conversación: el saqueo al erario). ¿Por qué lo hizo? Quizá como un seguro ante eventuales deudas o navajazos internos. Vaya usted a saber.

Lo cierto es que los audios se quedaron en un ordenador en casa de su exsuegro, el empresario Mariano López, otro personaje digno de cualquier buena trama a la valenciana. Tras un traumático divorcio de su hija con Benavent, el exsuegro puso las grabaciones en manos de la única diputada provincial que le daba caña a Rus: Rosa Pérez Garijo, de Esquerra Unida del País Valencià. Lo hizo, según ha reconocido varias veces, por venganza pura y dura.

Sin la denuncia ante la Fiscalía Anticorrupción de Pérez Garijo, el PP de la provincia de Valencia podría haber seguido a lo suyo otra década tranquilamente. Los últimos días en el poder en la Diputación de Valencia de Alfonso Rus y sus asociados figuran narrados en una excelente obra de teatro sin estrenar (supervisada por el 'yonqui del dinero', que iba a interpretarla como actor protagonista), de cuyo manuscrito inédito informó en detalle elDiario.es. Un monólogo de no ficción —ojalá algún día se estrene— que relata cómo el PP de Rus sabía perfectamente que la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil les seguía la pista.

Benavent, gerente de la empresa pública de la Diputación, puso tierra de por medio y se largó a viajar por el mundo. La aventura del protagonista por Japón, Ecuador y Holanda se pudo reconstruir gracias a la novela —por decir algo— que escribió una exnovia del 'yonqui del dinero', también a modo de vendetta. En fin, que al final Marcos Benavent volvió a España, le dio a su abogado Ramir Blasco todos los papeles que escondía de su etapa en la política y empezó a colaborar con la UCO y con Anticorrupción, llevándose por delante a medio PP de la provincia de Valencia (al menos a los cargos que más grabó, porque alguno que otro con el que tenía cierta amistad no aparece en las 10 horas de audios).

La primera vez que compareció en la Ciudad de la Justicia emergió como un antiguo pícaro jubilado de la política y renacido en el cuerpo de un místico arrepentido y se bautizó él mismo ante las cámaras como el 'yonqui del dinero', el mote que le ha acompañado desde entonces en términos mediáticos. Benavent conectó enseguida con la genealogía de personajes del imaginario colectivo de la corrupción valenciana, formada por tipos inolvidables como Alvarito Pérez El Bigotes o aquellos fulanos del PP de Rita Barberá que se fundieron el presupuesto público de la depuradora de València en prostitutas, a las que disfrazaban en la facturación en A como traductoras rumanas sin ser ellos precisamente apasionados lectores de la literatura centroeuropea.

Todo aquello, cómo no, tenía mucho de mascletà fallera. Sin embargo, detrás de los fuegos artificiales pasaban cosas importantes que solo muchos años después se han podido acreditar. Entre los papeles que guardaba Benavent y que pasaron a manos de la UCO había un documento que le había dado un empresario sirio. Unos apuntes sobre empresas mercantiles con los que Imad Al Naddaf se topó en una vivienda que había alquilado en València y cuyo inquilino anterior era nada más y nada menos que Eduardo Zaplana (el tránsito de papeles fue objeto de un abundante debate en el juicio en el que Zaplana se sentó en el banquillo de los acusados y que acabó en una severa condena).

El periodista Quico Arabí, gran conocedor de estos cenagales y mejor persona, siempre usa la metáfora del alcantarillado de la corrupción: en lo subterráneo todo está conectado, bajas a una cloaca en el barrio de l'Eixample y sales en Campanar sin haber frenado en semáforo alguno. La UCO registró el despacho del abogado de Benavent (más que un registro fue una fiesta de pijamas) e intervino las cajas con los papeles del antiguo gerente de la empresa pública Imelsa, que incluían un regalito en forma de papeles comprometedores para Eduardo Zaplana (y también para el campista Juan Cotino, enemigo íntimo en la política autonómica y socio en sonados pelotazos). La UCO se puso a investigar en secreto y, al final de la película, Zaplana fue condenado a 10 años de prisión en primera instancia (en una sentencia pendiente del recurso ante el Tribunal Supremo).

La metáfora de Arabí es plenamente correcta y está contrastada con la pura realidad. Del 'caso Taula' nació el 'caso Erial', con Eduardo Zaplana de protagonista principal; pero asimismo el 'caso Azud', que implicaba de lleno a nuevos personajes de la etapa de Rita Barberá (no solo del PP, también de la oposición del PSPV-PSOE) y tenía como actor estelar al abogado José María Corbín, cuñado de la alcaldesa.

Sabor a árbol envenenado

En fin, cuento todo este rollo porque las causas que afectaban a Zaplana, al clan Cotino y a unos cuantos empresarios importantes de la ciudad eran frutos de un árbol llamado 'caso Taula', con sus 10 horitas de audios como principal prueba. Algunos empezaron a saborear la teoría del árbol envenenado (lean esta estupenda columna de Ignacio Escolar sobre su aplicación a los últimos procedimientos judiciales). Si el recorrido por el apestoso subsuelo, linterna en mano, de los picoletos de la UCO y del fiscal Pablo Ponce dependía en origen de las grabaciones del 'yonqui del dinero', una salida limpia para una cantidad nada desdeñable de imputados en varias causas pasaba por cargarse dicha prueba.

Poca broma: a Eduardo Zaplana, gracias por arte de birlibirloque al 'caso Taula', le trincaron un espléndido botín en Andorra a nombre de testaferros, sin que el expresident de la Generalitat Valenciana, nacido en Cartagena y criado en Benidorm, tuviera a mano un avi Florenci al que recurrir en defensa de su honorabilidad como su homólogo catalán.

Toda la estrategia de colaboración de Benavent con Anticorrupción se vino abajo en 2021, cuando el Ministerio Público le pidió ocho años de prisión de cara al primer juicio del 'caso Taula' por la pieza separada J del procedimiento. Sin comerlo ni beberlo, el 'yonqui del dinero' se deshizo de su abogado inicial, contrató a uno de los penalistas más conocidos de València y se desdijo de todo lo que había declarado ante la UCO y el juez instructor.

Dicha táctica, con más pena que gloria, salió a la superficie en el juicio del 'caso Erial', en el que Benavent declaró a petición de la defensa de Zaplana, al igual que el excomisario José Manuel Villarejo. Recuerdo una escena genial, acaecida el 9 de mayo de 2024, que también presenciaron mis queridos colegas Quico Arabí y Laura Ballester. Yo, que entonces era felizmente fumador, apuraba siempre el tiempo antes de entrar a las largas vistas del juicio y llegué tarde aquel día. Afortunadamente, el tribunal de la sección cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia llegó aún más tarde y, cuando se abrió la puerta del ascensor, allí estaban los dos testigos a la entrada de la Sala Tirant de la Ciudad de la Justicia: Benavent y Villarejo, ambos quejándose al unísono del tratamiento mediático recibido.

Aproveché para dialogar con Villarejo sobre uno de los primeros jefes que tuvo en la Policía, el comisario de la Brigada Político Social Roberto Conesa, del que habíamos publicado en exclusiva su expediente inédito, con motivo del 25 aniversario de su fallecimiento (el extenso periodo que impone la normativa para poder acceder a la documentación del archivo del Ministerio del Interior). Inopinadamente, la policía política española afloró bastante en el juicio. El abogado que ejercía la defensa de Zaplana, el exfiscal anticorrupción Daniel Campos, pintó a la UCO prácticamente como una suerte de heredera de la Brigada Político Social franquista.

José Manuel Villarejo explicó ante el tribunal una película sobre una supuesta maniobra del CNI contra Zaplana. Por su parte, el primer abogado de Benavent avaló de plano el registro de su despacho, en el que los investigadores hallaron la prueba contra Zaplana. Y el 'yonqui del dinero' interpretó su nuevo papel de arrepentido de haberse arrepentido y acusó a su exletrado rojo de haberlo teledirigido contra el PP (dijo que Ramir Blasco era tan extremadamente de izquierdas que veraneaba en Corea del Norte, lo cual era cierto por otro lado). La verdad es que, como se pueden imaginar, fue un juicio agónico pero divertidísimo.

A quien fuera que se le ocurriera lo del árbol envenenado, la cosa le salió más bien mal (espero que no desembolsara demasiado dinero). En el 'caso Taula', la nueva estrategia de defensa de Benavent se centró en tratar de anular las grabaciones. Sin embargo, todas las secciones de la Audiencia de Valencia que han dictado sentencia en juicios de piezas separadas de la causa han avalado los audios. Tanto en el plano técnico y pericial como en el jurídico. Incluso la sentencia que absolvió a Marcos Benavent en una de las piezas reconoció que los audios eran plenamente válidos. El consenso ha sido total y el Tribunal Supremo avaló el pasado 26 de junio la validez de las grabaciones sonoras. Tampoco sirvió de nada que el 'yonqui del dinero' alegara que declaró ante la UCO “muy fumado” de marihuana.

“Buen verano a todos”

La sentencia del alto tribunal destinó al 'yonqui del dinero' a la prisión, tras “11 años de espera”, según destacó Benavent en su última aparición pública. A la pregunta de si se arrepentía de haber dejado de colaborar con la Fiscalía Anticorrupción, respondió: “He colaborado todo lo que he podido”. Sin embargo, las cosas no funcionan exactamente así —sobre todo si dejas de colaborar a medio camino— y la casuística de Aldama lo confirma.

Marcos Benavent, eso sí, no ha perdido el optimismo y el buen humor que le han caracterizado casi siempre: “Hay que ser positivos en la vida”, manifestó este pasado viernes después de que la sección quinta de la Audiencia de Valencia le notificara que su condena ya era firme y emplazara al reo a escoger cárcel.

Tras despedirse amigablemente de los periodistas que le hemos seguido la pista desde hace ya unos cuantos años, nos dijo: “Buenas vacaciones, buen verano a todos, que vaya bien”. Quizá el 'yonqui del dinero' explique algún día quién lo lió para tratar de tumbar la causa. Desde luego, a Marcos Benavent la cuenta le ha salido más cara que a Víctor de Aldama.