Las cinco señales de alarma de tu caldera de gas que anuncian una avería más cara y peligrosa

Además del mantenimiento periódico, hay que vigilar bien la caldera de gas

Martín Frías

13 de octubre de 2026 22:57 h

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Para millones de hogares españoles, la caldera de gas es la principal fuente de agua caliente y calefacción. Según los últimos datos sectoriales, en 2025 se vendieron 293.000 calderas murales en España, un 6,16% más que el año anterior, mientras que el parque de equipos tradicionales supera ya los 7,6 millones de viviendas.

El Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) exige revisar la caldera cada dos años en la mayoría de comunidades autónomas, y la inspección de toda la instalación de gas cada cinco años. Estas revisiones periódicas no solo para garantizar el rendimiento, sino, sobre todo, para prevenir fugas, intoxicaciones por monóxido de carbono y, aunque el riesgo es pequeño, explosiones. 

Las calderas actuales son muy seguras, pero pueden estropearse. La mayoría de las averías graves no aparecen de repente, sino que avisan con señales que, si se pasan por alto, pueden terminar en una reparación costosa o, peor aún, en un riesgo para la seguridad. Estos son los síntomas más preocupantes:

Ruidos extraños, golpes, silbidos o vibraciones

Si la caldera empieza a hacer ruidos extraños, como golpes secos, silbidos o un zumbido continuo, no es una molestia, sino una voz de alarma. Estos ruidos suelen deberse a la acumulación de aire o cal en el circuito hidráulico, a un fallo en la bomba de circulación o a un problema en el intercambiador de calor, las placas o tubos que calientan el agua. En los sistemas con radiadores de calefacción, cuando hay aire atrapado en las tuberías pueden oírse gorgoteos. Ignorar estos ruidos puede provocar sobrecalentamiento y, a medio plazo, una avería del intercambiador, una pieza que puede superar los 1.000 euros.

En la mayoría de los casos basta con purgar los radiadores y el circuito de la caldera. Con la caldera apagada, se coloca un recipiente bajo la válvula de purga de cada radiador, se abre lentamente hasta que salga agua sin aire, y se vuelve a cerrar. Después, hay que comprobar que la presión del manómetro de la caldera esté entre 1 y 1,5 bares. Si el ruido persiste, el problema puede estar en la bomba o en el intercambiador, y es necesario llamar a un técnico.

Olor a gas

Ante cualquier olor a gas en la vivienda hay que reaccionar inmediatamente, no es una avería que pueda esperar. Una fuga de gas puede provocar una intoxicación por monóxido de carbono o una explosión. Al gas natural doméstico se le añade un olor característico para que sea más detectable, pero, aun así, una fuga puede pasar desapercibida durante días.

Ante el menor indicio de olor a gas, hay que cerrar la llave general, abrir puertas y ventanas, no accionar ningún interruptor ni encender llamas, y salir de la vivienda para llamar desde fuera al servicio de urgencias de la distribuidora. La reparación de una fuga de gas no es una tarea de bricolaje, y la tiene que llevar a cabo un técnico especializado.

El agua no se calienta o la temperatura fluctúa

Cuando el agua caliente tarda más de lo normal en salir, sale fría de forma intermitente o la calefacción no alcanza la temperatura deseada, el problema suele estar en el intercambiador de calor o en la sonda de temperatura. La acumulación de cal y residuos en el intercambiador obstruye el flujo de agua y reduce la transferencia de calor, lo que obliga a la caldera a trabajar más y consumir más gas. 

Si el agua sale fría, pero la calefacción funciona, el fallo suele estar en la válvula mezcladora o en el sensor de agua caliente. Si no funciona ni el agua caliente ni la calefacción, la causa puede ser una presión insuficiente o aire en el circuito de calefacción. Antes de llamar al técnico, conviene comprobar el manómetro del circuito y, si está bajo, rellenar la instalación hasta alcanzar 1-1,5 bares.

La presión del circuito baja sola

El manómetro mide la presión del circuito de la caldera, y deberíamos mirarlo más a menudo. Si la aguja cae por debajo de 0,8 bares, incluso después de haber rellenado el circuito, quiere decir que hay una fuga en algún punto de la instalación, o el vaso de expansión ha perdido su capacidad de compensar las variaciones de presión. Esto hace que los radiadores no calienten bien, falte agua caliente y la caldera esté encendida constantemente.

La causa más habitual es una fuga en las juntas, en las válvulas o en los propios radiadores, a veces tan pequeña que no se ve a simple vista. Pero también puede ser que la membrana del vaso de expansión de la caldera esté rota, o que la válvula de seguridad esté descargando agua de forma continua. La solución no es rellenar la caldera para que suba el manómetro, sino llamar al técnico.

Llamas amarillas en lugar de azules

Si la caldera funciona bien, la llama de gas es azul y corta. Esto indica que la combustión tiene suficiente oxígeno, produce más calor y es más eficiente. Cuando se vuelve amarilla, naranja o alargada, la combustión no se está produciendo correctamente. Puede ser por una mezcla inadecuada de gas y aire, que el quemador esté sucio o que los conductos de ventilación están obstruidos. Esta es la señal potencialmente más peligrosa, porque una combustión incompleta produce monóxido de carbono, un gas incoloro e inodoro, y muy tóxico. Este es un problema para el que hay que llamar a un técnico que limpie el quemador, ajuste la relación aire-gas y verifique la ventilación. 

Mejor prevenir que reparar

En cada uno de estos casos, la diferencia entre una reparación sencilla y una avería de cientos o miles de euros, o aún peor, entre la seguridad y el riesgo, está en una llamada a un técnico. La revisión anual nos da tranquilidad, pero nunca está de más vigilar estas señales de alarma que pueden aparecer cualquier día.

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