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¿Dónde está el mayor riesgo de incendio en nuestras casas? Algunas claves para prevenirlo

La cocina es uno de los lugares de la casa donde son más frecuentes los incendios.

Martín Frías

18 de febrero de 2026 22:24 h

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De vez en cuando, pasan por nuestra ciudad los camiones de bomberos y seguimos con la vista su camino hacia un edificio del que sale una columna de humo, y entonces es cuando surge una preocupación por nuestra propia casa. Según datos de la Fundación MAPFRE y la Asociación Profesional de Técnicos de Bomberos (APTB), se produjeron cerca de 20.000 incendios en edificios de viviendas en nuestro país, con un total de 172 fallecidos. Aunque la tendencia es estable respecto a otros años, la incidencia sigue siendo preocupante. 

Si antes los incendios se originaban por estufas o braseros, en la actualidad el origen más común de los incendios en viviendas con víctimas mortales son los sistemas eléctricos, con un 41,9% de los fallecimientos. El sobrecalentamiento de electrodomésticos, las regletas sobrecargadas, los cargadores de baterías de litio y los cables en mal estado son ahora los principales causantes. Le siguen los aparatos o sistemas productores de calor, es decir, radiadores y cocinas, responsables del 20,4% de las víctimas, y el hábito de fumar, que está detrás del 14% de los fallecidos en incendios, según el informe mencionado. 

Qué arde en un piso

Si queremos protegernos, el primer paso es hacer una inspección de nuestro espacio y saber dónde están los riesgos. Las viviendas actuales, especialmente las reformadas en las últimas décadas, pueden estar llenas de lo que los expertos denominan “carga de combustible”. 

Esto no se refiere a la mayoría de los materiales de construcción estructurales. El hormigón, el ladrillo y el yeso, así como las ventanas de vidrio actuales y el aluminio, son materiales ignífugos. Los paneles de cartón yeso, el famoso pladur, usado en tabiques interiores, es muy resistente al fuego.

Sin embargo, otros materiales utilizados en recubrimientos no ofrecen la misma seguridad. Un ejemplo fue el incendio de la fachada de un edificio en València en 2024 en el que el aislamiento de la fachada, con aluminio y una capa aislante, ardió rápidamente, rompió las ventanas y se propagó al interior de las casas.  

Ya dentro de la casa, la cantidad de combustible es aún mayor. Podría parecer que los suelos de parquet representan un gran riesgo, pero, aunque la madera es un material combustible, el parquet moderno tiene buena resistencia al fuego por su densidad y los tratamientos aplicados. Los muebles de tablero de partículas (la mayoría hoy en día), los sofás de espuma sintética, las colchonetas, la ropa de poliéster y, por supuesto, los plásticos de televisiones, ordenadores y pequeños electrodomésticos, son los que crean un entorno donde el fuego, una vez iniciado, puede propagarse rápidamente. Se suman a esto productos de limpieza, aerosoles, pinturas y esmaltes y otros productos domésticos que son muy combustibles.

Cómo prevenir los incendios en casa

La estrategia más efectiva para protegerse del fuego es la detección. Instalar detectores de humo en pasillos, salones y, muy importante, en los dormitorios, parece una medida lógica. Sin embargo, el informe de Mapfre indica que solo uno de cada cuatro hogares en España tiene instalados estos dispositivos.

Según el Código Técnico de la Edificación, en España, los detectores de humo no son obligatorios con carácter general en todas las viviendas particulares, aunque sí se exigen en construcciones nuevas y en algunas localidades, como Valladolid. Según el Observatorio de la Prevención de Riesgos y Accidentes (OPRA), la instalación de detectores podría reducir en un 25% las muertes por incendio. 

Una vez instalados, los detectores requieren mantenimiento. Hay que probarlos mensualmente y cambiar las baterías cada año, siguiendo las recomendaciones de los fabricantes y las agencias gubernamentales, además de remplazarlos cada 10 años. 

La cocina es el 'corazón' de la casa, pero también el lugar con mayor riesgo de incendio, así que la prevención pasa por la supervisión constante. Nunca se debe dejar una sartén con aceite hirviendo sin vigilancia. Es recomendable tener siempre cerca una tapa metálica para ahogar las llamas de una sartén (nunca usar agua) y un extintor pequeño de polvo polivalente o, mejor aún, una manta ignífuga, que es más limpia y fácil de usar.

En el resto de la casa, una instalación eléctrica en buen estado es la mejor protección. Conviene evitar las regletas encadenadas, donde varios dispositivos de alta potencia se conectan a una sola toma de corriente, ya que aquí es donde aparece el riesgo de sobrecalentamiento, chispas y fuego. 

Las baterías de litio de los móviles y otros dispositivos electrónicos también suponen un riesgo, a menudo poco conocido. El principal es el llamado “desbocamiento térmico” (thermal runaway), una reacción en cadena donde los golpes, sobrecargas o defectos llevan al sobrecalentamiento, llamas e incluso la explosión de la batería. Es el principal motivo por el que las aerolíneas no permiten facturar equipaje con baterías. El fuego es difícil de extinguir y puede alcanzar temperaturas muy altas.

Otra estrategia para protegerse de los incendios es la compartimentación. Con las puertas abiertas, un incendio en la cocina se puede propagar rápidamente al resto de las estancias. Dormir con la puerta de la habitación cerrada es una medida sencilla que puede salvar vidas. Igualmente, la regulación en las construcciones modernas obliga a que haya puertas antiincendios en todas las plantas para que un fuego no se propague a otros pisos, y estas puertas deben permanecer cerradas. 

Tanto a la hora de hacer una reforma como al comprar nuestros muebles y enseres podemos tomar decisiones que nos protegen. Si buscamos materiales ignífugos o con tratamiento antiincendios, evitamos los textiles sintéticos, los plásticos, y nos aseguramos de que los rellenos, como la espuma del sillón o el colchón, sean a prueba de fuego, puede que gastemos un poco más, pero estaremos mucho más seguros. 

No hay que olvidar que en un incendio las víctimas mortales se producen en su mayoría por asfixia por inhalación de humo, no por las llamas. La clave es ganar el mayor tiempo posible para evacuar el edificio lo antes posible, ya que unos pocos minutos pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

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