Cuando estar rodeado de gente no es suficiente para no sentirnos solos: “Compartimos espacios pero no vínculos profundos”

¿Alguna vez te has encontrado rodeado de gente y, aun así, sentir una profunda soledad? La soledad es una emoción compleja que puede invadir nuestras vidas incluso cuando estamos rodeados de amigos y seres queridos. Es un sentimiento que, en algunos casos, va más allá de la presencia física y puede provenir de diversos factores. Este estado emocional implica sentirse desconectado, incomprendido o sin conexiones profundas y significativas con los demás. La psicóloga Ana García Rey nos ayuda a entender un poco más sobre esta emoción y nos explica qué podemos hacer para sentirnos más conectados con los demás. 

¿Cómo alguien puede sentirse solo incluso en compañía de amigos y familiares? ¿Y cómo puede otra persona, con pocas relaciones cercanas, sentirse pleno y feliz? Una de las claves es comprender la soledad para reconocer que ésta no depende solo de la cantidad de amigos y de las interacciones sociales que tengamos. Más allá de la cantidad, debemos prestar atención a la calidad de esas relaciones y al nivel de conexión emocional que experimentamos. La soledad puede hacer acto de presencia incluso si, pese a estar rodeados de gente, nos sentimos ignorados, infravalorados o incomprendidos.

Entendiendo la soledad

“Este tipo de soledad aparece cuando, aunque haya personas alrededor, la percepción es que existe una distancia emocional o una desconexión con los demás, es decir, depende de cómo nos sentimos en relación con los demás y con nosotros mismos”, afirma García. Un estudio publicado en Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology arroja luz sobre qué hace que una persona se sienta sola y concluye que la soledad está relacionada con la calidad de las relaciones personales, no con la cantidad de personas que tengamos en nuestra vida. 

“Muchas veces compartimos espacios como el trabajo o la casa pero no vivencias internas o vínculos profundos. Esto es debido a que la rutina, las prisas o las relaciones superficiales dificultan la intimidad”, afirma García. Pero hay más factores por los que podemos sentirnos solo, aunque compartamos espacios con otras personas. Según García, hablaríamos de:

  • Sensación de no poder mostrarnos de forma natural o genuina: para la experta, “cuando falta esa sintonía emocional surge una sensación interna de vacío, y ahí es cuando la presencia de otras personas no logra llenar ese hueco”. Por tanto, el sentimiento de soledad tendría que ver más en “cómo se vive el vínculo que con el número de personas cercanas”, admite García.
  • Falta de reciprocidad emocional, de interés o de apoyo: esto puede generar “una sensación interna de aislamiento con los demás”, afirma García.
  • Sentir que ocupamos un lugar secundario en la vida de los demás: este sentimiento tiene más que ver con la sensación de que “no se es una prioridad y, por tanto, las expectativas de lo que se espera de las relaciones terminan distando mucho de lo que realmente recibe de las personas”, admite García. 
  • Desconexión con uno mismo: en este sentido, la experta habla de la “dificultad para expresar lo que sentimos o pensar en tener que encajar, adaptándonos en exceso y no pudiendo mostrarnos tal como somos”. 
  • Experiencias previas de rechazo, de incomprensión o de falta de disponibilidad afectiva en la infancia: es decir, los “apegos inseguros y vínculos inconsistentes, así como momentos vitales de crisis existenciales o de cambios importantes pueden intensificar también esta vivencia personal. Así, la soledad se instala incluso en compañía física”, afirma García. 

Cómo nos afecta este sentimiento de soledad

De acuerdo con el informe de la Comisión sobre Conexión Social de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada seis personas en el mundo se ve afectada por la soledad, con importantes repercusiones en la salud y el bienestar. Según el informe, las conexiones sociales sólidas pueden contribuir a una mejor salud y una vida más larga. Pero, ¿cómo puede afectarnos este sentimiento de soledad a la larga? ¿Cuáles son los efectos de la soledad?

“El sentimiento percibido de soledad sostenido puede generar un desgaste emocional importante”, advierte García ya que “afecta al estado de ánimo, disminuye la motivación y puede hacer que la persona se sienta invisible o poco valiosa, pudiendo llegar a pensar incluso ‘si desaparecieses, no pasaría nada’”. Si esto perdura en el tiempo, las consecuencias pueden ir más allá. 

Como reconoce García, “pueden aumentar los pensamientos negativos rumiativos, la ansiedad y la autocrítica destructiva, favoreciendo la tendencia al aislamiento social”. Igualmente preocupantes son los efectos de la soledad en la “seguridad de la persona ya que merma su autoestima y su forma de relacionarse, puede aparecer miedo al rechazo o a no ser suficiente, lo que acaba minando también la asertividad de la persona”, explica García.

Los efectos de la soledad pueden ir mucho más allá. Estudio tras estudio demuestran que la falta de conexión social influye de manera negativa en los comportamientos alimentarios y en el estado nutricional. Como reconoce García, “en algunos casos repercute negativamente en el sueño y el apetito, generando fatiga o cansancio físico y mental”. 

¿Podría establecerse una relación entre la soledad y la depresión? Como matiza García, “sentirse solo no implica necesariamente estar deprimido; para poder diagnosticar un trastorno depresivo mayor se deben cumplir una serie de criterios diagnósticos clínicos entre los que no se encuentra la soledad, aunque puede ser un factor de riesgo y/o correlacionar”.

Debemos tener en cuenta que, como admite la especialista, “en la depresión, la soledad suele ir unida a pérdida de interés, apatía y sensación de desconexión general, pero hay personas que se sienten solas sin cumplir criterios depresivos”. Para García, “la clave está en la intensidad, la duración y el impacto en la vida de la persona, en ver cómo interfiere en su día a día”. 

Para la experta, “cuando la soledad se vuelve intensa o persistente, es aconsejable el trabajo con un profesional de la salud mental”.

Qué podemos hacer para superar el sentimiento de soledad

Cuando nos sentimos solos puede ser tentador “hundirse” aún más en ella. Puede parecer la opción más fácil, sobre todo en comparación con la de pedir ayuda o decir y reconocer lo que de verdad pensamos. Pero nada más lejos de la realidad. La primera acción que debemos ejecutar cuando nos invade este sentimiento es “reconocer dicha percepción como una señal de que algo no va bien y necesita ser revisado, sin juzgarla ni intentar taparla de cualquier forma”, aconseja García. 

Evitar o ignorar la soledad significa que no estamos reconociendo nuestros sentimientos y, por tanto, no podemos hacer nada para superarla. Para García, “conectar o hacer introspección con uno mismo, entender qué se necesita emocionalmente y permitirse apoyo es fundamental”. 

Conectar con amigos o familiares, o personas que nos hacen sentir queridas, es otra de las claves para superar la soledad. “Y no se trata de cantidad y de tener más relaciones, sino de buscar vínculos más auténticos”, afirma García. El trabajo personal, cuidarnos a nosotros mismos y hacer algo que nos guste también ayuda: parece sencillo, pero a veces olvidamos la importancia de cuidarnos y hacer cosas que refuercen nuestra autoestima.