La psicóloga Alicia León explica cómo entender el miedo: “Es un signo de que nuestro organismo funciona como debe”

Es normal sentir miedo y, como la ira o la tristeza, también tiene una función.

Marta Chavarrías

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Es desagradable y luchamos para evitarlo. Sin embargo, el miedo es un componente importante de la existencia humana. Todos hemos experimentado miedo en algún momento de nuestra vida. Por tanto, es normal sentir miedo e, igual que otras emociones universales como la ira o la tristeza, tiene una función. Y no es una señal de debilidad ni de cobardía.

Esta emoción nos advierte de que debemos ser cautelosos en situaciones peligrosas o indica cuándo hemos llegado a nuestros límites y necesitamos pedir ayuda. Más que evitarlo o deshacernos de él, la clave está en permitirnos sentirlos en determinadas situaciones y en saber gestionarlo.

¿Qué es el miedo? ¿Es normal sentir miedo?

“El miedo es una emoción biológica, innata y universal que, como cualquier otra, necesita ser acogida, escuchada y sentir que tiene espacio, aunque resulte desagradable”, explica Alicia León Camino, psicóloga en Alcea Psicología. Y, aunque a menudo nos referimos a ella como algo 'malo', lo cierto es que en términos psicológicos no hay “emociones ‘buenas’ o malas’, sino emociones agradables y desagradables. El miedo forma parte de ese grupo de emociones que quizás no disfrutamos, pero que cumple una función esencial”, matiza León.

Una particularidad del miedo es que, si bien es una emoción universal, puede estar provocada por una enorme variedad de situaciones que difieren de una persona a otra. Es decir, no todo el mundo le teme a lo mismo. Una persona puede sentirse ansiosa por estar a solas en la oscuridad; otra tiene miedo de hablar en público; algunas pueden tener miedo a las alturas. Sin embargo, para otras esto puede que no les preocupe en absoluto.

Sea cual sea el motivo que esté detrás de esta emoción, es clave saber que sentir miedo es una experiencia humana normal, todos tenemos algo que nos provoca que se nos acelere el corazón o hace que nos suden las manos. Como explica León, “esta emoción nos impulsa a la acción y nos avisa cuando percibimos una amenaza, es una señal del sistema nervioso para ayudarnos a reaccionar de forma rápida ante el entorno”. Por tanto, y como concluye la especialista, “es absolutamente normal sentir miedo; es más, sentir miedo es un signo de que nuestro organismo está funcionado como debe”.

Cuándo el miedo se convierte en un problema

Si no tuviéramos miedo a suspender un examen, no nos sentaríamos a estudiar. O si no tuviéramos miedo a que nos atropellara un coche, no miraríamos a ambos lados antes de cruzar la calle. Es saludable tener miedo. Pero también puede convertirse en un problema cuando es excesivo. Entonces se convierte en una contrariedad e interfiere en nuestra vida normal. Como explica León, “el miedo se convierte en un problema cuando ese sistema de alarma tan útil se encuentra alterado o sobreactivado”.

Y esto ocurre sobre todo cuando “por aprendizaje, a raíz de experiencias pasadas, nuestro sistema nervioso empieza a generalizar la respuesta de miedo y la alarma interna permanece encendida más tiempo del que nos ayuda y se vuelve difícil distinguir entre lo que es peligroso y lo que no lo es”, advierte León.

Entonces, ¿qué podemos hacer para lidiar con el miedo? ¿Es mejor evitarlo para no tener que enfrentarnos a él? Nada más lejos de la realidad: enfrentarnos al miedo es la única manera de superarlo, ya que evitar las preocupaciones no nos ayuda a avanzar.

Así lo reconoce León, según la cual “cuando intentamos evitar el miedo, sentirlo o taparlo, también empeora: la evitación es el gran enemigo de la regulación emocional”. Por tanto, si no escuchamos el miedo, “suele regresar con más fuerza y empieza a expresarse a través de síntomas físicos, emocionales o conductuales, hasta interferir en nuestro día a día”, advierte León.

Cómo aprender a convivir con el miedo

El miedo suele perder parte de su poder cuando lo identificamos y cuando aprendemos sobre él. No podemos superar un miedo que permanece oculto, debemos afrontarlo y tomar consciencia de ello. Para León, la clave para lidiar con el miedo “no está en eliminarlo, sino en aprender a relacionarnos con él de una forma más amable y consciente”. ¿Cómo lo conseguimos? León nos da una serie de estrategias:

Escuchar el miedo con curiosidad, no con juicio:

Preguntarnos por qué ha aparecido, qué es lo que lo ha activado y si se trata de una amenaza real o si, por el contrario, es una ‘falsa alarma’. Debemos analizar por qué tenemos miedo y qué necesitamos para no tenerlo. Podemos dividirlo en pequeños pasos que se ajusten a nuestro nivel de comodidad con el cambio.

Prestar atención a nuestra reacción corporal y emocional para poder regularla mejor:

No huir de lo que nos asusta, sino acercarnos poco a poco desde la seguridad. Lo peor que podemos hacer es ignorarlo. Si nos parece demasiado, simplemente reflexionamos sin exigir cambios y ya les dedicaremos tiempo más adelante.

Nombrarlo y darle espacio, en lugar de empujarlo hacia abajo y negarlo:

¿Cuándo deberíamos pedir ayuda? Para León, sería necesario pedir ayuda cuando “el miedo empieza a limitar actividades o decisiones importantes; interfiere en las relaciones, en el trabajo o en el bienestar; aparece de forma persistente o sin causa aparente; o sentimos que no podemos regularlo solos sin evitación o sufrimiento”.

Debemos tener presente que “buscar acompañamiento psicológico no es signo de debilidad, sino una forma inteligente y muy valiente de entrenar nuevas maneras de relacionarnos con nuestro sistema emocional y con nosotros mismos”, concluye León.

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