Anupama Kundoo, arquitecta: “Ahorrar tiempo en arquitectura supone construir con menor cuidado y conciencia”
La obra de la arquitecta india Anupama Kundoo (Pune, 1967) alcanza prestigio planetario por una trayectoria empujada a base de tesón en la intimidad de una vocación por lograr casas asequibles para las personas. No fue fácil. A los 23 años, exploró los límites de la precariedad habitacional fabricándose con palos la choza Hut in Petite Ferme (1990) cerca de Pondicherry, en Auroville, la ciudad experimental franco india que contribuyó a investigar y expandir con obra suya. En 2000, la cambió por su obra maestra, su vivienda artesanal Wall House.
El museo ICO en Madrid presenta Anupama Kundoo: Construyendo conocimiento, una retrospectiva de la que Kundoo es comisaria y autora del montaje expositivo y del catálogo, primero de los libros que exploran a fondo su trabajo con textos escritos para convencernos, con poética llaneza, de las bondades de la arquitectura hecha a mano que practica desde su titulación en Bombay en 1989. En la planta baja, Anupama ha situado sus proyectos y, en la alta, las que llama “raíces de su arquitectura”, entre herramientas, materiales, colorantes, conchas, semillas..., coleccionadas por una autora que considera arquitectura con materia además de ideas.
El trabajo de Anupama Kundoo evoca la obra minuciosa de un artesano de la joyería con manos gigantes para la arquitectura. Se explica de corazón, expresiva, saltando de la dulzura a la vehemencia con la velocidad del rayo. Habla con claridad en inglés trufado de palabras en castellano, lengua en la que se aventura tras haber pasado varios años en Madrid con la familia que ha creado con el arquitecto Luis Feduchi. Ahora, vive y trabaja alternando Pondicherry, en India, y Berlín, donde se doctoró en 2008 en la Technische Universität y dirige desde su cátedra el departamento de Arquitectura y Métodos de Diseño.
¿Qué valores aporta, a su vida y obra, haber nacido en India?
No tienen que ver con la nostalgia ni con mirar atrás, sino con el yoga y la evolución a través de la conciencia propia y la colectiva, estar presente y prestar atención, hallar el propósito de tu acción, el karma, ser consciente de tus actos, con responsabilidad porque es muy difícil deshacer los errores que cometas. Además, nuestra propia materialidad y el mundo material en el que operamos nos recuerdan que todo se origina en otras fuerzas que poseen otras energías y movimientos invisibles que actúan como la fuerza impulsora y la vital que hace que las cosas se muevan.
A menudo se refiere al concepto de tiempo, ¿cómo influye en arquitectura?
En tres aspectos. En primer lugar, en el uso del espacio. Lo ocupamos, y necesitamos pasar nuestro tiempo en él. Y tenemos que darnos cuenta de que el espacio cambia a lo largo del día con el movimiento del sol, cambia en las estaciones y se modifica según nuestras necesidades, que cambian con el tiempo. Lo que necesitas de bebé, adolescente, adulto o anciano también cambia. Así que, aunque la arquitectura sea estática, tiene que servir a una vida dinámicamente cambiante de los usuarios a lo largo del tiempo y frente al entorno externo.
En segundo lugar...
Influye en la producción de la arquitectura actual, al ahorrar tiempo en el modo en que los artesanos participan. ¡El tiempo es oro!, dejemos que sean reemplazados por máquinas, ¡vayamos cada vez más rápido!, se dice. Pero no veo pruebas de que lo ahorremos, sino de que marginamos al ser humano por discursos incorrectos. Acarrean construir con menor cuidado, conocimiento y conciencia lo que afecta a la calidad de una arquitectura que, por cierto, no se produce fácilmente y también es muy cara. Y, si los operarios dejan de poner sus manos en las obras, olvidarán cómo reparar, mantener y cuidar los edificios.
Y, por último...
En tercer lugar, el tiempo influye por completo en la vida útil de la arquitectura. Debemos responder de manera diferente a las estructuras efímeras, a las que serán útiles durante un período, y a las permanentes. En el contexto del proyecto, además del lugar y el emplazamiento, hay que considerar el plazo de duración.
Limitar el uso de las manos, ¿recorta el alcance de la mente? ¿Debemos hacer nuestras cosas por nosotros mismos?
No creo que haya que ser autosuficiente. Nuestras manos son ‘manos que piensan’. Tienen su propia inteligencia y conciencia, y están conectadas con nuestros sentimientos. Nos permiten tocar, percibir y sentir. Y, no creo que, porque existan nuevas tecnologías, tengan que perder su lugar en la producción y en el disfrute de cosas. Lo que hacemos, nos hace. A través de nuestras manos aprendemos y moldeamos nuestra mente y nuestra alma. Sería una lástima no permitir que las manos participaran en nuestras vidas.
¿Participa en las obras con las suyas propias?
No, soy de la vieja escuela, de esos arquitectos que están muy presentes en obra y en el proceso de construcción. Así sé que estoy conectada con los detalles, desafíos y oportunidades a los que se enfrentan los artesanos que las hacen. No necesito participar físicamente, conozco a personas que construyen mejor que yo. Creo en cumplir con mi rol y dejar a ellos el suyo. Siento nostalgia por los oficios perdidos en España. Su arquitectura ¿ha sido posible por la existencia en India de mano de obra artesanal?
Allí también se pierde. Es una lástima y para evitarlo hago un gran esfuerzo en incorporar a los artesanos en obra. Por eso he ido acumulando este tipo de proyectos. Destino gran parte del dinero a la mano de obra artesanal en vez de gastarlo en materiales industriales de grandes cadenas que generan problemas ambientales. No es sostenible. Busco cualquier material abundante a nivel local. Con la desaparición de los artesanos se va a perder el conocimiento de cómo utilizar esos materiales y la capacidad de saber cuáles de los que hay por ahí son realmente de construcción.
Sus dos viviendas propias en Auroville se abren a la luz y la intemperie. ¿Qué significan en su vida?
La Hut Petite Ferme representa mi juventud, al comenzar a trabajar. No buscaba nada para siempre. Intentaba cuestionar cuánto de permanente debería ser una casa y qué sería lo mínimo necesario para estar segura y protegida. La Wall House la construí después, cuando tuve claro que me quedaría en Auroville. Más que una casa fue un laboratorio que involucraba materiales y artesanos locales a pesar de ser contemporánea. Allí di los primeros pasos en la idea de la construcción del conocimiento, que es el título de la exposición.
Nuestros ancestros iban andando. Ahora, ¿vamos demasiado deprisa de un lugar a otro? ¿Afecta a la arquitectura?
Sí, el automóvil individual le ha quitado mucha calidad de la arquitectura. Hay ruido, contaminación, y la ilusión de poder ir rápido hace que gastemos más tiempo. Al tener coche, distanciamos la residencia del lugar de trabajo. Al final, consumimos más energía. Sin coches, caminas, los niños cruzan la calle, la gente se encuentra y hay intimidad y seguridad. Auroville fue planificada por el arquitecto parisino Roger Anger como una ciudad ideal para el peatón, con el coche en la periferia y al mínimo.
La exposición coincide con el Año Dual España-India de la Cultura, el Turismo y la IA. ¿Por qué hacemos turismo?
A la gente le gusta viajar porque siente curiosidad por los demás, por la diversidad del planeta, y por lo que tenemos en común. No creo que el turismo sea algo malo, es una de las mejores formas de aprender y desarrollarse. Ayuda a que la gente se conecte entre sí y puede conducir a la armonía y al entendimiento internacional. Sus efectos negativos se pueden gestionar si detrás no está solo el motor económico.
Emociona su trayectoria vital, yendo de Pune a Bombay, Auroville, Berlín, Londres, Ahmedabad, Brisbane, Nueva York, Barcelona, Madrid...
Mis padres se fueron de Bengala a Pune por motivos políticos. El país se dividió, y tuvieron que mudarse a otra región de la India... Mis actividades se desarrollaron de tal manera que viajé. He ido a diferentes lugares como una expansión natural. El trabajo que hacía era relevante para otros y me invitaban a compartirlo. Soy feliz, allí y aquí, porque ocupo mi mente en el desarrollo de mis propios recursos y potencial.
Ha saltado de su tierra natal a ser ciudadana del mundo. Tener el planeta por casa, ¿ayuda a alcanzar el conocimiento?
En mi caso, sin viajar aún, estaba convencida de que tenemos más en común que diferencias. Somos Homo sapiens, no tan distintos por la tierra y las raíces de cada uno. Estamos adaptados a un clima y una cultura, y, simplemente, en nuestros propios caminos. Por esta actitud, donde fuera encontré personas que me entendían a cambio. Incluso la resonancia que percibí sentía usted con mi exposición, tiene que ver con quién soy más que con viajar. He vivido en Australia, Europa, Asia, y tenemos todos el mismo tipo de problema, el humano, el de la armonía, la competencia, el conflicto, todos esos asuntos para los que no hemos podido alcanzar una meta más allá de la guerra y lograr la paz.