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Estreno de Cine

La falsa superviviente española del 11S que engañó a todo el mundo: “La sociedad necesitaba que fuera verdad”

Javier Zurro

29 de agosto de 2026 21:46 h

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El atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001 es una de las heridas fundacionales del siglo XXI. El mundo cambió radicalmente después de aquello. Todo se volvió frágil, inestable… El miedo se apoderó de todos y, para seguir adelante, hacía falta que alguien nos cogiera de la mano. En momentos traumáticos, son las historias, los cuentos, los que hacen esa labor para, si no sanar la herida, al menos hacer que escueza menos. La humanidad cuenta relatos para avanzar, para autoconvencerse en una realidad que es insostenible e incomprensible.

Quizás eso es lo que pasó al colectivo de víctimas del 11S cuando decidió creer la historia de Tania Head, aquella superviviente que consiguió escapar desde el piso 78 de la segunda torre, que perdió a su marido con el que estaba a punto de casarse porque trabajaba en el edificio de enfrente y que se convirtió en la líder de aquel grupo que luchaba para que se les hiciera caso y se les tuviera en cuenta. Su historia era bastante inverosímil pero, ¿acaso era verosímil que un avión se estrellara contra un edificio del centro de Nueva York?

Tania Head les cogió a todos de la mano, les unió y les hizo pelear por sus derechos como víctimas así como a avanzar de forma colectiva en la curación de su trauma. Solo había un problema, ella nunca había estado en ninguna torre. Ni siquiera había estado en Nueva York. Pero había más, su nombre no era Tania Head, sino Alicia Esteve. Una barcelonesa de una familia rica y conocida de la ciudad catalana que construyó una máscara incomprensible para muchos. Head, o Esteve, fue descubierta cerca del décimo aniversario del atentado por The New York Times y su identidad revelada por el periódico español La Vanguardia.

Una historia que recuerda a la de otros ‘timadores’ profesionales como Enric Marco. Ambos tienen algo en común: no se lucraron con su mentira. Nunca se llevaron ni un duro y sirvieron como si realmente fueran una víctima más. Como si ayudar a aquella gente, aunque fuera contándoles una historia que no era cierta, fuera lo que les llenaba en la vida. Head logró un poder dentro del mundo post 11S inusual. Era la que hacía los mejores tours de las víctimas, la que podía llamar directamente al alcalde de Nueva York para quejarse de que no les hubieran invitado a un homenaje… En definitiva, era una líder que basaba todo en la construcción de un personaje.

Una vez descubierta su mentira, Alicia Esteve desapareció. Muchos creyeron, incluso, que se había suicidado. Cuando se van a cumplir 25 años del atentado, el cineasta Kike Maíllo recupera esta historia real que supera cualquier ficción en La superviviente, un documental que busca entender por qué lo hizo, más que jugar al morbo de dónde está ahora. Esteve no se suicidó, pero desapareció. La misma sociedad que la aupó la crucificó. Maíllo toma una decisión importante en su documental: aunque todo lo que se escucha es real, y lo dijo o escribió Esteve, contrata a una actriz y la caracteriza para decirlo. ¿El motivo? Respetar una identidad que ahora no quiere exponerse ni seguir siendo insultada.

Esa mentira aportó cosas buenas, lo que la convierte en algo más ambiguo, porque además las víctimas reconocen que sin ella no hubieran llegado a donde estuvieron

Maíllo habla, sobre todo, con supervivientes reales que conocieron a Tania Head y que sufrieron la decepción de la realidad. Casi todos confiesan que la han perdonado y reconocen que, sin ella, la asociación no hubiera tenido la repercusión que tuvo. Puede que ni hubiera salido adelante. El hecho de que Head no se hubiera lucrado fue fundamental para que el cineasta se involucrara, porque cree que “esa mentira aportó cosas buenas, lo que la convierte en algo más ambiguo, porque además las víctimas reconocen que sin ella no hubieran llegado a donde estuvieron, ella fue el motor de la asociación”.

Cuenta que no conocía la historia y que fue al conocer al guionista, Markos Goikolea, que preparaba una serie de ficción basada en esta historia, cuando le propone hacer un documental. Maíllo venía de rodar Oswald, el falsificador, otro trabajo de no ficción que entronca con La superviviente, ya que ambos hablan de personajes que construyen una máscara. “La sociedad acepta la máscara. Incluso la necesita, porque necesita que esa historia, que es mentira, pase por verdad. Necesitaban que Tania se convirtiera en una heroína. Las sociedades necesitamos de ese mito, del mito de la superación”, reflexiona y añade que “todos construimos una máscara, pero en el mundo de las redes sociales ya es descaradísimo”

La película habla, también, del poder de contar historias. Y de cómo se cuentan estas. Ese salto de fe ante lo inverosímil que damos como espectadores en el cine, cuando leemos un libro, pero también en la vida real, donde muchas veces se prefiere creer en una historia tan bien contada y tan potente como la de Tania Head. Una vida donde, además, “la mentira ha dejado de ser algo que cristaliza en un pecado gigantesco como pasaba en las sociedades anglosajonas hace 40 o 50 años”. “La mentira es una moneda de cambio y lo importante es si te hago sentir bien como espectador con la mentira, si me acerco a ti desde el punto de vista político o de opinión con esta mentira. Al final estamos en un mundo en el que cada vez más deseamos creer una cosa y vamos a buscar las cosas. Esa es la fuente del algoritmo. Las cosas que todo el rato nos explican que lo que nosotros creemos es verdad”, opina Kike Maíllo.

El director defiende su decisión de representar a la protagonista y no usar su voz ni su rostro. Siempre pensaron que sería interesante mostrar a alguien representando a otra persona que, a su vez, también interpretaba un papel. Según fueron avanzando, lo tuvieron más claro porque creían que, “de alguna manera ella, ya había pagado suficiente por todo”. “No somos periodistas, no tenemos ninguna voluntad de explicar dónde trabaja y cómo le va en la actualidad, más allá de lo que tímidamente, sin caer en demasiado amarillismo, contamos en el documental. Cuando sabes en qué momento está ahora decidimos que no queríamos fastidiarle más la vida”, justifica.

La superviviente recupera un relato escrito por Tania/Alicia, donde deja entrever que aquellos momentos de su vida, liderando esa asociación, fueron felices para ella. Maíllo coincide: “Por lo que sé del personaje, creo que ese momento es el de más brillo en su vida, pero también es el momento que le crucifica el resto de vida”.