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Festival de Venecia

Robert Pattinson no es suficiente para salvar 'Primetime', una mirada banal al reality que descubría pederastas en directo

Venecia —
6 de septiembre de 2026 21:24 h

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Desde hace años, Venecia ha sacado pecho de ser el lugar donde daba comienzo la carrera por el Oscar. El certamen había logrado, con el apoyo de los estudios de Hollywood y Netflix —cuyos filmes no pueden competir en Cannes al no asegurar el estreno en salas de cine—, ser el escaparate para que los gurús de la temporada de premios calibraran las opciones de los filmes más esperados. De aquí salieron escopetadas hacia los galardones títulos como Roma, Pobres criaturas o, el año pasado, Frankenstein.

Sin embargo, esa política de flashes y glamour (normalmente esos filmes vienen acompañados de estrellas en su reparto que dan relumbrón a la alfombra roja) se ha demostrado, en varias ocasiones, inestable. La anterior vez fue en la post pandemia, cuando Hollywood no abrió el grifo lo más mínimo para permitir que sus películas vinieran (solo Nomadland, que terminó ganado el León de Oro y después el Oscar).

Pero en estos años todo ha cambiado mucho, y ahora una mala crítica en tiempos de redes sociales puede hundir un filme. O eso creen allí. Tras la debacle de Joker 2, vapuleada en Venecia, miden mucho más lo que presentan en Venecia. Este año, la gran parte de filmes que se espera que estén en los Oscar o no han llegado a tiempo o se han saltado Venecia en beneficio de citas más amables como Telluride o Toronto.

Por eso había mucho interés en ver qué ocurría con una de las pocas propuestas llegadas de un estudio de Hollywood y con una estrella como protagonista absoluto. Primetime venía con A24 como productor y Robert Pattinson dando vida a Chris Hansen, el periodista que saltó a la fama por To catch a predator, un formato en donde con cámara oculta exponía, delante de millones de telespectadores, a pederastas a los que hacían creer que acudían a ver a menores. Allí, en la casa donde les citaban, aparecía Hansen, por encima de la ley, como juez absoluto sin juicio mediante. Sacando, a cara descubierta, a los depredadores sexuales en horario de máxima audiencia.

El formato fue un éxito de espectadores, y también provocó una polémica constante debido a cómo desdibujaba cualquier límite moral. ¿Hasta qué punto un programa tiene la potestad de descubrir a esa gente?, ¿no debería ser la justicia quién lo hiciera? Para contar la historia del programa y de Hansen —y en la resaca de un documental que en España se puede ver en Prime Video sobre el mismo tema y que ha dado a conocer el show en todo el mundo— se ha colocado Lance Oppenheim, bregado en los documentales y que aquí debuta en el largo de ficción con un filme que desaprovecha todo su potencial y que, lo peor de todo, lo trata con una banalidad impropia del asunto.

A Oppenheim y al guion de Ajon Singh solo parece interesarles la historia de Hansen como crítica a los deseos de fama absoluta. Un cuento moral con el clásico 'cuidado con lo que deseas' como moraleja. No les importa en exceso, o al menos deciden no desarrollarlo, el tema que abordaba su programa. No mete los dedos en los límites morales del periodismo, en los peligros de tomarse la justicia por la mano y en cómo eso entronca con un contexto muy concreto, el post 11S donde un país decidió hacerlo.

A cambio prefiere jugar al humor negro en su retrato ácido de la ambición desmedida. Y eso queda claro cuando no solo el personaje de Hansen se obsesiona con ella, sino también los otros dos que le acompañan, su productora (Merrit Weaver) y el actor que ansía por encima de todo su carnet del sindicato de actores de Hollywood y que interpreta al señuelo como falso menor, un sorprendente Skiler Gisondo que es, de lejos, lo mejor de la función. Mejor incluso que un Robert Pattinson que demuestra que es inteligente alejándose de cualquier etiqueta que pueda caer sobre él como actor, y que está espléndido como Hansen. Pero ni su carisma ni su composición pueden salvar una película que se cree mucho más compleja de lo que es, y mucho más profunda que lo que su acercamiento realmente desvela.

Primetime reviste su banalidad con una puesta en escena resultona de estética dosmilera, llena de neones y planos retorcidos para acrecentar esa sensación de incomodidad. Hay ideas y coqueteos con el género para trasladar ese estado mental del protagonista, pero son un envoltorio para un filme que, además, tendrá que enfrentarse con la amenaza del Chris Hansen real, que ha dicho que ha comprado anuncios para proyectar antes de los pases de Primetime.

Según The Hollywood Reporter, Hansen afirma en dicho anuncio: “Ahora hay más plataformas que nunca donde se comete este perturbador delito. Únanse a nuestras investigaciones encubiertas todos los días en mi plataforma de streaming, TruBlu”. En Venecia no se vio ninguno.

Un Moretti tierno, pero menor

La otra gran apuesta vino de la mano de uno de los mejores cineastas italianos de las últimas décadas, Nanni Moretti. El autor de obras maestras como Caro diario o La habitación del hijo no pisaba Venecia desde 1989, cuando presentó Vaselina roja. Desde entonces, todos sus trabajos habían pasado por Cannes. Los tiempos de producción hicieron que su nuevo filme, Sucederá esta noche (que es una coproducción con España de la mano de BTeam e Irusoin y se rodó parte en San Sebastián), no llegara al certamen francés, por lo que el hijo pródigo ha regresado a casa.

Lo ha hecho con un filme menor dentro de una carrera apabullante, pero que contiene varias de sus señas de identidad, el humor, esa ligereza que esconde reflexiones sobre la vida y sus intrincaciones con la política (aunque aquí mucho menos presente) y los números musicales que invaden la trama para convertir todo en un estado casi mental más que en un retrato realista.

Sucederá esta noche es una adaptación de relatos de Eshkol Nevo, como ya hiciera en Tres pisos, y curiosamente ambas se colocan en eso que se podría llamar ‘obras menores’ de su filmografía. Quizás aquí se nota más porque viene de una película tan hermosa, luminosa, brillante y original como El sol del futuro. A pesar de ello Sucederá esta noche hace sonreír y calienta al espectador con su mirada a las relaciones amorosas, por las que apuesta sin fisuras en tiempos de relaciones líquidas y cinismo.

Gracias al magnetismo de Louise Garrell y Jasmine Trinca (que regresa al cine de Moretti tras La habitación del hijo) uno ve con gusto una trama sobre una pareja a la que el destino parece que quiere juntar a pesar de todo. A veces ciertas decisiones narrativas son un poco de señor de otra época —ese personaje del padre ligón—, pero también hay algo melancólico que responde al propio estado vital de Moretti, que tras sufrir un infarto en 2025 parece que acepta un estado crepuscular en su vida que se traslada a sus fotogramas.