La portada de mañana
Acceder
Europa se conjura frente a Putin
Silencio y cabezas gachas en el colegio mayor de los cánticos machistas
OPINIÓN | 'No hay vertedero moral para tanto detritus', por Esther Palomera

Las víctimas de abusos de una escuela teatral alzan la voz en el Festival de San Sebastián

Javier Zurro

San Sebastián —

0

En 2018, menos de un año después de la llegada del Me Too provocada por el caso Weinstein, nueve mujeres tuvieron el valor de presentar una denuncia contra dos de sus profesores del Aula Municipal de Teatre de Lleida que habían abusado retiradamente de ellas cuando eran adolescentes. Fueron nueve años en los que su profesor convirtió aquellas clases en una especie de secta donde convencía a las jóvenes de que eran especiales, únicas. Embaucaba a sus alumnas con ideas sobre el amor romántico y platónico para acostarse con ellas de manera sistemática; un depredador con piel de cordero. Los abusos se sucedieron durante años, mientras todos miraban hacia otro lado. 

El último San Sebastián de Carlos Boyero, el crítico de otra época que fue la peor pesadilla de los directores

Saber más

Aquellas nueve mujeres finalmente hablaron y contaron en la prensa lo que había ocurrido. Lo hacían por ellas, pero sobre todo por las que venían detrás, para que no se repitiera aquella situación de abuso de poder y abuso sexual que había marcado sus vidas y habían tardado años en reconocer. Nunca habían hablado de ello pero años después, cuando muchas de ellas coincidieron en un grupo cultural de Lleida, una sacó el tema. “No hubo dudas en esa mesa. Así que empezamos a movilizarnos super rápido, a pensar qué teníamos que hacer. Qué podíamos hacer por nosotras y por vosotras”, cuenta Aida Flix. Lo hace en el marco del Zinemaldia Festival de Cine de San Sebastián, donde se ha presentado El techo amarillo, el documental que Isabel Coixet ha hecho para poner voz y cuerpo a esas valientes. 

Mientras recuerda todo lo ocurrido, Aída no suelta la mano de Goretti Narcis, otra de las víctimas y la mujer que destapó todo años después. Reconocen que les costó asumirlo y dar la cara “por el dolor” que vivieron en aquella institución. Tuvieron que pasar 15 años para dar ese paso definitivo. “También callábamos mucho porque él siempre ha sido una persona muy sibilina, muy inteligente y porque no queríamos dañar tampoco la institución y porque en estos momentos no detectas que es un abuso. Y porque él también creaba un poco este ambiente de ‘es una cosa entre tú y yo, eres muy importante y eres la más importante dentro del grupo’. Te hacía sentir especial. Esta manipulación te hace entender que tú estás viviendo una historia romántica, pero con una persona mayor que tú y que tiene el poder sobre ti porque es tu profesor, y te das cuenta de que no eres la única, que hay muchas más. Creo que el Me Too fue lo que nos hizo el clic y nos hizo ver que lo que estábamos viviendo era abuso de poder y abuso sexual”, analizan estas dos mujeres.

Isabel Coixet se sintió interpelada cuando leyó el reportaje del diario Ara y contactó con los periodistas que lo habían contado. No sabía por qué, si era para hacer una ficción, por curiosidad… pero se reunió con ellos. “Yo me reúno con mucha gente para cosas que muchas veces no salen, pero en esto había algo que me tocó especialmente porque me parecía que, además, hablaba sobre qué es el consentimiento y sobre qué nos pasa muchas veces a las mujeres en la cabeza con esto. Y sobre cómo muchos hombres son depredadores. También sobre qué pasa con la gelatina esta de ‘soy especial’, ‘esto es amor’… me parecía importante”, cuenta Coixet que, en su trabajo, analiza cómo el amor romántico crea un poso en muchas jóvenes que es utilizado por abusadores.

Cuando escuchó a estas mujeres, tuvo claro que no sería una ficción y que tampoco le hacían falta escenificaciones, ni voces en off. Eran ellas, las que debían contar su historia, que aquellas palabras de un periódico tomaran dimensión física en sus voces y cuerpos. “Yo he entrevistado a muchas, muchas, muchas mujeres en mi vida y muchos hombres, y cuando alguien me la quiere colar, es que lo noto. Cuando alguien sobreactúa, exagera, es que lo siento. Y con ellas no me cupo ninguna duda: había algo de verdad, de honestidad. Me dije, quiero contarlo pero no sabía muy bien cómo”, cuenta. 

Pronto se encontró con una dificultad: tenía a las protagonistas, pero no tenía ninguna imagen documental que acompañara lo que ellas contaban, que cuando ellas explicaban que era como una secta la gente entendiera qué ocurría dentro de esas cuatro paredes. La solución llegó en forma de un teléfono Nokia de uno de los chicos del grupo, donde se encontraban muchos vídeos que han sido fundamentales para el documental y que hace que uno entienda cómo ocurrió todo, las dinámicas que se crearon para conseguir sus objetivos.

Estamos viviendo también un momento donde es verdad que se cuentan muchas historias de mujeres y yo reconozco que estoy hasta los ovarios de mujeres llorando

Los abusos eran un tema inflamable para un documental, y Coixet temía que su trabajo pudiera sentimentalizarse, por lo que su trabajo ha consistido en “quitar cosas”. “No quería el morbo, me interesan cero las lágrimas. No hay. Creo que estamos viviendo también un momento donde es verdad que se cuentan muchas historias de mujeres y yo reconozco que estoy hasta los ovarios de mujeres llorando. Me pasó viendo Blonde [la película sobre Marilyn Monroe]. No puedo ser una mujer que se pasa el 80% de la película llorando. Lo siento. Y no me parece una mala película, pero hay algo ahí que no. Yo creo que las lágrimas a las mujeres nos vuelven a situar en un lugar que no es en el que tenemos que tener”, dice con contundencia. La directora reflexiona sobre por qué el Me Too no ha llegado al cine español, algo que se ha preguntado muchas veces. Cree que tiene que ver con que “es una industria precaria” en la que la gente “tiene miedo a decir algo y que nadie te vuelva a llamar”. 

El documental termina con una imagen desoladora: el abusador trabajando sin problemas en un teatro brasileño. La muestra más rotunda de que la cultura de la cancelación no existe ni para un abusador que, encima, se llevó una indemnización por despido del aula de teatro. Una situación que enfada a sus víctimas, que esperan que este documental sirva para algo, por ejemplo para que cambie la ley de prescripción. Todos sus casos habían prescrito y no se pudo hacer nada al respecto. “Sí que es cierto que Fiscalía nos creyó y el caso sigue abierto. Si ahora mismo hubieran chicas que quisieran denunciar, se reabrirá el caso. Que es lo que nos gustaría, eso y apartarlo de la docencia”, añade.

En 2018, menos de un año después de la llegada del Me Too provocada por el caso Weinstein, nueve mujeres tuvieron el valor de presentar una denuncia contra dos de sus profesores del Aula Municipal de Teatre de Lleida que habían abusado retiradamente de ellas cuando eran adolescentes. Fueron nueve años en los que su profesor convirtió aquellas clases en una especie de secta donde convencía a las jóvenes de que eran especiales, únicas. Embaucaba a sus alumnas con ideas sobre el amor romántico y platónico para acostarse con ellas de manera sistemática; un depredador con piel de cordero. Los abusos se sucedieron durante años, mientras todos miraban hacia otro lado. 

El último San Sebastián de Carlos Boyero, el crítico de otra época que fue la peor pesadilla de los directores

Saber más

Aquellas nueve mujeres finalmente hablaron y contaron en la prensa lo que había ocurrido. Lo hacían por ellas, pero sobre todo por las que venían detrás, para que no se repitiera aquella situación de abuso de poder y abuso sexual que había marcado sus vidas y habían tardado años en reconocer. Nunca habían hablado de ello pero años después, cuando muchas de ellas coincidieron en un grupo cultural de Lleida, una sacó el tema. “No hubo dudas en esa mesa. Así que empezamos a movilizarnos super rápido, a pensar qué teníamos que hacer. Qué podíamos hacer por nosotras y por vosotras”, cuenta Aida Flix. Lo hace en el marco del Zinemaldia Festival de Cine de San Sebastián, donde se ha presentado El techo amarillo, el documental que Isabel Coixet ha hecho para poner voz y cuerpo a esas valientes. 

Mientras recuerda todo lo ocurrido, Aída no suelta la mano de Goretti Narcis, otra de las víctimas y la mujer que destapó todo años después. Reconocen que les costó asumirlo y dar la cara “por el dolor” que vivieron en aquella institución. Tuvieron que pasar 15 años para dar ese paso definitivo. “También callábamos mucho porque él siempre ha sido una persona muy sibilina, muy inteligente y porque no queríamos dañar tampoco la institución y porque en estos momentos no detectas que es un abuso. Y porque él también creaba un poco este ambiente de ‘es una cosa entre tú y yo, eres muy importante y eres la más importante dentro del grupo’. Te hacía sentir especial. Esta manipulación te hace entender que tú estás viviendo una historia romántica, pero con una persona mayor que tú y que tiene el poder sobre ti porque es tu profesor, y te das cuenta de que no eres la única, que hay muchas más. Creo que el Me Too fue lo que nos hizo el clic y nos hizo ver que lo que estábamos viviendo era abuso de poder y abuso sexual”, analizan estas dos mujeres.

Isabel Coixet se sintió interpelada cuando leyó el reportaje del diario Ara y contactó con los periodistas que lo habían contado. No sabía por qué, si era para hacer una ficción, por curiosidad… pero se reunió con ellos. “Yo me reúno con mucha gente para cosas que muchas veces no salen, pero en esto había algo que me tocó especialmente porque me parecía que, además, hablaba sobre qué es el consentimiento y sobre qué nos pasa muchas veces a las mujeres en la cabeza con esto. Y sobre cómo muchos hombres son depredadores. También sobre qué pasa con la gelatina esta de ‘soy especial’, ‘esto es amor’… me parecía importante”, cuenta Coixet que, en su trabajo, analiza cómo el amor romántico crea un poso en muchas jóvenes que es utilizado por abusadores.

Cuando escuchó a estas mujeres, tuvo claro que no sería una ficción y que tampoco le hacían falta escenificaciones, ni voces en off. Eran ellas, las que debían contar su historia, que aquellas palabras de un periódico tomaran dimensión física en sus voces y cuerpos. “Yo he entrevistado a muchas, muchas, muchas mujeres en mi vida y muchos hombres, y cuando alguien me la quiere colar, es que lo noto. Cuando alguien sobreactúa, exagera, es que lo siento. Y con ellas no me cupo ninguna duda: había algo de verdad, de honestidad. Me dije, quiero contarlo pero no sabía muy bien cómo”, cuenta. 

Pronto se encontró con una dificultad: tenía a las protagonistas, pero no tenía ninguna imagen documental que acompañara lo que ellas contaban, que cuando ellas explicaban que era como una secta la gente entendiera qué ocurría dentro de esas cuatro paredes. La solución llegó en forma de un teléfono Nokia de uno de los chicos del grupo, donde se encontraban muchos vídeos que han sido fundamentales para el documental y que hace que uno entienda cómo ocurrió todo, las dinámicas que se crearon para conseguir sus objetivos.

Estamos viviendo también un momento donde es verdad que se cuentan muchas historias de mujeres y yo reconozco que estoy hasta los ovarios de mujeres llorando

Los abusos eran un tema inflamable para un documental, y Coixet temía que su trabajo pudiera sentimentalizarse, por lo que su trabajo ha consistido en “quitar cosas”. “No quería el morbo, me interesan cero las lágrimas. No hay. Creo que estamos viviendo también un momento donde es verdad que se cuentan muchas historias de mujeres y yo reconozco que estoy hasta los ovarios de mujeres llorando. Me pasó viendo Blonde [la película sobre Marilyn Monroe]. No puedo ser una mujer que se pasa el 80% de la película llorando. Lo siento. Y no me parece una mala película, pero hay algo ahí que no. Yo creo que las lágrimas a las mujeres nos vuelven a situar en un lugar que no es en el que tenemos que tener”, dice con contundencia. La directora reflexiona sobre por qué el Me Too no ha llegado al cine español, algo que se ha preguntado muchas veces. Cree que tiene que ver con que “es una industria precaria” en la que la gente “tiene miedo a decir algo y que nadie te vuelva a llamar”. 

El documental termina con una imagen desoladora: el abusador trabajando sin problemas en un teatro brasileño. La muestra más rotunda de que la cultura de la cancelación no existe ni para un abusador que, encima, se llevó una indemnización por despido del aula de teatro. Una situación que enfada a sus víctimas, que esperan que este documental sirva para algo, por ejemplo para que cambie la ley de prescripción. Todos sus casos habían prescrito y no se pudo hacer nada al respecto. “Sí que es cierto que Fiscalía nos creyó y el caso sigue abierto. Si ahora mismo hubieran chicas que quisieran denunciar, se reabrirá el caso. Que es lo que nos gustaría, eso y apartarlo de la docencia”, añade.

En 2018, menos de un año después de la llegada del Me Too provocada por el caso Weinstein, nueve mujeres tuvieron el valor de presentar una denuncia contra dos de sus profesores del Aula Municipal de Teatre de Lleida que habían abusado retiradamente de ellas cuando eran adolescentes. Fueron nueve años en los que su profesor convirtió aquellas clases en una especie de secta donde convencía a las jóvenes de que eran especiales, únicas. Embaucaba a sus alumnas con ideas sobre el amor romántico y platónico para acostarse con ellas de manera sistemática; un depredador con piel de cordero. Los abusos se sucedieron durante años, mientras todos miraban hacia otro lado. 

El último San Sebastián de Carlos Boyero, el crítico de otra época que fue la peor pesadilla de los directores

Saber más

Aquellas nueve mujeres finalmente hablaron y contaron en la prensa lo que había ocurrido. Lo hacían por ellas, pero sobre todo por las que venían detrás, para que no se repitiera aquella situación de abuso de poder y abuso sexual que había marcado sus vidas y habían tardado años en reconocer. Nunca habían hablado de ello pero años después, cuando muchas de ellas coincidieron en un grupo cultural de Lleida, una sacó el tema. “No hubo dudas en esa mesa. Así que empezamos a movilizarnos super rápido, a pensar qué teníamos que hacer. Qué podíamos hacer por nosotras y por vosotras”, cuenta Aida Flix. Lo hace en el marco del Zinemaldia Festival de Cine de San Sebastián, donde se ha presentado El techo amarillo, el documental que Isabel Coixet ha hecho para poner voz y cuerpo a esas valientes.