Más cultura, más amor y más respeto

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Es fascinante ver a Juan Berlanga bailar rodeado de guardias civiles en un escenario a ras de suelo en la plaza del pueblo. Atención a la escena. El bailarín lleva el torso desnudo y pantalones blancos. Hay en él una representación de la fuerza, la pureza, el animal, la entereza pero también la desprotección.

Berlanga se arrastra de rodillas mientras la música infiere un ritmo trepidante y aventurero que no invita a detenerse. Y, ante la situación, Berlanga no quiere detenerse.

Gira sobre sí mismo y mientras mantiene el equilibrio mira de frente. ¿Qué ve? Banderas que se agitan frente a él. Dos hombres muy parecidos con sendas camisetas rosas, bermudas vaqueras y riñonera al hombro, uno en cada lado del cuadrilátero (desconcierto, ¿quiénes son?). Parte de su público que sigue sentado en las sillas blancas de plástico en primera fila. Policías. Un chaval con la bandera de España anudada al cuello como una capa.

Se da la vuelta a todo eso, abre las rodillas, baja la pelvis y apoya las manos sobre los muslos. Su espectáculo se llama Juancaballo y le hizo merecedor de un premio Max, pero ahora está en la plaza de Manzanares (Ciudad Real) y no le quieren allí. Juan parece mirar hacia la cámara que le graba, solo un instante. Piensa si debe retirarse, pero se dice a sí mismo que no, que debe seguir bailando. Le lanzan una silla. Le llaman “maricón”.

¿Hace cuánto tiempo que estas escenas dejaron de suceder? ¿Hace cuánto tiempo que han regresado?

Aquel día, cuando el PP había convocado múltiples concentraciones en teoría, según ellos, en apoyo a Ceuta, llamó a su gente a que saliera a las plazas. Pero en las plazas ya pasaban cosas. Pasaba Juancaballo. Y, para ellos, el bailarín era el invasor.

Nos preguntamos si todo este odio, este acoso a la cultura que estorba, es solo el principio. Juan Berlanga dijo: "Este país está yendo hacia un lugar muy feo (...). Hay que posicionarse"

A 400 kilómetros de allí, el mismo día, Aida Tarrío, Olaia y Sabela Maneiro salieron a otro escenario. Es la plaza Mayor de Palencia y allí no está solo su público, allí sigue una parte de los manifestantes convocados por el PP con el apoyo de Vox. Insultan al presidente del Gobierno y dicen “Hoy no se canta, hoy se defiende”. Si hoy no se canta, es porque quieren suspender el concierto de Tanxugueiras, el trío gallego que no puede salir a tocar en esas condiciones. En lugar de ellas, sale el concejal de Cultura, Fran Fernández: “La cultura es lo que nos diferencia de las bestias”, advierte, pero su voz deja de escucharse porque “Pedro Sánchez dimisión” suena mucho más alto. Ondean múltiples banderas de España. Cuando al fin sale el grupo gallego, según las crónicas, apenas se las escuchaba, el boicot de los manifestantes gritaba más alto. Pero ellas decidieron seguir bailando, seguir cantando. Más cultura, más amor y más respeto, piden.

Nos preguntamos si todo este odio, este acoso a la cultura que estorba, es solo el principio. Juan Berlanga, a quien llamamos para que nos contara cómo lo vivió y qué le pasó por la cabeza, nos dijo: “Este país está yendo hacia un lugar muy feo (...). Hay que posicionarse”. Tanxugueiras grabó un vídeo para su Instagram: “Nós non tiraremos abaixo todo o que conseguiron os nosos antergos, nin renunciaremos ao que conseguimos como pobo”, escribieron. 

Aquel día, los artistas pudieron ofrecer sus obras, poniendo sus cuerpos en el centro, pese a las interrupciones y los retrasos. Pero, ¿y el día en que alguien no se vea capaz de seguir bailando?