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Beyoncé total, radiografía de una estrella

Larga vida a la reina Beyoncé

Lucía Lijtmaer

Y llegó la reina y era la reina. Y llegó la reina y todo el mundo enloqueció. El tour de Beyoncé pasó por aquí, por si no se habían enterado, y nos trajo a una artista completa, en un momento dulce de su carrera, que no parece que vaya a aminorar en ningún momento. Analizamos algunas claves de la pasión de absolutamente todos por Beyoncé:

1. La artista total: A diferencia de otras superestrellas, Beyoncé mantiene la credibilidad entre todo tipo de público. El secreto de un éxito así no es fácil de analizar, pero si hay algo que la reina hace bien es llevar la tradición del r'n'b sólidamente sobre sus hombros y darle el toque contemporáneo necesario. Sus homenajes a Etta James, Josephine Baker, Anita Baker o Donna Summer se mezclan con la admiración por Michael Jackson, Cher o Diana Ross.

Beyoncé es el prisma en el que se refleja todo, y siempre bien. Canta como pocas, baila como nadie, resulta sexy y samplea discursos feministas en su último álbum.

2. La más bella del reino. “Beyoncé tiene el pelo del color del trigo tostado y una belleza tan impactante que te hace decir tonterías como que Beyoncé tiene el pelo del color del trigo tostado”, escribía un periodista británico hace ya una década hablando de la entonces solista de Destiny's Child.

El impacto de su rostro, su sexualidad potente, juguetona, en primer plano y en ocasiones ambivalente –jugó al lesbianismo soft con Alicia Keys y Lady Gaga; se marcó un homenaje a Flashdance en los premios Grammy– hacen de ella un icono del nuevo milenio. Las Piernas de Beyoncé, Las Caderas de Beyoncé, La Melena de Beyoncé... Todas son protagonistas por derecho propio del erotismo del siglo XXI.

3. La inteligente transición de una estrella: Beyoncé es una de las pocas divas que ha pasado el trago de tener un supergrupo a ser solista, sin que eso genere altibajos o enemistades. Ha transitando plácidamente a través de los éxitos de su primera etapa hasta llegar a aquí. Destiny's Child, el bombazo de r'n'b de finales de los noventa, era un grupo forjado a partir de la férrea disciplina de Mathew Knowles, el padre de Beyoncé. Rezaban antes de los conciertos y abogaban por una sexualidad no explícita en sus coreografías.

Beyoncé señaló que la falta de controversia les hacía vender discos pero no acaparar las portadas, y viraron hacia una imagen más explícita con Bootylicious, aunque conservando un espíritu igualmente moralista, como demostraba Nasty Girl. Bills, Bills, Bills, Boogaboo e Independent Woman fueron himnos de reivindicación de la independencia financiera y sexual de la mujer a principios de los 2000. Desde ahí, Beyoncé recogió el testigo en solitario con el camino allanado, volviendo de vez en cuando a reunirse con el resto del grupo, sin problemas ni rencillas.

4. El coqueteo con lo ghetto.ghetto Beyoncé funciona mejor con grandes alianzas, y su unión sentimental y en ocasiones laboral con Jay Z es de las más inteligentes y productivas del negocio. Lejos de convertirse en una baladista azucarada para el público blanco a lo Whitney Houston, el rapero Jay Z –de credibilidad hiphopera incuestionable, éxito arrollador y creador del sello Roc-a-Fella Records– le ayudó a virar su imagen y llegar a un público distinto a partir de su colaboración en Dangerously in love.

El propio Jay Z ha aprendido a transitar por el hip hop de estrellas –Timbaland, Missy Elliot, Ghostface Killah– y realizar duetos con Bono y Mariah Carey. La influencia es mutua, pero él ha dicho de Beyoncé: “Ella era una buena chica hasta que me conoció, ahora es gangsta”.

5. El ejemplo de cómo vender en el nuevo milenio. Beyoncé es una marca capaz de esponsorizar champús, ropa y perfumes, y no resultar cansina. Su disciplina laboral se puede comprobar en el documental Life is but a dream, que recuerda en algo al This is it, de Michael Jackson, pero libre de sus excentricidades. Beyoncé realiza y vende buena música, y esto último lo hace muy bien. Al menos mejor que Lady Gaga, que se adelantó tanto al preestrenar el single Applause meses antes de la salida del álbum ARTPOP que, cuando el disco llegó a la calle, ya estaba completamente quemado.

Beyoncé aprendió la lección y optó por trabajar en secreto. Así fue que, a finales de 2013, como salido de la nada, apareció Beyoncé, un disco excelente y extraño a partes iguales. Y para asegurarse el tiro, llegó bautizado como un “álbum visual” –cada canción con su propio vídeo– e inmediatas fechas de continuación de su gira anterior. La estrategia ha funcionado con creces: fue el disco que se vendió más rápidamente de la historia en iTunes y la artista llena estadios por dónde pasa.

Bola extra: Liberté, Egalité, Beyoncé. Es el lema que se ha sacado de la manga y que pulula por todas partes. Por algo será.

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