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Cultura

Miguel Brieva: "La solidaridad no es más que una especie de tic nervioso para apaciguar la conciencia, no es militancia"

El autor presenta Lo que (me) está pasando, un cómic que retrata la vida de un joven desempleado y deprimido por la realidad social, una crítica y reflexión sobre el momento que vivimos

"La delincuencia es un poco nuestro sistema, es constitutiva. Lo decía Debord, que la mafia se convertiría en el paradigma de toda estructura, empresarial o política, y así ha sido"

Lo que me está pasando, de Miguel Brieva

Lo que me está pasando, de Miguel Brieva

Lo que (me) está pasando(Reservoir Books) es su primer cómic con formato ortodoxo de novela gráfica. Al menos así se promociona esta historia lírica y de una pieza donde un joven desempleado y algo deprimido, un personaje abrumado por la realidad social, empieza a vivir extraños fenómenos de percepción, pasa a interiorizar la deriva personal y colectiva, y en esos síntomas busca nuevos brotes o como mínimo un terreno fértil donde sembrarlos.

Es su primera novela gráfica como tal, pero Miguel Brieva (Sevilla, 1974), adepto a las posibilidades del panfleto como arma legítima y sabedor de que si el lenguaje publicitario lo lees al revés como un disco jevi nos trae las palabras del infierno, lleva más de una década dibujando el subtexto de nuestra cotidianeidad en títulos como Bienvenido al mundo (2007), El otro mundo (2008), Al final (2010), Memorias de la tierra (2912), Obras incompletas de Marcz Doplacié (2012) o la revista Dinero, de la que también es editor. Infiltrado sigiloso, en 2011 llegó a ilustrar una colección de libros de texto de Educación para la Ciudadanía. En este nuevo trabajo parte en busca de alguna revelación que nos ayude a afrontar los acontecimientos, a discernir la realidad que vivimos.

¿Has hecho un cómic, un tebeo, una novela gráfica?

Yo prefiero llamarlo cualquier cosa menos novela gráfica, que es un término que me da un poco de pudor, aunque imagino que tiene cierto sentido para hablar del cómic que se hace ahora, que es el de toda la vida pero más enfocado a un público adulto, con un “empaque literario”. Desde sus orígenes, el cómic se pensó como entretenimiento para los niños, o para un lector de nivel casi infantil, era lo que luego pasó a ser la televisión, y quitarse ese sambenito le ha llevado mucho tiempo. El primer paso fue en los años sesenta, con el cómic underground.

Página 9 del libro "Lo que me está pasando"

Página 9 del libro "Lo que me está pasando"

Un underground del que por estilo tú podrías haber formado parte. Yo te veo fácilmente en las páginas de El Víbora.

Seguro, claro. Yo he mamado de todo tipo de cómic. Salvo manga y superhéroes, que no me interesan, he leído cómic fantástico, social, Mortadelo y Filemón, Tintín, de todo, pero al final a lo que más cerca me siento es siempre al underground norteamericano, a aquella manera de hacer.

¿Tienes conciencia de estar trabajando desde algún frente contracultural?

Es que ya no sé qué es contracultura. Ha habido gente que ha puesto tan en evidencia que lo que en algún momento fue contracultura es ahora pasto del aquelarre éste actual... No sé, creo que lo mejor es no hacer ya mucho uso de las etiquetas.

Lo que sí has hecho en cierto modo con Lo que (me) está pasando es una historia de ciencia-ficción.

Bueno, podría ser... Vivimos una distopía, la realidad es una distopía en sí misma. Sí podría ser el guión desechado de Blade Runner. Creo que ahora justo estamos en la época en que se ambienta Blade Runner, el año 2015. Al final la realidad es como una versión cutre de un guión de distopía de los 80. Sí, podemos decir que he hecho un cómic de ciencia-ficción, aunque yo lo llamaría “realismo social mágico”.

Recuerda un poco al cine de de Terry Gilliam.

Soy súperfan de Terry Gilliam, siempre me ha interesado su cine. Brazil me parece su obra maestra. Esos tiempos “atemporales” que consigue combinando tecnología antigua, estética soviética, el rollo sueño americano de los años 50... Hace un popurrí que funciona muy bien como síntesis.

Página 10 del libro "Lo que me está pasando"

Página 10 del libro "Lo que me está pasando"

En su última película, The Zero Theorem, el protagonista dispone como siempre de un único lugar para fugarse, que son sus sueños, pero esta vez se revelan como sueños prefabricados por otros, toda una alegoría del presente. Lo que (me) está pasando es más que un diagnóstico, se diría una receta. En él insistes en la necesidad de esa revuelta interior.

Es que sólo lo que pase por el interior puede llegar al exterior. De ahí el juego en el título. Están pasando muchas cosas pero parece que hasta que no pasan por nosotros, vía el sufrimiento o la empatía, no llegamos a darnos cuenta de su escala. Hasta que el tsunami no nos moje los pies no vamos a reaccionar. En el libro ocurre con algunos personajes, como el padre del protagonista, que hasta que la tierra no empieza a resquebrajarse bajo sus pies no despierta. El cómic habla de que las cosas tienen que pasar por nosotros, sin embargo la idea fundamental es que justamente la solución no pasa sólo por nosotros sino por la unión.

¿El individualismo nunca será una opción?

El individualismo es una fantasía. Nunca ha existido, no puede perdurar, es un paréntesis en la historia del ser humano.

El subtítulo de tu cómic es “Diarios de un joven EMPERDEDOR”. Esa chanza es otra cosa que lo emparenta con esas distopías que comentamos, cuyo primer movimiento es siempre coartar el lenguaje, jugar al eufemismo.

Yo oigo mucho la radio, y estos tertulianos que día tras día pueden rasgarse las vestiduras frente a los mismos sucesos, los mismos ladrones... ¡No lo entiendo! Es como si cada día se cayeran de un guindo, renacieran y como almas puras descubrieran de repente la ignominia del mundo. Pero bueno, ¿son tontos? Si no son tontos, o al menos si no tomasen a sus audiencias por tontas, deberían partir de los hechos, y si hay unos criminales en el poder hay que tratarlos como a tales, no puedes tratarlos como a personas de respeto. Mira el tratamiento mediático que se le da a esta chusma en relación al tratamiento inclemente que se le está dando a las formaciones políticas que están surgiendo, a las que se ataca por todos los flancos, con o sin motivo.

Quizás la prensa es una de las grandes culpables en su resistencia a no llamar a las cosas por su nombre, en acuñar conceptos balsámicos, en seguir manteniendo la máquina.

Tiene que ver con la naturaleza del sistema: vas a tener mucho pero cada vez de peor calidad. Hace un par de días, dando unas charlas en unos institutos, les preguntaba a los chavales, ¿pero vosotros leéis? Sí, el guasap, me decían. La atrofia cultural viene de largo pero estas tecnologías las alimentan. Tampoco estoy por el sermón de que si la lectura y tal y cual, pero con respecto a mis padres ya veo un desfase. Nosotros no hemos estudiado latín. Tenemos una mayor distancia epistemológica con el origen del lenguaje, pero de pronto me comparo con alguien de veintipocos años y... La cultura de las pantallas no genera los mismos pozos de conocimiento que la cultura escrita. No la quiero glorificar, pero requiere otros tiempos, otras dinámicas.

Página 19 del libro "Lo que me está pasando"

¿Y no se estarán gestando otras configuraciones mentales que puedan ser positivas?

Lo dudo. Lo que está claro es que ahora lo tienes todo, eso está bien, y está claro que el chaval o la chavala que es muy espabilado tiene ahora mil herramientas, pero nunca se puede hacer de la excepción la norma. Recuerdo un vídeo de Asimov donde predecía internet en su versión más guay, hablando de lo académico, el tío decía que los institutos y las universidades desaparecerían porque habría máquinas que nos permitirían tener a mano todo el conocimiento y hacer una selección personalizada.

Obviamente, no se hablaba de la otra dimensión de internet, que es mucho más bestia y que es la que genera la sociedad de consumo, la mayoritaria, la del narcisismo, el comercio, la chorrada. El lado oscuro de la herramienta, esa apisonadora, yo creo que hace que la gente esté mucho más perdida.

La primera decisión de tu protagonista en busca de una mejoría es deshacerse de su televisor, pero eso parece una medida cándida hoy en día, donde como panacea o a al menos alternativa se ofrece ese internet que se diría una trampa más perversa con su ilusión de “falso directo”, alimentando esa sensación de estar “formando parte”.

Eso son las redes sociales. Con cada una de estas nuevas propuestas tecnológicas se abren oportunidades para gestionar la herramienta, oportunidades de crecer, de contactar, pero también se desarrollan en su seno estrategias del propio mercado que consisten en productos, en vender, en vender, en vender, en crear necesidades y movidas que acaban atrapando a la gente. Cabe preguntarse si es más lo que estamos ganando o lo que estamos perdiendo.

¿No radica justo ahí el éxito de esas herramientas, no era esa su función? La apología incontestable de “la información”, que hoy ya consumimos en tránsito, incluso en nuestro lugar de trabajo.

Es que tú lo has dicho, eso no es información, eso es consumo, y la antítesis de la solidaridad, además. La solidaridad es meterse en la mierda y además ser consecuentes para que según qué cosas no vuelvan a suceder. Emitir un mensaje de solidaridad no es más que una especie de tic nervioso para apaciguar la conciencia, no es militancia. No hay duda de que hay quien lo hace con las mejores intenciones, pero también la gente se emocionó con Obama genuinamente y aquello era una estafa desde el minuto uno.

Ecologistas en Acción, que son una gente con la que colaboro y que analiza el presente con mucha lucidez, hablaban en un libro sobre la sociedad de la información y proponían hacer un cálculo, porque es verdad que estamos acumulando mucha información, trasladándola de soporte a soporte, digitalizando libros, gestionando la música y demás, aunque gran parte de la cultura que se produce hoy día es mercadotécnica y por tanto una basura, pero eso es otro tema. El tema es que gestionamos mucha información, cada vez más, pero cuando desaparece una especie animal o vegetal desaparece otra información muy grande, que son los códigos genéticos. Si lo miramos en términos numéricos y planetarios puede que estemos perdiendo mucha más información de la que estamos ganando. Esta sociedad de la información es un concepto muy cuestionable.

Y sin embargo es intocable. La información te hace libre... ¡Hasta esa cita ha hecho implosión! Estamos con la información al cuello.

Es que los medios hablan a las emociones, no a la razón. Todo el despliegue mediático está pensado en esa dirección, desde la publicidad, obviamente, que va directa al inconsciente, hasta la última noticia. Los telediarios te muestran gente sufriendo en Bangladesh pero no te explican por qué sufre esa gente en Bangladesh ni quién ha puesto a los gobernantes que les hacen sufrir ni quién se beneficia de ese sufrimiento. Tú lo que ves es sufrimiento por un tubo, por el tubo catódico, y como al final hay una cosa muy primordial que es la empatía, uno de los resortes básicos del ser humano, pues cuando ves un niño que ha cruzado el estrecho, que su madre ha muerto y que tal y cual, pues empatizas, claro, a no ser que seas un cacho carne.

Pero el uso que se hace de ese resorte es siempre manipulador. Ahora se ha caído un avión, vale, qué pena, punto. A lo mejor puedes hacer un análisis, pensar por qué se han caído tres seguidos, muy bien. Pero no, lo que se hace un megadespliegue, para rellenar tiempo hasta el último minuto, para enganchar a la gente por lo emocional, que si unos niños que no sé qué y no sé cuántos. Espectáculo. Guy Debord se anticipó a este mundo fantasma, tuvo la lucidez de avistar esta sociedad del espectáculo hace medio siglo.

Hoy se ve muy clara porque ya somos nuestra propia parodia.

Yo por eso he hecho mucho humor trabajando con la hipérbole, exagerando, pero me encontrado con que muchas de esas exageraciones luego se han visto cumplidas. Todo es una parodia, el mundo es una parodia, nuestros presidentes son una parodia. Desde George Bush diciendo que para evitar los incendios lo mejor era talar los bosques, ese es el nivel. Hay que proponer, hay que buscar una salida, también porque llega un momento en que la parodia crítica, el chiste, el rollo twitter, que está muy bien y que no deja de ser un cosa muy saludable que haces con los colegas en el bar, puede llevarnos al cinismo. Y convertir eso en acto político o en militancia es quedarse un poquito corto.

Eres un sevillano en Madrid. ¿Qué tal por aquí? ¿No hay mucho delincuente?

Bueno, la delincuencia es un poco nuestro sistema, es constitutiva. Eso también lo decía Debord, que la mafia se convertiría en el paradigma de toda estructura, empresarial o política, y así ha sido. El caso concreto del PP en España es muy claro, pero ahí está Berlusconi en Italia o Bush en EEUU, mafias declaradas. Es verdad que el caso de Madrid me apena especialmente porque es donde me he criado, nací en Sevilla pero me he criado aquí. El hecho de ser la gran ciudad de España y de generar una acumulación muy fuerte de capital la convierte en el buque insignia nacional como ejemplo de metrópoli o megalopoli inhumanizada, en las que ahora mismo, por cierto, habita la mitad de la humanidad. Cerca de 4.000 millones de personas viven en ciudades. Es en lo que estamos.

Página 20 del libro "Lo que me está pasando"

En el presente, que como dice uno de tus personajes no se puede pensar, sólo puede sentirse. Lo que reconforta de tu cómic es que alguien hable claro de esta monserga de la crisis, de esta farsa de nuevo basada en el lenguaje que quiere hacernos creer que antes todo era mejor.

Exactamente. Llevamos ya muchas décadas de trampa infernal, lo que pasa es cuando el viento sopla a favor es fácil dejar de atender a una masa muy grande que a lo mejor no está tan bien. Y hablamos de este país, para qué mencionar los daños colaterales de muchos gestos de nuestra vida cotidiana que tienen efectos devastadores en otros lugares, muy lejos de aquí. Digamos que el ser humano siempre se ha organizado muy mal en base a jerarquías y dogmas y etcétera, pero en la actualidad el impacto de nuestras acciones es tan bestia, no solo en cuanto a sufrimiento humano sino en destrucción del entorno y en cuanto al impacto que tendrá para futuras generaciones.

Realmente, pretender que en el año 2006 todo iba bien, cuando todo era un espejismo de opulencia que sucedía en determinados países del mundo muy puntualmente, es una inconsciencia. Pero sí es verdad que ahora vemos que todo tiende a peor y lo hace a escala mundial, porque esa es la lógica de este sistema. Hoy hay indicios de que van a pasar cosas muy chungas. Y no se trata de crisis económica sino de cambio climático, geológico, de merma de los recursos, de energías que se agotan... El decrecimiento no es una ideología, es una realidad científica. ¿Cómo gestionamos eso? ¿A hostia limpia en plan Mad Max o en base a criterios equitativos? Esa es la lucha.

La lucha entonces es ir haciendo de la manera menos dolorosa. Paliar.

Justo. Los de Podemos, incluso en sus propuestas más audaces, están a años luz de proponer lo que sensatamente habría que hacer. Quizás lo hacen conscientemente porque lo que habría que hacer supondría un giro copernicano, algo de tal magnitud, que la gente no podría asimilarlo, se le saldría el cerebro por las orejas. No es fácil encajar que en veinte años vamos a vivir en otra realidad, una de capitalismos feudales, una cosa más regional. La peña prefiere seguir a lo suyo, al menos hasta que algo les salpique. El eterno presente del capitalismo. La gente también lo asume como suyo. Y lo que dure. Pero bueno, la esperanza es lo último que se pierde.

A ver si eso va a ser otra trampa del lenguaje.

No, no, es instinto de supervivencia, vamos a encontrar a qué agarrarnos para salir adelante, ya lo verás. Eso lo decía Zizek, que hoy la utopía ya no se fundamenta en un constructo ideológico o en un método sino en la pura supervivencia. A día de hoy, plantear una salida para esto es plantear una salida de urgencia, una salida para no morir. Y creo que tenemos potencial de sobra para encontrar esa salida. El asunto es cómo concienciarse frente a la apisonadora del pensamiento único, de los medios, que siguen enarbolando el miedo frente a cualquier cosa que genere esperanza.

Casi no hemos hablado de tu cómic...

Bueno, me parece bien, un cómic también es un medio para hablar de otras cosas.

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