Por qué el terremoto que afectó a las palabras en el siglo XVII está ligado a la alquimia y a la crisis económica
Ana Garriga cree que hay una “imagen asquerosamente imperial y monolítica” del Barroco, la época que ha estudiado en profundidad y sobre la que habla junto a su compañera Carmen Urbita en el célebre podcast Las hijas de Felipe.
Para combatir esa mirada ha escrito Oro líquido. Desorden literario, alquimia y crisis en la España del siglo XVII (Alianza), un ensayo que relaciona de forma original las relaciones entre la economía, la literatura y la política en esa centuria tanto en la España peninsular como en los territorios del imperio en América.
Por sus páginas desfilan crisis económicas, los múltiples vaivenes y aplicaciones de la alquimia o los enfrentamientos literarios entre Góngora y Lope de Vega. Por otra parte, el ensayo se ocupa a fondo de la influencia mutua entre la metrópoli y América con una mirada alejada del eurocentrismo. Al comentar esa relación entre la economía y la cultura de la época, la autora explica: “Los autores del siglo XVII nos muestran que cuando el dinero se devalúa, el lenguaje se revalúa porque las palabras, a fin de cuentas, salen gratis”.
¿Por qué es tan importante ese triángulo entre desorden literario del Siglo de Oro, alquimia y crisis económica del Imperio? ¿Qué le atrajo del tema para una investigación tan exhaustiva?
Siempre he sentido una frustración enorme con el pacto quimérico que sostiene tanto el dinero como el lenguaje. Creo que, de algún modo, cuando empecé a especializarme en la cultura y la literatura de los siglos XVI y XVII, me pareció fascinante que un siglo repleto de monedas de cobre se hubiera conseguido mantener aferrado semánticamente al oro. Y ahí, de pronto, sin preverlo, me topé con un panfleto promocional de un remedio seudoalquímico, ¡oro potable!, que había revolucionado el siglo XVI. A partir de ahí, con infinitas lecturas de por medio, me di cuenta de que aquellos dos fenómenos que tanto me interesaban, la crisis económica y los experimentos literarios del siglo XVII, resultaban mucho más comprensibles al mirarlos desde la lente conceptual de las transmutaciones alquímicas.
Las palabras ya no se corresponden ni definen a las cosas ni los metales indican ya un valor real. ¿Podría explicar por qué se producen esos cambios?
El cambio económico tiene un origen más nítido. Ante la carestía metálica, Felipe III toma en 1602 una decisión sin precedentes: mediante real cédula, dispuso que toda la moneda de vellón se labrara sin liga de plata. Por primera vez, las monedas no valían intrínsecamente nada de nada. El giro lingüístico es mucho más progresivo y difícil de rastrear, pero cualquiera que haya leído a Garcilaso y luego se anime a leer las Soledades de Góngora, se dará cuenta de que ahí ha sucedido un terremoto que ha cambiado la forma de entender las palabras para siempre.
El concepto de alquimia recorre todo su ensayo, pero tiene varias acepciones. ¿En qué consistió la alquimia en el siglo XVII y las causas de su relevancia? ¿De dónde procede esa fascinación por la alquimia?
Yo misma me sorprendo por esta fascinación por la alquimia tan sobrevenida, jamás me había fijado en ella, pero cuando empecé a leer con atención obras como La Dorotea, de Lope de Vega; o los papeles que surgieron alrededor de la polémica en torno a Góngora, me di cuenta de que las metáforas alquímicas aparecían con una insistencia apabullante. Después, empecé a rastrear cómo, desde finales del siglo XVI, la alquimia se había ensanchado muchísimo conceptualmente: cualquier cosa que jugueteara con los metales o que hiciera pasar una cosa por algo que no era, caía en el saco inmenso de la alquimia.
En su libro aparece poco tal vez la situación política o social de fondo, la macrohistoria por así llamarla. ¿Fue una opción deliberada?
¡Creo que aparece mucho! Sí que es cierto que aparece como un telón de fondo porque me apetecía recorrer intersticios inexplorados, dar forma a preguntas que todavía no han quedado resueltas y que creo que son claves para entender nuestra relación tanto con el dinero como con las palabras en el mundo de hoy.
Oro líquido profundiza en esa combinación de desorden y crisis económica en América. ¿Hasta qué punto fue básico el papel de relación entre la metrópoli y las colonias? ¿Era prioritario para la monarquía lograr más recursos fiscales en el XVII?
Oro líquido no existiría sin América. El Siglo de Oro no existiría sin América. Pero como explico en el libro, es importante darle la vuelta a la imagen habitual de un movimiento unidireccional de transmisión e imposición cultural e ideológica, siempre de la metrópolis a las colonias, y empezar a entender que América también fue un revulsivo para el lenguaje, la vida y los saberes de la metrópolis.
“La reconfiguración del español estuvo determinada por el choque que supuso el contacto con la realidad metálica, botánica, animal y humana de las Indias”, afirma en su libro. ¿No cree que ha sido muy poco estudiada esta etapa del Imperio?
Sí, absolutamente. Como sucede a menudo, es una línea de pensamiento que está explorada y trabajada en el marco académico, pero que no ha trascendido más allá. Y es importantísimo entender y estudiar el papel central de la realidad americana como motor de configuración lingüística. Y no me refiero aquí a contagios léxicos, sino a una visión mucho más general: la toma de conciencia de que las palabras eran incapaces de nombrar la realidad con precisión.
Utiliza una cita del filósofo Michel Foucault sobre el oro que parece fundamental para explicar el objetivo de su libro. “El oro recibe su valor de su pura función de signo”. ¿Define eso de algún modo el Siglo de Oro?
No lo había pensado, pero sí. Si recordamos que el oro es más signo que otra cosa, el Siglo de Oro gana en riqueza, en profundidad y en posibilidades de exploración.
¿Qué paralelismos pueden establecerse entre ese siglo XVII que usted ha estudiado y la época actual? ¿Qué lecciones podemos extraer hoy?
No me gusta la mirada pesimista que impera a menudo sobre los puentes transhistóricos: aquella crisis económica, esta crisis económica, etc. Creo que una lección increíble que encierran los autores del siglo XVII que estudio en Oro líquido es pensar que cuando el dinero se devalúa, el lenguaje se revalúa porque las palabras, a fin de cuentas, siempre son gratis.
¿Qué usos de la alquimia hicieron grandes autores del Siglo de Oro como Lope, Góngora o Quevedo?
Uy, muchísimos. Hay muchos guiños paródicos en los que usan la alquimia para criticar la falsedad, que es el motivo central de la cultura barroca, pero esos la verdad me interesan menos: la alquimia se convirtió también en un aparato conceptual perfecto para pensar en los cambios del lenguaje, en la maleabilidad de las palabras, y en los valores impredecibles que encierra el trabajo literario.
El enfrentamiento entre Góngora y Lope ocupa buena parte de su ensayo. ¿Sus literaturas reflejaron dos estilos y, sobre todo, dos filosofías de la vida muy distintas? ¿Cuáles eran las principales diferencias?
No me gusta ser categórica, pero sí. Lope y Góngora pasaron a representar dos maneras opuestas de entender el trabajo de la lengua: frente a una lengua llana, que no se ha maleado ni semántica ni sintácticamente con trucos artificiosos, una lengua evolutiva, cambiante e indómita.