Piotr CywiÅski (Varsovia, 1972) es, desde hace 20 años, el director del museo memorial de Auschwitz. Su cometido es mantener viva la memoria del Holocausto, una memoria que, con el auge de la extrema derecha y con el genocidio de Gaza, está siendo instrumentalizada por diversos grupos políticos y sociales. CywiÅski mira a la actualidad con desencanto y cierto resentimiento.
Él prefiere reivindicar la memoria como herramienta para “tomar buenas decisiones”, aunque asegura que es algo que debe estar “completamente separado” de cualquier cuestión política. A pesar de que, tal y como demuestran los acontecimientos alrededor del mundo, la memoria es, sobre todo, política. Atiende a elDiario.es durante su visita a Barcelona para impartir una charla en la Universitat de Barcelona, invitado por el grupo de investigación EUROM.
Europa está viviendo una situación complicada, con Estados Unidos planeando invadir una parte de su territorio como es Groenlandia y el ascenso de la extrema derecha. Una mujer judía que perdió a toda su familia en el Holocausto explicó a elDiario.es que el miedo que siente hoy es parecido al miedo que se sintió hace un siglo. ¿Cree que la historia se va a repetir?
Estamos viviendo tiempos convulsos y, ciertamente, no sabemos qué pasará ya no en los próximos años, sino en las próximas semanas. Ni siquiera los mejores analistas pueden hacer previsiones y eso es algo absolutamente nuevo para nosotros. No hay antecedentes de esta inseguridad en la historia de Europa. Y creo que la incertidumbre ayuda al auge del racismo, la xenofobia, el antisemitismo y, en general, el miedo al otro.
Nos estamos encerrando en burbujas de gente que pensamos lo mismo y estamos aislando a los otros. Las redes sociales, por supuesto, han ayudado a esto. Y creo que no van a llevar a nada positivo en el futuro.
¿Entonces, lo que dice es que nos encaminamos a algo peor de lo que ya ha pasado?
Creo que nos encaminamos a un tipo distinto de xenofobia y que las redes son clave para eso. Estamos ante algo más complejo. Piensa que Hitler sólo necesitó seis días para empezar la guerra desde que llegó al poder. Y no tenía redes sociales. Hoy estamos viendo que Rusia está gastando muchísimo dinero para financiar a influencers, lo que nos indica que las redes funcionan muy bien.
Todas las elecciones importantes de la última década han estado directamente influidas por la propaganda, los trolls, las cuentas falsas y las fake news. Todo eso es más eficiente que los medios y la televisión. A mucha gente le cuesta diferenciar las noticias falsas en redes, pero nuestras escuelas siguen en una mentalidad antigua. No estamos preparando a nuestros hijos para estar alerta ante lo que ven en Internet. Y eso es un problema enorme.
Usted reivindica la memoria como una manera de evitar repetir los errores del pasado. Pero viendo las persecuciones étnicas que está llevando a cabo el ICE de Donald Trump, no puedo evitar ver ciertos paralelismos con lo que pasó hace un siglo. ¿En qué ha fallado el ejercicio de memoria?
El problema es que estamos ante una generación bisagra. Ya no estamos en una postguerra, que duró hasta los primeros años de este siglo. Quizás hasta el Tratado de Lisboa [en 2007]. Después de eso, todo colapsó y empezamos a vivir en una época nueva y desconocida a la que ni siquiera sabemos poner nombre.
No sabemos cuáles son las nuevas normas porque Trump las está pulverizando todas. Cuando ves a esa policía que usa la fuerza bruta antes de cualquier investigación es terrible. También lo es que los representantes públicos justifiquen esa violencia a cualquier precio... El ICE de Trump me trae recuerdos de cosas terribles que pasaron en el pasado.
En estos tiempos en los que no hay nada definido y no sabemos qué va a pasar, necesitamos tener puntos de referencia. Esa referencia la podemos tomar de la experiencia, y la memoria no deja de ser experiencia colectiva. Aunque no te haya pasado a ti, aunque pasara hace dos generaciones, sigue funcionando.
Si partimos de esa memoria colectiva, ¿por qué cada vez hay menos condena social para quienes se definen como nazis? ¿Por qué no pasó nada cuando Elon Musk hizo algo muy parecido al saludo nazi durante la toma de posesión de Trump?
Y hace 30 años, si hubiera hecho eso, su carrera política habría terminado. Creo que es importante destacar que eso pasó en Estados Unidos, donde la concepción de libertad es totalmente distinta. Pero quiero quedarme con la parte positiva y pensar que esta nueva amenaza puede hacer que Europa redefina sus valores. Creo que esta es una buena oportunidad para volver a plantearnos qué significa la UE.
Las guerras, los genocidios y las dictaduras no han dejado de sucederse en el mundo desde el fin de la Guerra Mundial, pero la UE no se ha replanteado sus valores hasta que Putin empezó a amenazar su territorio. ¿Qué dice eso de Europa?
Creo que la guerra de Ucrania fue una sorpresa para mucha gente, sobre todo para quienes viven en esas partes de Europa en las que la relación con Rusia era cordial. Pero yo vengo de una parte de Europa en la que conocemos bien a Rusia y sabemos lo que hacen desde hace 500 años. Incluso en un momento así, nos tomó un tiempo tener una postura unida respecto a qué hacer con Putin. Y puedo entenderlo, porque algunos países como Alemania tienen acuerdos económicos importantes con Rusia.
Al final, cuando nos pusimos de acuerdo, llegó una revelación: ahora que estamos de acuerdo, es el momento de trabajar en dos campos que se dejaron inacabados en los Acuerdos de Lisboa: las políticas de acción exterior y las de defensa. Tenemos que resolverlo rápido y bien, porque no puedes ser una parte poderosa del mundo sin tener estos dos asuntos bien atados.
La guerra de Ucrania fue una sorpresa para mucha gente, sobre todo para quienes viven en esas partes de Europa en las que la relación con Rusia era cordial. Pero yo vengo de una parte de Europa en la que conocemos bien a Rusia y sabemos lo que hacen desde hace 500 años
La memoria podría ayudar a definir estas políticas y no repetir errores del pasado. Pero usted dijo en una entrevista reciente que tiene que haber una separación entre la memoria y la política. ¿Por qué?
Porque la memoria es algo muy personal. Cada persona y cada grupo tiene derecho a tener su propia memoria. No doy ni un duro por esa idea francesa de la memoria colectiva [acuñada por el filósofo Maurice Halbwachs]. La próxima generación tendrá su propia memoria y no podemos hacer nada para evitarlo.
Pero compartimos el mismo pasado.
Sí, pero el entendimiento de la memoria se hace en el presente. Los símbolos cambiarán para la próxima generación. La manera de expresarlos también cambiará, igual que las amenazas, la manera de comunicarse, de conectar y de dialogar. Lo que es importante es que la memoria no sea contradictoria con los hechos.
¿A qué se refiere?
Que toda memoria es válida a no ser que esté basada en mentiras. La memoria real es clave para entender el presente y el lugar que ocupamos nosotros en él. Y no es algo que pueda ser controlado por ningún gobierno ni institución. Es algo tan personal que sirve para que tomes tus propias decisiones, pero no para que nadie te controle. Creo que, siendo de España, lo entenderás: hay diferentes memorias en tu país y todo el mundo tiene el derecho a reivindicarla.
¿Cree que tiene el mismo derecho a reivindicar la memoria alguien cuya familia fue fusilada y sigue enterrada en cunetas que alguien que simpatiza con la dictadura?
Mientras sus relatos no sean contradictorios con los hechos, sí.
¿Sin excepciones?
Bueno, depende de para qué reivindiques esa memoria. Si pretendes instrumentalizarla para uso político o propagandístico, me opongo. La memoria debe servir para tomar mejores decisiones y tener visión de conjunto.
¿La memoria de Auschwitz está siendo instrumentalizada?
Totalmente. Es un símbolo muy potente y estos siempre se instrumentalizan. Lo hacen los políticos la sociedad y algunas ideologías. En todos los debates, cuando se llega a un punto muerto, siempre hay alguien que usa el llamado Reductio ad Hitlerum cuando se queda sin argumentos.
¿Considera que se está usando para justificar el genocidio en Gaza?
Es una situación muy triste, pero confusa. Desde el principio, no entiendo cuál es el objetivo de todo esto. Especialmente desde que los Estados Unidos entraron en el juego. Eso no ayudó. Recuerdo que, cuando Trump empezó a hablar de sus intenciones de crear la Riviera de Gaza, el porcentaje de antisemitismo creció por toda Europa. Fue algo increíble.
¿Ese fue el principal problema?
Bueno, es que… Hay emociones muy fuertes alrededor de esta situación que no son naturales. Hay muchos influencers que construyen estas emociones, especialmente en las universidades de Estados Unidos, y hacen cosas que nunca había visto antes. Y hablo de gente que, en el 95% de los casos, no saben dónde está Gaza y, aun así, protestan. Gritan eso de “Desde el río hasta el mar” y no saben ni de qué río ni de qué mar hablan. Pero lo van repitiendo. No sé qué pensar. En este tema es blanco o negro. Quiero pensar que si mi país fuera atacado por otro y hubiera 1.000, 2.000 o 3.000 muertos y secuestrados, pues supongo que el ejército no se quedaría quieto y…
¿Habla de Israel o de Palestina?
… Y creo que hay muchos niveles en este conflicto. La influencia de Hezbolá al principio, de Irán ahora… No tengo claro nada. Sólo que quiero mantenerme positivo y pensar que se va a encontrar una solución. Pero tardará.
Hablaba de los hechos del 7 de Octubre, pero el conflicto en Palestina no empezó entonces. Empezó con la voluntad de Israel de crear un estado judío tras la Segunda Guerra Mundial. Usted dice que la memoria nos debe servir para tomar buenas decisiones, pero en este caso sirve para que un pueblo que sufrió el Holocausto justifique un genocidio ahora.
No creo que ese sea el caso. El Holocausto fue un genocidio, y ese es un término político que habla de la destrucción de una población entera y espero que ahora no estemos en ese punto. La situación es crítica en Oriente Medio, pero no es para nada lo mismo que vimos en Camboya, en Armenia o en Ruanda. Todavía no.
Las cifras de asesinados en Palestina desmienten esa afirmación.
Aunque alguien pueda pesar así, creo que no son ni los influencers, ni los periodistas, ni los historiadores quienes deben definir lo que está pasando. El término genocidio es jurídico, así que no me gusta cuando se usa para comentar lo que está pasando en Gaza. No me gusta que se use ese término para definir algo que no nos gusta.
Decía que la memoria y la política deben estar separadas, pero en 2023 se decidió dejar de invitar a Putin a los aniversarios de la liberación de Auschwitz, pero nunca se ha dejado de invitar a Netanyahu, a pesar de que sobre ambos pesa una orden de detención de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. ¿Qué les diferencia?
Desde el memorial no invitamos a ningún político directamente, es Polonia el que decide. Fue una provocación y no voy a entrar a comentar eso. Siempre me he mantenido al margen de cuestiones políticas.
Decía antes que le molestaban los activistas que corean el lema de “desde el río hasta el mar” y…
Me molestan las instrumentalizaciones. Igual que me molestan todos los productos culturales sobre Auschwitz. Mira, en los últimos 10 años, igual se han escrito unos 50 libros sobre el campo. Nunca son sobre Mauthausen o Bergen-Belsen o Dachau. Siempre es Auschwitz. Y eso es instrumentalización que busca beneficio económico.
¿Por qué le molesta que se escriban libros sobre el campo?
Porque siempre dicen que, aunque sean de ficción, se han documentado mucho y que han consultado a especialistas. Pero cuando le pregunto al jefe del departamento de investigación científica y al jefe de los archivos si alguien se ha acercado a preguntar, en el 99% de los casos no ha habido ni una llamada ni un mail. Eso está mal, porque son productos de ficción, que no se han documentado, y que influyen en la concepción que tienen las nuevas generaciones de lo que pasó.
En los últimos 10 años, igual se han escrito unos 50 libros sobre el campo. Nunca son sobre Mauthausen o Bergen-Belsen o Dachau. Siempre es Auschwitz. Y eso es instrumentalización que busca beneficio económico.
Hace unos años hubo una polémica por las selfies que colgaban los jóvenes cuando visitaban Auschwitz. Afirmó que no le molestaban. ¿Por qué?
No me molestan para nada. Es la forma que tienen de expresarse. No creo que lo hagan con mala intención. En los 20 años que llevo de director, siempre que ha venido un político lo ha hecho acompañado de un par de fotógrafos profesionales. Eso son como los selfies de los jóvenes, pero en su versión de gente rica.
¿Cree que las nuevas generaciones están concienciadas sobre lo que pasó durante el Holocausto?
Mucho más de lo que lo estaban los jóvenes de los 90. El Holocausto tiene mucho más espacio en los currículums educativos que entonces en todas las democracias de Europa. Eso es algo que ha cambiado mucho. Pero de todas maneras, y con esto cerraremos la conversación, el conocimiento histórico no es lo mismo que la memoria.