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Entrevista

Samantha Hudson: “No posicionarte en estos momentos es catastrófico. La imparcialidad no existe”

“Soy maricón, pero también soy cristiano, ellos no me aceptan porque follo por el ano. No sabía yo que el sexo anal fuera un pecado, seguro que la Virgen ya lo había practicado”, entonó Samantha Hudson en 2019, en su canción Maricón. Antes de que cantantes como Rigoberta Bandini en Jesucrista Superstar y Rosalía en Lux abrazaran la religión como columna vertebral de su música, esta performer ya la había incorporado en sus composiciones. “Si el auge de la espiritualidad va a servir para retomar valores retrógrados, deberíamos revisarlo”, comenta sobre el aumento de las referencias cristianas en el pop internacional.

Samantha Hudson presentará, junto a Petra Martínez, Morris y Elisabet Casanovas, la gala de los Premios Feroz 2026, que se celebrarán este sábado en Pontevedra, en el que la maestra de ceremonias valora que ha sido un año muy diverso tanto en el cine como en las series españolas. Después continuará de gira por España con su tercer álbum, Música para muñecas.

Los domingos es la gran favorita de los Feroz. Una película que habla sobre una adolescente que quiere ser monja y cómo esto afecta a su entorno. En su música, la religión está presente desde hace años pero, ¿siente que ahora se habla más de este tema, o que este filme y Rosalía con Lux han puesto más el foco?

La religión siempre ha estado ahí, la institución eclesiástica es un órgano muy fuerte. Nunca ha abandonado su posición de poder. Aunque quizás haya tenido un declive en cuanto a popularidad en las personas más jóvenes, estamos viendo este auge de, más que del catolicismo per se, de la espiritualidad. Creo que es porque parece que todo carece de sentido. Todos son estímulos muy contrarios, muy repentinos. Estamos sumergidas en una vorágine de hiperinformación. El contexto político en el que nos encontramos es realmente convulso, el futuro es incierto, el presente nos asusta, el pasado es difuso. Nada tiene profundidad, y mucha gente está encontrando en la espiritualidad esa profundidad. Pero tampoco diría que es el camino concreto.

A mí desde luego no me parece un gran problema que alguien piense en términos espirituales. Ahora, si eso ha de servir para que, de nuevo, retomemos valores tradicionales, retrógrados, recuperemos estructuras del pasado, antiguas jerarquías y ensalcemos de nuevo a instituciones que históricamente han oprimido a muchísimos colectivos vulnerables y han reproducido una violencia sistémica; igual deberíamos revisarlos.

Quizás el peligro esté en quién se apropia de ello, para aprovecharlo, como si la extrema derecha lo utiliza para justificar que el aborto no tenga que existir.

Sí, pero es otro debate. No creo que la estetificación de lo espiritual y el cristianismo tengan un poso tan profundo en cuanto a la vulneración de derechos. No creo que si tú te vistes de monja porque es estético, tengas que tener ese pensamiento exacto. Simplemente pienso que es una capitalización de esa estética, que ahora es como guay, moderna. Lo importante es mantener el espíritu crítico, e intentar descifrar de dónde nace el discurso que tienes. También depende de la persona. Si yo me visto de célibe, igual no tiene el impacto que espera que tenga la ultraderecha. No creo que sea lo mismo pensar que ser monja es 'cookie moni', a que tengas que linchar a la gente y participar de una nueva Inquisición.

Si me vistiera de célibe no tendría el impacto que espera la ultraderecha

Usted es una artista politizada, activista, que siempre ha expresado su opinión pero, a su alrededor como figura pública, ¿siente que hay más miedo a hablar?

Creo que no todo el mundo quiere posicionarse políticamente. Evidentemente hay una presión mediática y miedo a decir algo por perder un trabajo, pero hay otra a la que le da igual y prefiere mantener un perfil neutro y blanco, para acumular el máximo capital que puedan. Esto es una realidad más o menos cuestionable. A mí, desde luego, en los tiempos que corren, me parece catastrófico porque la imparcialidad no existe. No querer tener una postura es una postura en sí misma. Yo comprendo que a veces no hables porque igual no estás muy informada, te dé miedo equivocarte, pero que no nos tomen por tontas. Hay personas que simplemente no quieren tomar cartas en el asunto para ocupar cierto espacio muy determinado.

Es la realidad. Hay un momento en el sistema, en la industria, donde ciertos cargos solo los puedes ocupar si tienes un perfil lo menos problemático posible, y es una decisión de cada una adoptarla o no. Pero es que se nos viene una muy gorda. Estamos en un momento muy crítico. La ultraderecha está gobernando en muchos países. Estamos viviendo algo muy contundente, y no es solo el genocidio de Palestina. Sudán, el Congo, todos los conflictos mundiales geopolíticos que están abiertos y que pasamos por alto, que suceden de forma inadvertida. O la crisis de la vivienda. No estamos en un punto alegre o cómo de la historia. Nunca lo hemos estado, siempre hay algún demonio al que mirar a los ojos, pero allá cada cual. Si eres una persona pública, tienes derecho a equivocarte y rectificar, pero por lo menos creo que tienes una responsabilidad de no ser tibia.

¿El hecho de que estén sucediendo tantas cosas a la vez, y tan rápido, como que Trump secuestre a maduro, nos está llevando a que terminemos por no saber cómo reaccionar?

Vivimos anestesiadas porque cuando no hay información, no la hay; pero cuando hay demasiada, tampoco. Porque al final, ¿a cuál de todos los 800.000 estímulos que estás recibiendo diariamente en las noticias, los medios, las redes, contexto personal, prestas atención? Se genera una especie de censura por sobrecarga. También más que anestesiados, hay mucha desesperanza. El futuro es incierto, el presente da miedo y el pasado nos lo están arrebatando. EEUU ha hecho esto más veces, parece que poco a poco se va diluyendo lo que hemos vivido, y eso nos hace estar condenadas a repetir ciertos capítulos.

Tal vez también estamos muy fragmentadas, atomizadas. Como vivimos en un mundo que nos empuja al individualismo, no hay organización. Es complicado movilizarse. Pero para mí el punto clave es que la gente no encuentra sentido a la vida y eso es un caldo de cultivo para la ultraderecha. Si no tienes una razón para existir: te la dan ellos: ser español, ser estadounidense, y combatir un enemigo muy claro que, por supuesto, han delimitado ellos.

Aunque la gente crea que es una idea que ha nacido de su cabeza, son relatos perfectos, discursos perfectamente articulados que van inoculando poco a poco a través de campañas de odio, apariciones cómicas en redes sociales que convierten en memes con los que empatizas, a través de medios de comunicación generalistas que tienen muchos intereses en que ganen ciertas figuras como Donald Trump. Luchamos contra un monstruo muy grande porque tienen infraestructura, poder, dinero, medios. ¿Cómo lucho contra esa gente, si ni siquiera puedo pagarme el alquiler? Los cimientos con los que puedo construir mi futuro se tambalean continuamente, ¿desde qué seguridad puedo luchar yo contra esto que me preocupa? Y tiras la toalla, y es comprensible.

Pero quiero lanzar un mensaje, porque no me parece bien que nos instauremos en la desesperanza. No quiero que la gente sienta que el nihilismo es la respuesta, que todo está perdido y que, por tanto, no merece la pena luchar por nada. Porque lo hemos hecho más veces, y porque el mundo ha estado peor en cuestión de derechos sociales en muchos momentos de la historia. Pienso en mi colectivo, con la Ley de Vagos y maleantes, de peligrosidad social, en todas las mujeres trans que vinieron antes que yo y resistieron gracias al apoyo de otras que como ellas estaban luchando por la misma causa. La reducción de la jornada laboral, los derechos LGTB, la lucha feminista. Lo hemos hecho más veces y lo vamos a hacer y aunque parezca que nos están ganando la batalla, no pasa nada porque la resistencia es un estandarte de todas las minorías, de todos los colectivos vulnerables y las personas que históricamente se han posicionado en el lado correcto.

Como mujer, ciudadana, artista, ¿cómo ha vivido lo ocurrido con las denuncias de las mujeres que han acusado a Julio Iglesias por agresión sexual?

A mí me sorprende que sigamos viendo la misma respuesta, el mismo discurso que hace años, de revictimizar a las víctimas, de cuestionarlas, de poner en duda, de siempre poner la presunción de inocencia por encima de la protección de la víctima. Y sobre todo me sorprende que la gente crea que es imposible que eso suceda porque, ¿es una figura famosa? ¿Alguien a quien tienes aprecio? Debemos evolucionar ese pensamiento. Hay que acabar con esta idea de que un agresor sexual es una persona marciana, anómala, que aparece por arte de magia, comete la agresión y se va. No, un agresor sexual puede ser nuestro amigo, nuestra pareja, nuestro familiar, una persona de nuestro entorno laboral, alguien a quien tengamos cariño, y por supuesto que un agresor sexual es mucho más que un agresor sexual.

Me preocupa mucho la regresión que estamos teniendo a cosas que daba por asumidas. Recuerdo la ola de feminismo de 2017 en la que participamos muchísimas jóvenes. Era fundamental entender lo que es la violencia de género, la violencia machista, lo que es un abuso, una agresión; y parece que poco a poco toda esta información se va diluyendo, las herramientas que habíamos adquirido. Estamos volviendo a cosas que son aberrantes. Y es que no me extraña, estamos teniendo a políticas poniendo tuits infames relacionando cosas que no tienen nada que ver, defendiendo a una persona simplemente porque es una figura pública de relevancia cultural en este país.

Una persona famosa puede agredir sexualmente a otra. Nosotras mismas podemos agredir sexualmente a otras. Nadie está exenta de ejercer violencia. Y, por supuesto, hay un tipo de violencia que tiene que ver con el género, el machismo, lo patriarcal. Y es algo respaldado en estadísticas, en cifras, en números. No es una cosa que se hayan inventado unas histéricas que quieren acabar con el hombre como dicen por ahí y mucha gente está comprando. Revisémonos, prestémosle atención a esto porque me parece muy grave.

Hablamos de las víctimas, pero, ¿por qué hay tantos hombres que se pueden permitir seguir actuando con impunidad?

Imagino que hay gente que disfruta con ejercer esa violencia. Y luego hay muchos casos, sobre todo de hombres, que realmente no saben que están cometiendo una agresión sexual, que piensan que tocar a su novia mientras está durmiendo es algo de lo más natural, que insistir a alguien es algo totalmente comprensible, o le restan importancia. Porque tienen un sistema que apoya esa narrativa, y porque saben que si alguien dice algo, les acusa, van a tener el apoyo, para empezar de todo su círculo; y después del imaginario popular, del ideario colectivo, del pensamiento hegemónico. Es así, lo estamos viendo con el caso de Julio Iglesias.

Hasta donde yo sé, eran chicas muy jóvenes, racializadas, imagino que tenían una situación laboral complicada, con lo cual, no sería tan fácil dejar un trabajo así como así. Tenemos que tener más amplitud de miras. No podemos volver a ¿y por qué no se fue? ¿Por qué no le paró? ¿Por qué lo consistió? ¿Por qué habla tres años más tarde?

A veces siento que nadie siente que eso quede cerca de ellos o que no les ha pasado. O que si les ha pasado, no lo han sabido ver. Pregúntale a cualquier chica. Todas te van a decir que han sufrido una agresión sexual, acoso callejero, algo. Todas. Y luego le preguntas a ellos, y muchos te dirán que no, que no conocen a nadie. Y no digo que se lo inventen simplemente para excusarse, pero quizás necesitamos más educación con respecto a lo que es o no una agresión, a como saber respetar los límites de la otra persona, a cómo leer la situación.

También hay gente que simplemente tiene un poder soberano y disfruta haciendo uso de ello, y por supuesto no tiene ninguna consecuencia. Mira a Roman Polanski, a Chris Brown, están ahí, siguen dando conciertos, siguen haciendo películas, asistiendo a galas de premios. Y más gente que no sabremos. Donald Trump es presidente de EEUU. ¿Cómo no va la gente a tolerar este tipo de comportamientos si están a cargo de las instituciones, si están siendo figuras reconocidísimas con éxito, con fama, campando a sus anchas? Es un mensaje muy contundente.

Vídeo de la entrevista completa

Vídeo: Salvador Fenoll, Adrián Torrano