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La Copa África de fútbol evidencia la precariedad de migrantes y jóvenes en Marruecos: “Todo el mundo quiere irse”

Soraya Aybar Laafou

Casablanca (Marruecos) —
14 de enero de 2026 23:30 h

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Una expresión se repite desde hace años en Marruecos: “Koulchi baghi ikhwi” (todo el mundo quiere irse). La pronuncian los jóvenes marroquíes asfixiados por una tasa de desempleo que ronda el 39% y las personas migrantes que, desde hace años, buscan migrar a Europa. Las sensaciones son compartidas: falta de horizontes, precariedad estructural y una dignidad que parece asomar más fuera que dentro del país del norte de África. Una consigna que permite leer paralelamente dos realidades que a menudo se presentan como separadas.

Precisamente en esa línea, y en el contexto de la Copa de África de Naciones (CAN) de fútbol de 2025, un grupo de investigadores, activistas, periodistas y organizaciones de derechos humanos han presentado la iniciativa “CAN yama CAN”, un juego de palabras entre las siglas de la competición y la frase árabe kan yama kan (érase una vez). Se trata de un manifiesto suscrito por asociaciones marroquíes e institucionales y denuncia la continuidad de las violencias, la criminalización de la migración y la utilización de los grandes eventos, en este caso futbolísticos, como herramientas de legitimación política.

El antropólogo social en la Universidad de Manchester y firmante del manifiesto Sébastien Bachelet señala en una entrevista con elDiario.es, que la CAN es al mismo tiempo un momento de celebración legítima y un espacio de interrupción crítica. “Estos eventos generan una euforia colectiva que pueden permitir superar brevemente distinciones sociales, pero también corren el riesgo de invisibilizar las violencias estructurales que persisten”, apunta. En el caso marroquí, añade, la competición no puede analizarse sin interrogarse sobre las prioridades de inversión pública, las desigualdades sociales y el lugar que ocupa la migración y la juventud en el proyecto político del Estado.

Mano de obra sin derechos

Marruecos se ha volcado en la organización de la competición de fútbol que reúne a sus vecinos africanos desde diciembre de 2025. Ciudades anfitrionas como Rabat, Marrakech o Casablanca, entre otros puntos del país, se han convertido en espacios de transformación después de más 870 millones de euros de inversión en infraestructuras, movilidad y adaptaciones a los estándares de la FIFA. Este contexto es clave para entender la situación de las personas migrantes africanas durante la CAN.

El torneo no ha supuesto un cambio radical en lo que se refiere a las políticas migratorias porque estas ya se rigen por una lógica estructural del Estado de reorganización espacial de las poblaciones migrantes, según Nabil Ferdaoussi, investigador y estudiante de Antropología Social en la Universidad de Ciudad del Cabo. “El principal efecto de estos grandes eventos en la población migrante es su inmovilización y retención en polos económicos y lugares específicos donde su mano de obra barata resulta indispensable”, señala. En Agadir, por ejemplo, hay más de 10.000 trabajadores migrantes indocumentados que trabajan en 20.000 hectáreas de invernaderos donde crecen frutas y verduras durante todo el año.  

Otras regiones como Berkane, Beni Mellal, Juribga o Kelaat Sraghna dependen en gran medida de los trabajadores migrantes en situación irregular, empleados en condiciones precarias y sin protección legal. “A través de estas decisiones y prácticas, las personas migrantes en Marruecos se convierten en personas sedentarias, pero útiles”, apunta Ferdaoussi.

El principal efecto de estos grandes eventos en la población migrante es su inmovilización y retención en polos económicos y lugares específicos donde su mano de obra barata resulta indispensable

Esta contradicción se vuelve especialmente visible en el marco de la CAN. Como relata Ferdaoussi, “los migrantes ya están integrados en la lógica del mercado”. Es decir, muchos de ellos han participado directamente en la preparación del evento a través de la limpieza de las calles, las obras de construcción o el manteamiento de infraestructuras, mientras que, al mismo tiempo, se han tomado medidas excepcionales para que permanezcan fuera de los espacios relacionados con la CAN.

“Un joven que vendía dashikis (camisa colorida usada principalmente en África occidental) en la playa de Agadir, a unos cientos de metros de la zona de aficionados de la ciudad, a una pareja de turistas blancos fue detenido inmediatamente por agentes vestidos de civil”, apunta Ferdaoussi.

“Al fin y al cabo, la Copa África es africana y puede que no plantee un problema político grave para Marruecos y sus políticas migratorias, en la misma media que, por ejemplo, sí lo haría el Mundial de 2030. La industria turística que acompaña a la organización de la competición futbolística mundial puede requerir de medidas austeras de ”limpieza de migrantes“, añade el investigador. 

Una generación prescindible

Ayoub vive en Casablanca, es graduado en informática y está en búsqueda activa de empleo. “No está siendo fácil”, cuenta. “Hay dinero para la Copa África, mientras que no lo hay para mejorar las condiciones de nuestras vidas”, añade. “Además, Casablanca se está convirtiendo en una ciudad cada vez más cara a raíz de las inversiones extranjeras, competiciones como la CAN o el Mundial de 2030…”. Las reivindicaciones durante las manifestaciones de septiembre y octubre de 2025 apuntan al sentimiento de exclusión en un país que demuestra capacidad para organizar grandes eventos, pero no para garantizar derechos básicos.

La expresión “koulchi baghi ikhwi” toma también fuerza en este sentido. Para Ferdaoussi, el deseo de salir de Marruecos que experimentan las generaciones más jóvenes no es solo migratorio, sino profundamente político. Por su parte, Thierry Desrues, científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (ISEA) de Córdoba apunta que “estos jóvenes no están integrados políticamente. En Marruecos, los partidos que ocupan el Parlamento no representan un conflicto real entre proyectos de sociedad. Su función es, más bien, actuar como intermediarios entre el Palacio y la población, y a menudo servir también a intereses propios. En ese contexto, la juventud no encuentra canales de representación”. 

Romper la falsa oposición entre marroquíes y migrantes

El mercado senegalés del centro de Casablanca está pletórico el 9 de enero, fútbol mediante. Senegal ha ganado a Mali y se clasifica para las semifinales. Entre vítores, el rugido de los tubos de escape de las motos y los pitidos de una decena de vehículos asoman símbolos de convivencia y respeto entre senegaleses y marroquíes. Se difumina por unas horas el discurso dominante, que tiende a establecer una frontera artificial entre marroquíes y migrantes.

Los jóvenes no están integrados políticamente. En Marruecos, los partidos que ocupan el Parlamento no representan un conflicto real entre proyectos de sociedad.

El manifiesto “CAN yama CAN” apunta que la criminalización de la migración no es un fenómeno externo, sino una política que también afecta a la ciudadanía de Marruecos. Bachelet subraya, en ese sentido, que la cuestión migratoria no puede entenderse como un problema aislado.

“La criminalización de las personas migrantes forma parte de un régimen político más amplio de gestión de lo indeseable”, explica el antropólogo, que añade que la violencia ejercida contra las personas migrantes no es ajena a la frustración política que atraviesa la juventud marroquí, y advierte: “La pregunta es si la CAN no acabará funcionando también como una distracción que permita aplazar o silenciar reivindicaciones sociales más amplias”.