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Entrevista Portavoz del Sindicato de Inquilinas

Alicia del Río: “Es patético usar el accidente de Urda para tumbar una huelga que también es por los servicios públicos”

A finales de 2019, Alicia del Río (Valladolid, 1993) vio los carteles del barrio de Lavapiés donde vivía con bloques en lucha contra los desahucios. Se interesó y se afilió al Sindicato de Inquilinas, que ha crecido desde entonces tanto en afiliados como en peso social y político al mismo ritmo que lo ha hecho la crisis de la vivienda. Hoy, después de que la echaran de un piso compartido del mismo barrio que ahora se vende por más de un millón de euros, es una de las portavoces del Sindicato de Inquilinas, el movimiento social con más poder de movilización de España desde las grandes marchas feministas del 8M. Tras el desahucio de Maricarmen, recuperaron el espíritu del 15M con una acampada que ha estado más de un mes en Sol. Desde allí, impulsaron una huelga general por la vivienda que espera sacudir al país el próximo miércoles. El objetivo: que las casas sean para vivir y no para lucrarse.

¿Cómo afecta el terrible accidente de Urda a esta huelga? 

Cualquier cosa que atente contra la vida de las personas, nos da más fuerza para esta huelga. Las necesidades básicas y derechos fundamentales están en juego y queremos que estén al servicio de las personas y no del lucro de unos pocos, sea el transporte o sea la vivienda. La seguridad de las personas debe estar por encima del lucro y esto lo vamos a luchar con esta huelga.

¿Qué les parece que Feijóo haya pedido desconvocarla? 

La huelga general es precisamente para reforzar los servicios públicos. Intentar utilizar el accidente contra la huelga es patético y es no entender nada sobre este nuevo ciclo de lucha que pide mejores condiciones de vida para los trabajadores. Esto pasa por subir salarios y pensiones, bajar alquileres y reforzar los servicios públicos. Esto solo demuestra la vergüenza que tiene la patronal y cómo se alía con Feijóo. Pero esta huelga no se puede tumbar porque es un clamor social. 

Una vez aprobados los decretos de vivienda, ¿cuál es el objetivo principal de la huelga? 

Reivindicar un cambio de modelo de vivienda de forma estructural. Que las casas dejen de ser un negocio. Por eso tenemos reivindicaciones ambiciosas. También queremos demostrar que cuando la gente se organiza y presiona tiene poder, que no hace falta estar esperando a partidos e instituciones que han defraudado, que podemos arrancar conquistas. 

¿Qué esperan del impacto de la huelga? ¿Debe ser mayor que la acampada?

Esperamos que sea mayor, claro, además es una herramienta histórica que hemos usado las trabajadoras en la historia. Es más fácil participar para todos los ciudadanos y se puede ir a los comités de barrio. Puedes bloquear el transporte, la circulación, frenar el consumo, el trabajo, la ciudad. 

Esos comités recuerdan al 15M y ese espíritu de recuperar la movilización en los barrios. 

Sí, para nosotras es muy importante que el tejido social surja desde allí donde la gente está haciendo la vida, donde se pasa el tiempo, se trabaja o se tiene escolarizados a los hijos, desde allí tenemos que empezar a cambiar el malestar que la gente expresa por organización. Construir barrios en defensa de la vida contra el lucro. 

Salisteis de la Acampada 26S, que ha acabado siendo un movimiento separado. ¿Hay buena sintonía con el resto de movimientos? 

Sí, hay sintonía, simplemente nosotras siempre hemos apostado por potenciar organizaciones que ya existían, que ya veníamos haciendo trabajo del movimiento de vivienda, el sindicalismo laboral, el movimiento ecologista, antirracista, feminista. Lo que decíamos a la gente en la acampada es: una vez has salido de la depresión y del letargo, milita en las organizaciones que tú quieras y desde allí construyamos esa escalada de desobediencia, que ha sido al final la huelga general. 

¿Cómo ven el papel de los sindicatos de clase en esta huelga? 

Celebramos el papel de los sindicatos de clase, porque sin ellos sería imposible llegar a los centros de trabajo. Tenemos modelos distintos en las prácticas y en cómo se concibe el conflicto y la participación de las bases, pero cuando queremos convocar una huelga general, lo importante es la unión para llegar a todos los rincones del país. Hemos unido el sindicalismo de clase, el sindicalismo soberanista y de vivienda, es algo que no pasaba desde hace 14 años. No es una huelga defensiva de respuesta ante un ataque o recorte, sino que estamos proponiendo, a la ofensiva, una conquista de derechos. Para ello está siendo clave la participación de los sindicatos y del movimiento asociativo.  

Las encuestas muestran que los votantes de derecha conectan con parte de vuestras reivindicaciones, pero el PP no parece asumirlas. ¿Les sorprende o les gustaría tener calado también en las propuestas de la derecha? 

Es cierto que resulta sorprendente cómo los partidos pueden estar tan desconectados de sus propios votantes y cómo pueden seguir teniendo esos discursos cuando han visto que la mayoría de sus votantes están a favor de medidas contra el lucro rentista con una de las encuestas que vosotros publicasteis también en elDiario.es. Pero ya no sorprende. Hemos visto en muchos partidos, incluso el Partido Socialista, que lleva la palabra socialista en su nombre, que se posicionan con los intereses del rentismo, exactamente igual que el PP, con un discurso diciendo que lo que hay que hacer es construir, construir, construir, que lo construyan sus amigos, los constructores, que son los que sacan tajada. ¿Para quién van a ser esas casas? Si no hay regulación de precios, ¿quién se las va a poder comprar? ¿Un especulador? Por eso la huelga general tiene que ser un golpe contra los que están al lado del rentismo, sean del color que sean. 

Pero por aclarar, ¿el sindicato de Inquilinas es contrario a la construcción de vivienda?

No, nosotras no somos contrarias a la construcción. Lo que decimos es que primero hay que regular los precios, hay que hacer contratos estables para la vida de la gente, hay que echar a los especuladores y una vez has quitado todo eso que ha agravado el problema, pues a lo mejor hay zonas en las que hay que construir y se construirá con una constructora pública. No puede ser que otra vez se forren los mismos y luego vendan las casas, que no se las pueda comprar ninguna persona o que las compren los especuladores y nos pongan unos alquileres abusivos. 

Primero hay que regular precios, dar utilidad social a pisos turísticos y estabilidad a los inquilinos y después, seguramente haya que construir en algunas zonas, pero con una constructora pública

Los recursos y tiempo que requiere una constructora pública son inasumibles para la emergencia, dirán desde la administración. 

Cuando hay voluntad política, hay dinero. Se tiene que poner en el asador en vivienda, en vez de para presupuestos militares o en vez de para comprar áticos de lujo y todas las corruptelas que tenemos y las mordidas que se llevan las constructoras privadas. Con voluntad política se puede construir, eso está claro. De todas maneras, no olvidemos que la primera medida es expropiar a los especuladores. Todas esas viviendas en manos de especuladores pueden ser recuperadas para el bien común. O también que las administraciones utilicen el tanteo y retracto. Y cada vez que haya una compraventa especulativa se intervenga y se recuperen esas viviendas. Eso es lo que es inmediato. Recuperar viviendas vacías y turísticas, de uso antisocial, la demanda secuestrada antes de construir. 

¿La expropiación es, pues, vuestra principal y primera reivindicación?

No hay una prioridad temporal. Es necesario un paquete de medidas que incluya duración de contratos, límite de precios y que solo se pueda comprar una vivienda para vivir. Tendrás que demostrarlo y si quieres especular, no te la vas a poder comprar. Las familias hoy compiten con inversores. 

¿Es la guerra del Sindicato de Inquilinos contra los rentistas o contra el Gobierno?

No se puede separar. Decimos: rentistas culpables, gobiernos responsables. No se puede entender hasta dónde ha avanzado la crueldad del rentismo sin unas leyes que lo promueven. El papel del Estado es clave para entender cómo hemos llegado a esta situación. Las reglas del juego, que dejan que el mercado regule a favor de la especulación, son un completo fracaso. Como tampoco separar de las inmobiliarias o del brazo judicial con el que atacan a las inquilinas. 

Cuando se habla de rentistas, ¿hablamos de grandes fondos o también caseros particulares? 

Lo que decimos es que no es que haya fondos buitres, hay prácticas buitres que se han extendido entre particulares. Las inmobiliarias muchas veces llaman a los pequeños propietarios a quienes les sobra una casa, que también hay que recordarlo, les sobra una casa, para que hagan negocio con ella. Te llaman y te piden que subas el alquiler, que lo pongas de temporada, etc. A mí me echó una señora que solo tenía tres casas. Si tú coges un piso y lo troceas, pues ya estás siendo un fondo buitre. Es tan buitre el fondo como tu tío Manuel que ha puesto un Airbnb ilegal. Si nos organizamos bien, debe haber una cobertura social de la vivienda, que llegue a todos. 

Más que fondos buitre, hay prácticas buitre, del gran fondo o de tu tío Manuel, que tiene un Airbnb ilegal

Existía una sensación, al menos antes del accidente de Toledo, de que esta huelga puede jugar a favor de los partidos de izquierda, aunque ustedes son críticas con el PSOE y con el Gobierno. ¿Lo comparte? 

Somos conscientes de que esta movilización se la van a querer apropiar el PSOE y los partidos a la izquierda. Pero nosotras apostamos por el sindicalismo de base y no porque la gente piense que con echar una papeleta está el trabajo hecho. El trabajo real es construir poder popular. Las medidas que proponemos atacan directamente a las ganancias del rentismo, con una rentabilidad más alta del Ibex. Eso es un negocio brutal que no nos van a regalar, lo vamos a tener que arrancar a través del conflicto. Claro que hay una tarea histórica de frenar al fascismo, que nos haría la lucha por la vivienda mucho peor. Nuestras compañeras migrantes lo pasarían fatal, iríamos hacia una involución de derechos. Frenar el fascismo es histórico, pero hay que hacerlo desde el poder popular y con una sociedad civil organizada, que es quien debe dar pelea si llegan al poder. 

Sumar fue quien presionó al PSOE para que incluyera sus peticiones en el decreto de vivienda y Ada Colau fue activista por la vivienda. ¿Creen que representa sus reivindicaciones? 

No podemos hacer esa semejanza porque llevamos nueve años de sindicalismo. Cualquier partido político tiene un mensaje muy diferente a nosotros, porque su mensaje es “vótame, que arreglaré las cosas”. Nosotras decimos lo contrario: tenemos que impulsarlo desde abajo, conquistarlo como se conquistó la jornada laboral de ocho horas, con un conflicto de más de 40 días de huelga general que paralizaron la ciudad de Barcelona. Con quien trabajamos no es con los partidos, es con el sindicalismo laboral, de clase y combativo, con el movimiento antirracista, con el movimiento ecologista y con el movimiento feminista y con los colectivos con los que nos encontramos en los barrios. 

¿Pero los partidos lo han intentado? 

No, ha habido rumores que he tenido que desmentir, pero no lo han intentado. Y creo que es porque lo hemos dejado muy claro. Pongo la mano en el fuego de que nadie del Sindicato de Inquilinas de Madrid va a dar ese paso.

Dentro de las medidas aprobadas en vivienda, queda desprotegida la persona que busca vivienda allí donde el precio no está topado, o sea, en la mayoría de Comunidades. Alguien que llega nuevo a la ciudad o se quiere emancipar puede tener que afrontar precios aún mayores y escasez de oferta por la menor rotación. 

Es muy difícil encontrar piso para todo el mundo, incluso para una pareja de propietarios es muy difícil separarse. Hay mucha oferta secuestrada en pisos turísticos ilegales, eso se podría poner de un día para otro en alquiler si se gravan los impuestos de verdad a vivienda turística y vacía. En el Sindicato tenemos bloques medio vacíos por la ofensiva de los rentistas de acoso inmobiliario contra inquilinos, como Tribulete 7, Cid, Mesón de Paredes… El resto de inquilinas están luchando y esos bloques se pueden recuperar para ponerlo a disposición de la gente. Cuando se regulen los precios de los alquileres, cuando se acabe la demanda especulativa, habrá muchísimas más casas disponibles para la gente normal, porque ahora las tienen inversores que las ponen en alquiler fraudulento, trocean, alquilan habitaciones, también temporales. 

El Gobierno topó los precios de alquiler, pero las Comunidades del PP no lo aplicaron y también el Ministerio apunta a la Comunidad y al Ayuntamiento por tener 6.000 pisos turísticos ilegales. ¿Contra quién es la huelga? 

Hay mucho lío con las competencias y los partidos contribuyen porque se están todo el rato echando mierda unos a otros. Esto no es ni contra el Gobierno central ni contra el de la comunidad, porque es contra los dos. Por acción o por omisión, contribuyen a que la vivienda sea un negocio en vez de un derecho. 

¿Por qué crees que el Ministro de Vivienda ha tardado tanto en aprobar los decretos? Si la insuficiencia de la ley en la vida de la gente se ha venido viendo ya desde 2023 y 24.

Porque el Partido Socialista Obrero Español defiende los intereses del rentismo. Esto es una realidad, porque la ley de vivienda de 2023 deja agujeros a la especulación como la temporada y las habitaciones sin regular. Ha sido el mayor caladero de especulación. Entras en Idealista y solo hay anuncios de habitación, encima fraudulentos. Dejaron esos agujeros porque reciben presiones del lobby inmobiliario y eligen responder a estas en vez de a las de la mayoría social. Tampoco es casualidad que Helena Beunza, que fue secretaria de Estado de Vivienda con Ábalos, que dijo que la vivienda era un bien de mercado, sea ahora  presidenta de la patronal inmobiliaria, Asval. Esto es una vergüenza, pero es que antes fue Joan Clos, que era también alcalde en Barcelona. Las puertas giratorias del PSOE con la patronal son un hecho. Ahora en tiempo de descuento y por todo el pifostio que se ha montado hacen algo, pero ¿Qué medida valiente han hecho en toda la legislatura? 

Gobernar de manera tibia en vivienda da alas al fascismo

¿Creéis que Sumar ha presionado lo suficiente para que estas medidas salgan adelante? 

Las críticas son al gobierno progresista en su conjunto, porque tu deber es presionar todo lo que puedas si estás en el Gobierno. Hay una crítica muy severa a todo el Gobierno. Gobernar con tibieza lo único que da es alas al fascismo para crecer. Esto es una crítica que hemos hecho al Gobierno y a los partidos que sostienen un gobierno progresista que ha sido hipócrita. Por eso lanzamos este pulso tan fuerte después del estallido de rabia tras el desahucio de Maricarmen. Porque vimos que había una rabia tan fuerte que podíamos decir a este Gobierno que se dejen de tonterías y que si no son capaces de sacar algo de verdad que se vayan a su casa. Cada día que pasaba así era un día en que el fascismo podía crecer en nuestro país. Ha salido el Gobierno a decir que el PIB iba muy bien, que los salarios crecían muy bien, que España es la economía que más crece en Europa. Y decir eso mientras desahucian a la gente y mientras no se puede llenar la cesta de la compra y no puede poner la calefacción es dar cancha al fascismo. 

Pero hemos visto en Brasil que, sobre todo en la segunda vuelta, que todos los movimientos de izquierda, incluso los más críticos, han hecho una campaña por Lula para frenar a Bolsonaro. No sé si al Sindicato de Inquilinas le puede dar cierto miedo que un mensaje crítico con el PSOE pueda dar fuerza a las derechas. 

Ya que mencionas Brasil, nosotros tenemos un referente muy importante en el Movimiento Sin Tierra. Hemos estado con ellos y queremos construir un poder popular tan fuerte como el suyo, que es capaz de impulsar por sí mismo la Reforma Agraria Popular. No tienen que pedírsela a Lula o al PT. Ocupan la tierra y hacen la reforma agraria. Evidentemente, prefieren tener a Lula en el Gobierno que a Bolsonaro, que fueron cuatro años de involución en el país. Nosotras decimos: si gobiernan los fascistas, nos va a ir muy mal y vamos a retroceder en derechos. Intentemos que no gobiernen los fascistas, pero al mismo tiempo construyamos un poder popular fuerte para hacer una reforma inmobiliaria popular y que las casas sean para vivir y no para especular. Esto no va a venir porque Pedro Sánchez o Ada Colau estén en el Gobierno, sino por hacer una huelga general potente. El 11 de noviembre será un punto de partida. 

El problema de la vivienda no lo va a solucionar una papeleta en unas elecciones, es necesario un poder popular fuerte para conquistar derechos

El Sindicato de Inquilinas se centra en los problemas del alquiler, pero los precios de compraventa también están disparados e inalcanzables. ¿Existe alguna reivindicación concreta al respecto? 

Si se cumpliera que las casas fueran para vivir y no para especular, ya caerían la cantidad de hipotecas que se hacen a tocateja. A mí la vivienda de la que me echaron, que me desahuciaron en junio, está por 1.200.000 € en Idealista. Nos alquilaron el piso que antes era un Airbnb ilegal y en la pandemia logramos tener un contrato allí porque la casera estaba perdiendo dinero. ¿Quién puede comprar un piso por 1,2 millones? Un inversor. Tenemos que echar a los inversores para que la gente normal pueda comprar casas. Tampoco puedes vivir ahogada por una deuda de una hipoteca con altos intereses, con miedo a hacer huelga porque tienes miedo a que te echen. Queremos un nuevo modelo en el que no haya que elegir entre una asfixia u otra y que otros modelos como la vivienda cooperativa también tengan cabida. 

De alguna forma el 26S ha sido un 15M de vivienda. Por seguir con el paralelismo, ¿no da un poco de miedo que todas estas reivindicaciones se disipen del todo con la llegada de la derecha al poder? 

Por supuesto que es un riesgo. Por eso siempre decíamos: “No os enamoréis de la acampada”. La acampada es una herramienta y en cuanto convocamos la huelga general, lo que dijimos es que había que estar en los barrios construyéndola. Hay que formar comités de huelga unitarios que recojan a la gente que quiere militar o ya lo hacía. Gente del movimiento por Palestina, asambleas de profesores de Menos Lectivas en cada barrio, etc. Esas redes van a trasladar aprendizajes, reforzar el sindicalismo de base haya un gobierno fascista o progresista. La acampada ha sido un espacio de contrapoder y de devolver esperanza y politizar, pero hay que reforzar estructuras estables, con estrategia y agenda propia. 

El poder que ya tenéis os ha permitido sentaros con el Ministerio de Vivienda antes de la redacción de las diferentes leyes. ¿Os habéis sentado alguna vez con Ayuso o Almeida? 

No, nunca. 

Entonces, ¿en caso de que llegue el PP al poder, si sigue esa tónica, creen que puede escalar mucho el conflicto, al no haber interlocución para abordar los conflictos? 

Cada escenario te da oportunidades. Tenemos que estar organizadas para dar golpes fuertes que hagan que se sienten a negociar. Eso quiere decir atacar el capital, generar un daño económico, paralizar la vida. Si lo hacemos en un gobierno fascista o como el de Ayuso, que ya sabemos de quién es fan, pues sabemos que lo vamos a hacer en peores condiciones. Nos van a reprimir más. La ley mordaza va a ser una merienda de niños comparado con cómo nos van a reprimir. Y a las compañeras migrantes más. Queremos evitar que eso pase. No nos hemos sentado con Ayuso ni con Almeida porque tienen una batalla cultural contra nosotras, como no se han sentado con las educadoras infantiles o con el profesorado tras meses de huelgas. Imitan a Milei y a Trump. 

Recientemente, anunciasteis un gran concierto en Vistalegre y generó cierta polémica que las entradas se vendieran por Ticketmaster, acusada de prácticas monopolísticas y cuyo principal accionista, Liberty Media, invierte en tecnología en Israel. ¿Qué le parecen las críticas? 

Es normal que se den estos comentarios, pero no hemos tenido capacidad de negociación. Nos han obligado a cogerlo porque es como trabaja VIstalegre y no había otros escenarios de estas características. Ojalá en otro momento podamos negociar mejor las condiciones. El evento vendió 5.000 entradas en cinco horas y ha sido increíble el apoyo del mundo de la cultura para estar ahí. 

Decíamos que esta huelga se organiza desde los barrios. ¿Cómo puede participar un lector que no sepa cómo hacerlo?

Está habiendo muchas reuniones de comités de huelga en los barrios. Pueden consultar en el Instagram del sindicato cuando hay una en su barrio. Existe también una aplicación, Tola, que a partir del código postal te permite ver qué actividades hay y apuntarte directamente a una pegada de carteles, repartida de panfletos, centenares de actividades.