La Telefónica que deja Alierta: un gigante internacional con mucha deuda y el reto de la economía digital

César Alierta (Zaragoza, 1945) todavía es, hasta el 8 de abril, uno de los presidentes ejecutivos de más edad de entre las 50 compañías por capitalización bursátil en la zona del euro y uno de los más añejos en el mundo de las telecos. Sin una explicación sobre las causas de su dimisión, la edad parece una razón de peso en el paso atrás que ha dado para dar paso a su delfín, José María Álvarez-Pallete.

Alierta aterrizó en la compañía casi en plena cresta de la ola. Con un pie en las vacaciones de agosto, la principal compañía telefónica española precipitó el relevo en su cúpula después de que el diario El Mundo destapara el escándalo de las stock options del entonces presidente, Juan Villalonga.

Villalonga, íntimo de José María Aznar, había utilizado información privilegiada para revalorizar un importante paquete de 'stock options' con el que había conseguido pingües beneficios. El Mundo destapó la operación en junio y el 25 de julio la compañía pactó con el directivo su retirada. Apenas 24 horas después se anunció el nombramiento de Alierta, entonces presidente de Altadis y también consejero del gigante telefónico.

El maño tuvo que tomar las riendas en un momento tumultuoso de gestión corporativa en el que era difícil prestar atención al tsunami bursátil que estaba a punto de sacudir a las bolsas de medio mundo. La burbuja de las puntocom había disparado las acciones de las telecos, con Terra, por entonces filial cotizada independiente, como principal punta de lanza del sector en España.

El desplome de la compañía fue brutal y aquellos maravillosos 21 euros por acción con los que Alierta aterrizó en su despacho solo se volvieron a soñar en el siguiente ciclo expansivo de la bolsa, en 2007. A día de hoy el precio de los títulos se queda por debajo de los 10 euros. Con todo, el mercado la ha tratado tradicionalmente mejor que a sus competidoras, que han tenido unos años de calvario bursátil.

Así, pese a esta penalización en bolsa, el cambio que supuso Alierta frente a Villalonga fue bien acogido. Como resume Gisela Turazzini, consejero delegado de Blackbird, “la compañía logró modificar un modelo de negocio, basado en las excentricidades de Villalonga en la burbuja y pasar a un modelo más sólido, con el liderazgo del hombre fuerte de Ducados. Creemos ahora que el continuismo seguirá en la operadora”.

El cambio ha sido acogido bien por los mercados que han propinado una subida del 1,5% a la acción. “Es momento de renovaciones y de cambios”, sentencia Marga Rivas, bróker de Avalon. “Es una persona joven y conocedora del mundo digital, el mercado lo interpreta positivamente”, añade.

Menos valor en bolsa, más en la vida real

Aunque durante estos 16 años de mandato el mercado ha ido achicando el tamaño de la empresa (su valor en bolsa se ha reducido más de un 40% desde su llegada) la empresa ha multiplicado en la economía real su tamaño hasta ser la principal operadora europea y una de las más grandes del mundo. Multiplicó su tamaño a golpe de talonario, comprando compañías en grandes mercados internacionales como Brasil, Reino Unido y Alemania. Las compras, no todas hechas con tino, han incrementado su deuda hasta convertirla en la más elevada de las operadoras europeas: más de 66.000 millones de euros.

Este es uno de los retos a los que se enfrenta su sucesor, Álvarez-Pallete. Menguar el tamaño de la deuda, un objetivo que se abordará con la venta de la operadora británica O2. Pero el ejecutivo que toma el relevo en Telefónica, conocido runner y habitual tuitero, también tiene otro desafío por delante: competir en un mundo donde las 'app' permiten hacer llamadas telefónicas y donde las redes sociales han sustituido los mecanismos tradicionales de comunicación. El nuevo orden económico que supone la economía colaborativa es mucho más difícil de lidiar que un problema tradicional y centenario como la necesidad de reducir la deuda.

Sara Carbonell, de CMC Markets, amplía el número de asignaturas pendientes en la lista de deberes del sucesor. “Álvarez-Pallete será el primer presidente de la compañía que ha pasado por varias áreas, lo que significa que conoce por dentro el modelo. La situación de Brasil, la diferente regulación que existe entre las compañías del sector frente al de las redes (lo que implica apostar por los contenidos), mantener el dividendo con la elevada deuda actual, la venta de O2 o adaptarse a la economía digital son algunos de los retos a los que tendrá que hacer frente el nuevo presidente”, detalla la analista.

Brasil es uno de los mercados donde la operadora está funcionando bien tras la compra de GVT en 2015. “Otro de los frentes que tiene abierto se encuentra en Brasil. La recesión que atraviesa no está siendo obstáculo para que Brasil sea uno de los mercados donde más está creciendo y que ya supone la cuarta parte de los ingresos del grupo”, explica Felipe López, analista de Selfbank.

En cuanto al resto de mercados, los puntos conflictivos están en México y Alemania, según explica Adrián Poyo, analista de XTB. En el caso de México, la compañía no ha conseguido desbancar a América Móvil, la operadora del multimillonario inversor mexicano Carlos Slim, que ahora quiere controlar FCC. A esta competencia se suma que en 2015 la estadounidense AT&T anunció su entrada en ese mercado. En Alemania, la empresa no puede ofrecer aún paquete de telefonía móvil y fija combinados ya que solo ofrece servicio en el primer canal, añade este analista.

A vueltas con el poder político

También la nueva Telefónica tendrá que vérselas con el nuevo estilo de gobierno corporativo. Telefónica ha sido en parte fiel a sus principios de monopolio estatal y ha acogido a la izquierda y a la derecha a políticos apátridas en su seno. El caso más sonado fue la resistencia de la operadora de deshacerse de Rodrigo Rato, amigo personal de Alierta (vicepresidente económico en el momento de su nombramiento) que dimitió de sus cargos seis meses después de estallar el escándalo de las tarjetas black.

En sus filas han estado contratados Eduardo Zaplana, Javier de Paz (amigo íntimo de Zapatero), Narcís Serra o el exjefe de la Casa del Rey Alberto Aza. Telefónica fue refugio laboral para Iñaki Urdangarin en pleno estallido del caso Nóos y los últimos fichajes polémicos han sido los de Trinidad Jiménez y Yolanda Barcina, en este último caso en Canal Plus.

Decidido a tener un papel protagonista en las decisiones políticas, Alierta presidía su propio lobby, el que formaba un grupo de grandes corporaciones bajo el nombre de Consejo Empresarial de la Competitividad. El foro se creó en 2011 para presionar al Gobierno sobre las reformas que este grupo de empresarios creía necesarias para España. Alierta había renovado la presidencia cada dos años, aunque el grupo estaba de capa caída desde las elecciones del 20D.

El futuro de Alierta pasa por un puesto cómodo dentro de la casa: la presidencia de la Fundación. Pese a sus 70 años y la posibilidad de embolsarse un millonario plan de pensiones, el zaragozano continuará con un discreto papel dentro del gigante telefónico, en una suerte de retirada parcial. Modestamente dotado en el don de la palabra, desde la empresa aseguran que se dedicará a la “Educación digital” en su nueva posición. Dicen sus biografías que es un apasionado lector de filosofía, a la que también se podrá dedicar con más holgura.