La tragedia de Adamuz (Córdoba) obligó a cancelar esta semana dos de las fotos más esperadas del año en el ala económica de La Moncloa: la del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Foro Económico Mundial —lo más parecido a un Tomorrowland del neocapitalismo global— y la reunión del jefe del Ejecutivo con los principales directivos del IBEX que acuden al encuentro en la pequeña localidad alpina de Davos (Suiza).
En su lugar, fue el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, quien presidió el encuentro con las grandes empresas españolas, y escuchó las preocupaciones de los ejecutivos por la incertidumbre global desatada, de nuevo, por las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer nuevos aranceles; para él, la palabra más bonita del diccionario.
Si bien Cuerpo estuvo acompañado por el ministro para la Transformación Digital, Óscar López, que ejerce un papel más político en el día a día del Ejecutivo, la agenda del titular de Economía estuvo repleta de reuniones con la élite económica global (la gestora de fondos Blackrock, las tecnológicas Qualcomm, HP y Cohere), citas con inversores para presentar el nuevo fondo soberano, entrevistas con medios internacionales y una intervención en un panel sobre economía europea, en el que se sentó a la vera de la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde.
“Es un buen ejemplo de transgredir con su iniciativa”, loó la francesa, hablando de la propuesta española de poner en marcha una “coalición de voluntarios” entre los gobiernos de la Eurozona para avanzar en la integración económica sin que los Estados miembros más reticentes puedan ponerle freno. En la mesa también participaban otros grandes ejecutivos de la banca y la inversión del continente.
La escena, lejos de ser anecdótica, es ya habitual porque España ha pasado de ser el ‘patito feo’ del euro en la crisis del 2008 a ser la gran economía que más tira del crecimiento europeo. Y también un botón de muestra del peso del Ejecutivo de Sánchez a escala europea y del buen hacer de Cuerpo, que habla perfecto inglés y hasta se atreve con el japonés, como 'embajador' económico del Gobierno.
De 'número tres' de Economía a confrontar con Yolanda Díaz
Cuerpo, técnico comercial del Estado, dio el salto a lo más alto del Ministerio de Economía en diciembre de 2023, cuando Nadia Calviño fue elegida presidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI). De ser un casi desconocido secretario general del Tesoro Público, ha pasado a ser el ministro mejor valorado del Gobierno (es el único que aprueba, con un 5,3, según el CIS) y también el que más ha comparecido en rueda de prensa tras las reuniones semanales del Ejecutivo: casi una veintena de ocasiones, según los datos recogidos por Público.
Los buenos datos económicos —todavía mejores en la macro que en el día a día de los españoles—, la fallida opa hostil del BBVA al Banco Sabadell, o el diseño del Plan de Relanzamiento Comercial en respuesta a los aranceles de Trump son solo algunos de los expedientes que han pasado por la mesa de su Ministerio. Él fue el encargado de negociar con los grupos políticos la aprobación de esta red de apoyo, como también de encajar jurídicamente el embargo al comercio de armas con Israel. La confianza de Sánchez en él es tal, que Cuerpo fue el encargado de viajar a Estados Unidos para reunirse con su homólogo, el secretario de Comercio, Scott Bessent, en pleno tira y afloja por los aranceles y por el enfado en la Casa Blanca —que sigue— por la inversión española en Defensa.
Cuerpo se curtió en Bruselas en su etapa al frente del Tesoro Público durante las eternas negociaciones europeas para reformar las reglas fiscales y ahora es el encargado de 'filtrar' todos los asuntos económicos que se elevan al Consejo de Ministros. Su tono conciliador lo aleja de la confrontación partidista. La oposición evita hacerle preguntas en las sesiones de control. Entre otras cosas, por la mala experiencia con Calviño, que se crecía en los embates parlamentarios.
Pero es en el seno del Gobierno donde ha encontrado las mayores resistencias. Sánchez escogió a María Jesús Montero como vicepresidenta en sustitución de Calviño, pero erigió a Cuerpo como responsable de la política económica al colocarlo al frente de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos (CDGAE). Es el ‘consejillo’ de ministros económicos, la reunión que mastica todos los grandes asuntos del área. Y es el lugar donde, acusa la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, se frenan sus proyectos.
En el Ministerio de Trabajo han pasado de verlo como uno de los suyos (formó parte del primer comité de expertos para subir el salario mínimo) a la personificación del neoliberalismo. A raíz de las negociaciones para sacar adelante la reducción de la jornada laboral, Díaz acusó a Cuerpo de frenar su tramitación interna. Llegó a decir que era “casi de mala persona” negarse a reducir media hora el tiempo de trabajo. Los dos socios llegaron a un acuerdo y finalmente se aprobó en el Consejo de Ministros tal y como Díaz acordó con los sindicatos. Pero en el Congreso no llegó a superar el trámite de totalidad por el rechazo de Junts.
Sucedió lo mismo, recientemente, con la prórroga de 600.000 contratos de alquiler. Díaz aseguró que llevaría a la CDGAE un Real Decreto-Ley con la congelación de estos arrendamientos. Lo dijo antes del parón navideño. En un encuentro antes de las vacaciones, una fuente gubernamental subrayó, medio en broma medio en serio, que a la CDGAE solo va lo que dice Economía. Y cuentan desde el Ministerio de Trabajo que también está frenando su reglamento para promocionar las entidades de la banca ética, algo sobre lo que la cartera de Cuerpo no comenta.
El control de la CDGAE es clave. Nadia Calviño lo ejerció con mano de hierro durante su mandato. “Yo hasta que llegué al Gobierno, pensaba que el Comité Central del Partido Comunista de España era la reunión más dura que te podías encontrar en política. (...) En este tiempo como ministro he descubierto que no. Que lo más duro que hay en política es la CDGAE”, bromeó el exministro Alberto Garzón en su último Consejo de Ministros, en noviembre de 2023. A la entonces vicepresidenta la broma no le gustó.
La presidencia de la CDGAE afecta a los equilibrios internos del Gobierno. Por ejemplo, durante el mandato de Mariano Rajoy (2011-2018) fue el propio presidente el que asumió el liderazgo de la Comisión Delegada, colocando a su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, como 'número dos' también en este organismo. Entonces lo justificaron con la severidad de la crisis. Pero el objetivo era no dar alas ni a Luis de Guindos ni a Cristóbal Montoro, ministros de Economía y Hacienda, respectivamente, y que pugnaban entre ellos por el control de la política económica del Ejecutivo.
El área económica del Gobierno va a experimentar una remodelación clave en los próximos meses por la salida de María Jesús Montero hacia Andalucía. Todos los ojos están puestos en Cuerpo, cuya iniciativa de crear un fondo soberano para dar continuidad a los Next Generation ha desatado el interés de los inversores. Su nombre ya sonó como posible candidato en Extremadura, ante las fatídicas previsiones electorales del defenestrado Miguel Ángel Gallardo. O como alcaldable de Madrid. El cargo al que sí aspiró fue al de presidente del Eurogrupo, pero los difíciles equilibrios europeos y la falta de apoyos hicieron que fuera el tercer ministro de Economía español en intentarlo y fallar. En su contra, hay quienes ya hablan —y dentro de los propios socios del Ejecutivo— de que es un perfil demasiado técnico y hace falta darle impulso político al Gobierno. Pero Calviño también era, en apariencia, tecnócrata. Y sorprendió.