Las carreras internacionales por el BCE, la OIT y la FAO marcan el último curso de la legislatura
El último curso de la legislatura arranca con la atención puesta en Ceuta, con la mirada en la comparecencia en el Congreso de Pedro Sánchez el próximo 3 de septiembre y con la maquinaria de La Moncloa trabajando, en un segundo plano, en tres carreras internacionales que van a marcar el último tramo del mandato. La aspiración de España al liderazgo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con Yolanda Díaz de candidata; el de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, en sus siglas en inglés), con el ministro Luis Planas; y, previsiblemente, al Banco Central Europeo (BCE), determinarán si Sánchez mantiene el aura fuera de España o si su postura sobre Gaza y la regularización han opacado su brillo.
La influencia del Gobierno a escala internacional se tradujo en 2023 y 2024 en los nombramientos de Nadia Calviño y Teresa Ribera, ambas vicepresidentas con Sánchez, como, respectivamente, presidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y comisaria al frente de la todopoderosa cartera de Competencia en la Comisión Europea, además de ser, de facto, la ‘número dos’ de Ursula von der Leyen.
Pero en el expediente de Sánchez también hay fracasos, como la aspiración de Calviño a la dirección general del Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2019 o a la presidencia del Eurogrupo. También Carlos Cuerpo, ahora vicepresidente económico, aspiró a ese puesto, sin éxito, hace un año.
Díaz pelea por la OIT
La primera batalla que dará el Gobierno será la de la vicepresidenta Yolanda Díaz para dirigir la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la agencia tripartita de Naciones Unidas sobre derechos laborales. Esta carrera parece que se librará solo frente a su actual director general, Gilbert F. Houngbo, presentado de nuevo por el Gobierno de Togo, aunque aún pueden presentarse candidaturas alternativas hasta el 31 de agosto, a final del día. A partir de entonces, los aspirantes tienen dos actos centrales: uno el 23 de septiembre, un evento interactivo con público. Otro, el 9 de noviembre, “un evento privado con el Consejo de Administración para explicar el proyecto de los candidatos”, explican en el equipo de Díaz.
Después, llega la fecha de la verdad: el 16 de noviembre es la votación secreta. El Consejo de Administración –con presencia de países miembro, los sindicatos y las patronales– elige al próximo director o directora general de la OIT, que comenzará su mandato el 1 de octubre de 2027, con la legislatura en España ya acabada. No es una competición sencilla para la candidata española, reconocen varias fuentes, pero en su equipo defienden que se van a volcar para que Yolanda Díaz sea “la primera española y la primera mujer en dirigir la OIT”, fundada hace algo más de un siglo.
El programa presentado por Díaz ya ha mostrado el enfoque de su campaña: presentar una alternativa a una “OIT en crisis” bajo la gestión actual de Houngbo, debido a las dificultades financieras por el impago de millonarios fondos por parte de EEUU y a una escasa ambición de la organización frente a retos como la Inteligencia Artificial (IA) y el cambio climático.
Mientras el actual director general de la OIT se ha acercado a la Administración Trump, con el ofrecimiento de puestos de poder en su equipo, Yolanda Díaz pide hacer frente a esta “encrucijada” reforzando el organismo y buscando nuevas vías de financiación.
La competición de España en la OIT está sobre todo volcada en ganar apoyos entre los países, con muchos intereses geoestratégicos cruzados. Aunque Houngbo tiene el apoyo de muchos estados africanos, en el equipo de Díaz sostienen que hay muchos factores que influyen en la votación, más allá de la cercanía territorial de los votantes.
España es un país con mucha participación en la OIT, miembro fundador y, actualmente, el Estado que más convenios internacionales del trabajo ha ratificado. A favor de Díaz también cuentan los éxitos laborales de España bajo su gestión, en la que el mercado de trabajo ha alcanzado empleo récord, se han pactado reformas estratégicas con los agentes sociales y se ha reducido el problema del empleo temporal a mínimos históricos. Si es nombrada, Díaz ha avanzado que seguirá al frente del Ministerio hasta el final de la legislatura.
Luis Planas, a la FAO
Si bien la carrera por la OIT se decidirá primero, el primer integrante del Ejecutivo en postularse a un puesto internacional fue el titular de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas. El Gobierno presentó en marzo su candidatura a la dirección general de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, en sus siglas en inglés), un organismo que busca la seguridad alimentaria y esa meta imposible que es erradicar el hambre en el mundo.
Una FAO que en los últimos meses ha ganado relevancia y posicionamiento internacional, por ejemplo, criticando las consecuencias del enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán, al entender que pone en “riesgo la seguridad económica y alimentaria mundial”.
La pelea por dirigir la FAO no es un proceso de un día para otro. La elección del relevo del exministro chino Qu Dongyu no se llevará a cabo hasta finales de junio de 2027. La presentación oficial de las candidaturas no concluirá hasta este mes de noviembre.
Y tampoco es la primera vez que España trata de posicionar a un ministro al frente de esta institución, porque ya lo intentó en 2011 con el extitular de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. No lo logró.
En esta ocasión, la pelea por ese puesto no está clara ni a escala europea, porque la candidatura de Planas se ve las caras con otros dos nombres de la UE que también se postulan: el italiano Maurizio Martina, exministro de Agricultura, quien, además, es el actual subdirector general de la FAO; y el irlandés Phil Hogan, excomisario europeo de Agricultura y Comercio, que tiene el respaldo del Partido Popular Europeo y de Francia, el país con más peso agrícola dentro de la UE.
La UE quiere, de entrada, un candidato único, porque la FAO no está dirigida por un europeo desde el año 1975. El último fue el neerlandés Addeke Hendrik Boerma. Así que a Luis Planas –y al Gobierno español– le toca hacer campaña para ganarse, primero, el respaldo de Europa de cara a lograr, después, una mayoría de países dentro de los 193 que integran la FAO, donde cada Estado miembro tiene un voto. Y de resultar Díaz elegida al frente de la OIT, la carrera de Planas podría no pasar de un ‘sprint’.
La apuesta por el BCE
La salida de Luis de Guindos de la vicepresidencia del BCE a finales de mayo dejó a España, de nuevo, sin un sillón en la sala de máquinas del supervisor del euro. Mariano Rajoy consiguió colocar a su ministro de Economía en una de las posiciones más relevantes de la Unión Europea en 2018, tras más de un lustro de ostracismo a nivel comunitario por la condición de España de ‘farolillo rojo’ del conglomerado durante la crisis.
La situación ahora es diferente y en los pasillos del Ministerio de Economía y de La Moncloa creen que se puede dar la batalla por un asiento relevante en el Comité Ejecutivo del BCE. La economía española brilla desde la pandemia y España, que representa el 10% del PIB de la Unión, actúa como motor frente al estancamiento de Alemania, Francia e Italia. Los mandatos del economista jefe, Phillip Lane, y de la representante alemana Isabel Schnabel terminan el año que viene.
Pero el puesto en el que están puestas todas las miradas es la Presidencia, que actualmente ocupa Christine Lagarde. Aunque su mandato finaliza en octubre del año próximo, la francesa ha dado numerosas muestras de estar buscando acelerar su salida. Bien para volver a la política francesa (amagó con ser una “voz europea” en el debate presidencial), bien para liderar el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), el organizador del Foro de Davos.
La prensa suiza recogía hace unos días, citada por la agencia Reuters, que Lagarde se ha mostrado dispuesta a “servir” al WEF, que lleva casi un año sin presidente tras la renuncia del noruego Børge Brende por sus relaciones con el multimillonario pederasta Jeffrey Epstein.
Una salida anticipada permitiría renovar la cúpula del BCE antes de las presidenciales francesas del año próximo, en las que Marine Le Pen acaricia la victoria. Y, al mismo tiempo, permitiría a Sánchez apostarlo todo con el candidato más señalado por las apuestas: el exgobernador del Banco de España Pablo Hernández de Cos, ahora director general del Banco de Pagos Internacionales.
Hernández de Cos es visto como el candidato mejor cualificado para presidir la institución y, aunque se cuidan de no decirlo en público, en el Gobierno se ve con buenos ojos su promoción, aunque durante su mandato al frente del Banco de España fuera especialmente crítico con la política del Ejecutivo de Sánchez.
Pero su currículum no lo es todo, ya que el nombramiento surge de una negociación entre los Estados miembro del Eurogrupo, donde priman no solo corrientes ideológicas sino también equilibrios regionales y de género. Y ahí es donde España tiene que jugar bien sus cartas. Otro nombre que suena es el de Calviño, ahora en Luxemburgo. En el Gobierno no quieren desvestir un santo para vestir otro. Y ella ha negado rotundamente aspirar al cargo. Pero en las negociaciones europeas nunca se dice nunca.