ENTREVISTA Director ejecutivo de CEARC
Haizam Amirah Fernández, experto en Oriente Medio: “Un cierre de Ormuz es un arma de destrucción masiva socioeconómica”
El director ejecutivo del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), Haizam Amirah Fernández (Valdepeñas, 1974), cree que el conflicto bélico desatado en Oriente Medio hace diez días por un ataque conjunto de Israel y Estados Unidos a Irán tiene pocos visos de solucionarse pronto. “La experiencia nos dice que la parte fácil es empezar una guerra, lo difícil es acabarla”, responde en una entrevista con elDiario.es.
La situación en la región es volátil y tanto la guerra como los mercados se encuentran a merced del teclado de un solo hombre: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Este lunes dijo que la guerra estaba “casi terminada” y la reacción más inmediata fue la caída del precio del petróleo, que llegó a rozar los 120 dólares por barril. “Quiere mostrar que controla la situación y que los demás se someten, pero la pregunta es: ¿qué significa que la guerra está acabando?”, se cuestiona Amirah Fernández, que también da clases en IE School of Politics, Economics and Global Affairs, en Madrid. Las tensiones están lejos de acabar y la situación del Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% de la energía que se consume en el mundo, sigue siendo delicada. “No hay una alternativa inmediata”, asevera el experto.
¿Considera que, como dice el presidente Trump, la guerra en Irán está “casi terminada”?
No, en absoluto. Primero, habría que definir qué significa “terminada”. Y, segundo, Trump ha utilizado una fórmula que es habitual en él: hacer una declaración para que tenga un impacto inmediato, en este caso, en el precio del galón de gasolina en Estados Unidos.
¿Es más una declaración a la interna que sobre el final de la guerra?
Todas sus declaraciones son a la interna. Quiere mostrar a los estadounidenses que controla la situación en cada momento y que los demás se someten. El efecto inmediato es que bajó el precio del crudo de Texas. Pero la pregunta es: ¿qué significa que la guerra está acabando? Desde la Casa Blanca no se ha especificado cuál es el objetivo del conflicto para poder declarar si ha finalizado.
¿Y qué significa eso?
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dijo públicamente que la decisión de ir a la guerra fue de Israel, de su primer ministro, Benjamín Netanyahu; y Estados Unidos entró en previsión de represalias israelíes. ¿Desea Netanyahu que cesen los bombardeos sobre Irán? La respuesta es muy simple: no. Repiten en Irán en 2026 lo que hicieron en Irak en 2003: arrastran a Estados Unidos a una guerra de cambio de régimen, dicen, pero buscan un Estado fallido. Netanyahu necesita seguir bombardeando, está en año electoral y hará todo lo posible para mantener a Estados Unidos enfrascado en esta guerra.
Otra dimensión atañe a los países árabes del Golfo. ¿Les vale que la situación quede así y que Estados Unidos e Israel puedan bombardear a Irán cuando les plazca? Israel ya lo hace a diario en el Líbano, donde, en teoría, había un alto el fuego. La imagen de estabilidad, de desarrollo económico, de grandes oportunidades… que tienen las monarquías árabes del Golfo no encaja con que Israel y Estados Unidos bombardeen Irán cada dos por tres, y que Irán tenga capacidad de responder.
¿El único objetivo de la Casa Blanca con esta guerra es fortalecer a Israel en la zona?
El objetivo de Donald Trump es personal. Es someter a quien se le resiste o incluso a quien contemporiza con él, como la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Trump necesitaba un sometimiento del régimen iraní siguiendo el modelo venezolano: espectacular, público, rápido de conseguir, con bajo riesgo y un alto rédito ante el electorado estadounidense. Ha intentado replicarlo en Irán pensando que cederían, pero no vemos la forma en la que el régimen iraní pueda dárselo.
El objetivo de Netanyahu es un ataque devastador para que Irán colapse como país. Él es consciente de que no hay un cambio de régimen a la vista, fácil y amable para los intereses israelíes. Con eso, se quita de en medio un competidor por la hegemonía regional y se presenta ante los suyos como el que machaca las amenazas existenciales para Israel en pleno año electoral. Lo que es evidente es que el segundo mandato de Donald Trump ya ha quedado marcado por la guerra de Irán y en Oriente Medio.
La experiencia nos dice que la parte fácil es empezar una guerra, lo difícil es acabarla
Por sus palabras deduzco que ve un conflicto muy duradero.
La experiencia nos dice que la parte fácil es empezar una guerra, lo difícil es acabarla. O llegar a una victoria o un alto el fuego. La historia nos recuerda lo que pasó en Irak en 2003, cuando se hacía exactamente esta misma pregunta. Y siempre recuerdo las palabras del secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, justo antes del inicio de la guerra de Irak en 2003: “No sé si la guerra durará seis días o seis semanas. Pero dudo que dure seis meses”. La experiencia de 23 años observando lo que ocurrió es que fue mucho peor y generó violencia, destrucción, refugiados, grupos terroristas, incluido el autoproclamado Estado Islámico. E Irak era mucho más fácil que Irán.
¿Cuáles son los grandes riesgos de una escalada bélica en la zona?
La destrucción de la región. Irán avisó de que, si era atacado, respondería en todo su entorno, empezando por Israel y las bases e intereses estadounidenses. También está atacando a objetivos de los países vecinos. Si no me equivoco, contra 12 países.
Los países árabes del Golfo le habían pedido repetidas veces a Donald Trump que no lanzara un ataque porque sabían lo que pasaría. El régimen iraní está luchando una batalla existencial, ya no solo del régimen, sino para la propia existencia del Estado iraní. Netanyahu busca el colapso del Estado iraní, no solo del Gobierno actual. No hay plan B, porque no existe plan A. Si el régimen, en esta batalla existencial, ve que está tocado de muerte, cabe esperar que muera matando. Y la forma de hacerlo es incendiar toda la región de Oriente Medio.
¿Y cómo podría hacerlo?
El estrecho de Ormuz ya está prácticamente bloqueado. Y no solamente para los hidrocarburos: para productos petroquímicos muy importantes y fertilizantes. A la inversa, para la llegada de suministros a los países árabes del Golfo, que son muy dependientes de las importaciones de, entre otras cosas, hasta el 80% de los alimentos.
Ya se ha cruzado una línea roja, y aparentemente la han cruzado Estados Unidos e Israel, que es atacar infraestructuras críticas de uso civil, como plantas de desalinización de agua del mar o de generación eléctrica.
¿Qué podemos esperar del nuevo liderazgo en Irán, que sea más contemporizador o, como menciona usted, que muera matando?
Si Estados Unidos e Israel van a seguir buscando el colapso del Estado iraní, la respuesta de Irán, mientras pueda, será cada vez más fuerte. Hay un continuismo en el liderazgo que es un desafío a Estados Unidos e Israel. El nuevo líder supremo Jamenei, ante la población israelí, ha sufrido la muerte de sus padres, de la mujer, de su hijo. Hay un elemento de legitimidad en tiempo de guerra porque él también está pagando un coste alto por esta agresión. El nuevo liderazgo es un continuismo y han tenido mucho tiempo para prepararse para un ataque a gran escala de dos potencias militares como son Estados Unidos e Israel. A pesar de que el régimen ha sido decapitado y de los severísimos bombardeos, todavía hay una cadena de mando y siguen respondiendo a los ataques. No sé si hay muchos países capaces de soportar una cosa así.
¿Qué consecuencias tendría para la economía mundial y la española un cierre definitivo del estrecho de Ormuz?
Eso es impensable. Un cierre definitivo es como un arma de destrucción masiva socioeconómica a nivel mundial. Y eso requeriría la intervención de otros actores que no pueden permitírselo: los asiáticos, que buena parte de sus hidrocarburos vienen del Golfo; las economías de los países del Golfo, que dependen de la exportación… Ahora mismo no hay un cierre formal, pero es una obstrucción muy grande que el sistema internacional no puede aguantar mucho más tiempo porque los precios se dispararán: por la escasez de ciertos productos, por el nerviosismo, la inflación, el impacto directo en el empleo…
Trump le está regalando victorias a Putin y a China
¿Cree que China o Rusia pueden sacar provecho del conflicto?
China, por lo que tengo entendido, tiene una reserva estratégica de hidrocarburos importante. Pero, ¿qué pasará cuando Japón, Corea del Sur, India… se encuentren en una situación de precios disparados? ¿Qué pasa con Europa, aunque tenga otras fuentes? ¿Qué pasará con Rusia, ahora que Trump anuncia que va a suavizar las sanciones al sector energético?
Trump está regalando victorias a Putin y a China. Pekín está observando con muchísimo interés todo lo que hace el ejército estadounidense en Irán, monitorizando las armadas, las fuerzas aéreas, las bases, los tiempos, los movimientos… Estados Unidos está mostrando cómo funciona en un escenario de combate real.
¿No considera que la guerra en Oriente Medio va también encaminada a tratar de debilitar la posición de China? Precisamente por esa dependencia de los hidrocarburos en la zona.
Esto es algo que se ha comentado, al igual que también con el petróleo de Venezuela. Habrá que ver si es así, si se le hace el daño a China que busca Estados Unidos. Aquí también hay una cuestión de un debilitamiento de Estados Unidos, de su imagen internacional y de la percepción que se tiene de su poder blando. La mayoría absoluta del planeta está en contra de esta guerra. Eso convierte la imagen de Estados Unidos en la de un vaquero enloquecido, agresivo y desbocado. No digo que lo sea, pero es la imagen que tienen muchos países de su forma de actuar. Hay muchas líneas rojas que se han saltado en este mandato de Donald Trump.
¿Es viable evitar el estrecho o reconfigurar las cadenas de suministro?
Una alternativa inmediata para absorber las implicaciones no hay. Aunque hay oleoductos, no tienen la capacidad de sustituir lo que se saca a través de petroleros por el mar. Es una de las zonas cero de producción de hidrocarburos fósiles convencionales del mundo. ¿Qué pasa con todo ese volumen de crudo que no sale por donde tenía que salir, al precio que tiene que salir y con la previsibilidad a la que tiene que salir?
El Golfo Pérsico se ha consolidado en los últimos años como un destino turístico. ¿Tienen capacidad de recuperarse? ¿España podría convertirse en receptora de esos turistas?
La imagen de prosperidad material requiere de estabilidad, seguridad, inversiones. Si hay misiles y cazabombarderos surcando los cielos, no se da ninguna de estas condiciones. Y, entonces, que ese turismo se vaya a desviar a otros destinos… Habrá que ver si los niveles de turismo en el mundo seguirán como antes. Si hay inflación a nivel internacional, es probable que el turismo se vea perjudicado en todos lados. Muchos no eran conscientes, pero con lo ocurrido desde el 28 de febrero el mundo se ha dado cuenta del porcentaje de tráfico aéreo que pasa por el Golfo. Es un gran nodo aeroportuario.
Otra de las variables de este conflicto son los posibles flujos migratorios, como ya vimos en el caso de la guerra en Siria.
Ante una situación de colapso estatal, los seres humanos buscan refugio, salvar a los suyos y oportunidades en cualquier sitio. Lo fue en el caso de Afganistán en 2001, en Irak en 2003 y también en Siria a partir de 2011. ¿Alguien piensa que si colapsa Irán no va a tener consecuencias inmediatas sobre Europa? Esos líderes europeos que aplauden los ataques de Israel y Estados Unidos, ¿en qué planeta viven?