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Los efectos del petróleo a 100 dólares: una barrera psicológica que rompe previsiones y promete más inflación

Un trabajador comprueba un cable de la estación de bombeo de petróleo durante un mantenimiento rutinario.

Álvaro Celorio

9 de marzo de 2026 22:02 h

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El repunte de los precios del petróleo por encima de los 100 dólares el barril ha despertado los peores recuerdos de la crisis energética de 2022, después de que Rusia invadiera Ucrania. El Brent –de referencia en Europa– superó la barrera psicológica la pasada madrugada y llegó a rozar los 120 a lo largo de la jornada; lo mismo en el caso del crudo de Texas, en el que se fijan en Estados Unidos. Un escenario que ha desbaratado todas las previsiones económicas y que avanza un acelerón notable de la inflación.

La tensión con la que amanecieron los mercados se redujo al cierre de la sesión de este lunes y el Brent cerró en el entorno de los 100 dólares. Con una cifra redonda, y un conflicto de duración incierta, los expertos miden y calculan los potenciales efectos que tendrá un petróleo disparado sobre la economía.

“Los 100 dólares son, por supuesto, una barrera totalmente psicológica, porque 100 de hace cuatro años no son los 100 de ahora”, apunta Miguel Sebastián, exministro de Industria (2008-2011) y profesor de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Complutense de Madrid. Con la inflación acumulada, según el INE, esa cifra en enero de 2022 equivale a unos 116 euros de marzo de 2026.

“Pero más allá del nivel –prosigue Sebastián–, la clave es la duración. Si el conflicto bélico acaba en unas semanas, el impacto será pequeño. Si dura, tendríamos efectos de segunda ronda, incluyendo la política monetaria”.

Hasta entonces –una inflación que pasa de la energía al tejido productivo, encareciendo transportes, productos industriales y alimentos, provocando que el Banco Central Europeo suba los tipos de interés para enfriar la economía–, los efectos que ya se sienten son a través de los surtidores de gasolina, que dan menos por más dinero; un ascenso del euríbor, el indicador de referencia para miles de hipotecas; y decenas de previsiones económicas que han quedado en papel mojado.

Por ejemplo, el último cuadro macroeconómico del Gobierno contemplaba, para este año, un escenario de 68 dólares por barril de Brent. De cara a 2028, el último ejercicio del escenario de proyección, el Ministerio de Economía estimaba un coste de 70,2 dólares. Y el Fondo Monetario Internacional esperaba, en enero, una caída global de la cotización del crudo del 8,5%, hasta el entorno de los 62 dólares.

El verdadero efecto para la economía no surge tanto de rebasar la barrera psicológica, señala el director de Economía Europea de Oxford Economics, Ángel Talavera, como del “ajuste de precio” en el mercado. “Da igual cuánto sea en términos reales: el shock para la economía sigue siendo fuerte”, dice.

Una idea en la que coincide el director de Coyuntura Económica de Funcas, Raymond Torres: “Es sobre todo fetichismo, ya que desde el punto de vista económico, no detectamos una diferencia significativa a partir de los 100. Lo importante es cuánto se ha incrementado con respecto a la situación anterior”.

Ahora bien, el cambio de expectativas es gigantesco. “Si pasa ese umbral, es que se considera que esta crisis va a tener consecuencias más duraderas. En cierto modo, hay un elemento psicológico. Es como con la inflación: no hay diferencia en pasar del 0 al 2% o del 2 al 4%, son dos puntos porcentuales, pero te desancla las expectativas”, abunda Torres.

El Gobierno vigila los precios pero no adelanta las medidas

El cierre del Estrecho de Ormuz, de poco más de 30 kilómetros de longitud, deja fuera de juego el tráfico del 20% de la energía del mundo, entre gas y petróleo. Una disrupción a la que, además, hay que sumar los ataques a infraestructuras petrolíferas y gasísticas en toda la zona de Oriente Medio, cuya recuperación tomará un tiempo mayor de lo que dure, en sí, el conflicto. 

De acuerdo con los cálculos del centro de estudios alemán Dezernat Zukunft, un cierre del estrecho de dos semanas provocaría subidas del petróleo y el gas del 25 y el 75%, respectivamente, y el mercado tardaría dos meses en recuperar los niveles previos al ataque de Israel y Estados Unidos a Irán. Pero en un escenario más complicado, con medio año de cierre y daños graves en las infraestructuras energéticas, implicaría subidas del 100% en el crudo y del 150% en el gas natural, que tardarían más de un año en volver a sus marcas anteriores al estallido bélico.

Desde Bruselas, el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, reconoció este lunes que el bolsillo de los ciudadanos ya está sufriendo los primeros efectos de la guerra en Oriente Medio, con la gasolina encareciéndose 15 céntimos por litro en solo una semana (28 en el caso del gasoil). 

“Estamos vigilando el desarrollo de los precios. Apenas llevamos seis días de impacto en los mercados, pero vemos muchas fluctuaciones en un solo día. Vamos a tener paciencia, pero teniendo muy presente la traslación del efecto de los precios a los ciudadanos para entrar con medidas en el momento que sea preciso”, dijo Cuerpo antes de reunirse con el resto de titulares de Finanzas del euro.

Margen fiscal para medidas, pero no mucho

El Gobierno deja la puerta abierta a aprobar ayudas, pero sin concretar cuáles. El Ejecutivo ha recuperado el colchón fiscal previo a la pandemia: los últimos datos de deuda pública, de cierre del año 2025, se situaron en su nivel más bajo desde principios de 2020 –100,8% del PIB–. Pero, aun así, las cuentas públicas están lejos de estar saneadas.

“Estamos en una situación macroeconómica mejor. Cuando estalló la guerra en Ucrania, estábamos saliendo del COVID y la economía todavía renqueaba y era más vulnerable”, reconoce Sebastián. “Pero tenemos muy poco margen en términos de deuda y déficit públicos”, apunta.

Para Talavera, si bien España cuenta con una posición fiscal mejor que en 2022, las medidas son solo “una tirita en la herida”. “Creo que estamos en una situación bastante parecida, la economía no ha cambiado radicalmente en cuatro años. Quizá algunos mecanismos que hemos conseguido para desactivar la conexión del gas con la electricidad y la cuestión fiscal es un poco mejor. Pero, aparte de esto, si se dispara mucho el precio de la energía es casi imposible evadirse”, subraya.

En ello coincide, Calin Arcalean, profesor titular del Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad de la escuela de negocios Esade, que cree que no hay grandes cambios entre un 'shock' y otro: “Aunque las empresas ya han adquirido cierta experiencia en gestionar la creciente incertidumbre política y los costes energéticos, el shock actual llega en un momento con inflación ya justo por debajo del objetivo, una deuda pública elevada, un crecimiento económico mediocre, y más importante, con debilidades estructurales de fondo (como el desplome del sector auto) más preocupantes aún que en 2022”, dice por correo electrónico.

Como nota positiva, Talavera destaca que la economía cada vez depende menos del crudo: “Usamos mucho menos petróleo ahora para producir lo mismo que hace 30 o 40 años. Somos más eficientes y tenemos otras fuentes de energía que usar”, señala. Pero, a pesar de todo, eso no nos salva del subidón de los precios.

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