La instalación de centros de datos propicia subidas en los precios de la luz y la vivienda
Investigadores de las universidades de Yale y Chicago han comprobado que la instalación de centros de datos propicia subidas del precio de la vivienda y la electricidad en Estados Unidos, líder absoluto en el despliegue de estas infraestructuras con más del 40% del total mundial.
“Los centros de datos crean actividad económica, especialmente en los sectores directamente relacionados”, pero “también elevan los precios de la electricidad y están asociados con precios de la vivienda más altos, lo que podría beneficiar a los propietarios e incrementar los costes para los inquilinos y compradores de viviendas”, concluye un estudio publicado en el National Bureau of Economic Research, think tank con sede en Cambridge (Massachusetts).
“A nivel condado en EEUU, entre 1995 y 2020, la llegada de una instalación adicional de data center se asocia con un aumento acumulado de alrededor de 28 puntos porcentuales en el índice de precios de vivienda (HPI) y del 1,3% en el precio promedio de la electricidad en el condado afectado”, explica por correo electrónico a elDiario.es David Argente, investigador de la Universidad de Yale y coautor de este paper junto a otros dos expertos de ese centro de élite, Jayce Chow y Diana Van Patten, y Fernando E. Álvarez (Universidad de Chicago).
Los autores señalan que esos efectos en los precios son “muy significativos en todos los horizontes temporales, lo que indica que los centros de datos ejercen una presión apreciable sobre los mercados locales de la energía y el sector inmobiliario”. “Generan empleo a nivel local”, sobre todo durante su construcción, tienen efecto “modesto” en el empleo “permanente”, “elevan los precios de la vivienda y dan lugar a un aumento de la renta agregada, al tiempo que provocan un incremento de los precios locales de la electricidad” en un país en el que las tarifas las fijan reguladores regionales y varían de un Estado otro, al contrario que en España.
Así, las zonas que consideren la instalación de estos centros afrontan un “dilema” y deben “sopesar los aumentos en el empleo, la creación de empresas y los ingresos agregados frente a las presiones sobre los mercados eléctricos y la asequibilidad de la vivienda local”. Una encuesta de Gallup realizada el pasado marzo mostraba que un 71% de los estadounidenses se oponen a la construcción de estas infraestructuras en su zona.
Los centros de datos “son buenos depende de para quién”, resume en su blog Pedro Linares, profesor de la Universidad Pontificia Comillas especializado en regulación energética.
Los autores de este paper han analizado datos de la firma financiera Standard and Poors que recopilan información detallada sobre la ubicación, propiedad, potencia e ingresos de más de 12.960 data centers de más de 2.700 proveedores y 131 países. Los han cruzado con otros indicadores como los ingresos del impuesto de la Renta en EEUU y los precios de la vivienda y la electricidad en esos condados, disponibles en las estadísticas de la Agencia Federal de Financiación de Vivienda (FHFA) y la Energy Information Administration estadounidense.
Los resultados “muestran efectos positivos sobre el empleo total” y en los sectores de tratamiento de datos y construcción, y subidas de ingresos fiscales y salarios, aunque “la masa salarial anual reacciona de forma menos notable”.
Como señala el estudio, “hay mucho en juego a nivel local”: estas instalaciones pueden ser atractivas para las administraciones al suponer grandes proyectos de inversión, empleo e ingresos. Pero también “consumen mucha energía y se concentran en un espacio reducido. Pueden requerir ampliaciones, mejoras en la red de transmisión y contratos de suministro eléctrico a largo plazo. También pueden utilizar recursos escasos como el suelo y el agua, al tiempo que crean menos puestos de trabajo permanentes que una planta de fabricación tradicional con una inversión similar”.
Tras la computación en la nube, el auge de la inteligencia artificial, el streaming, los pagos, el software empresarial y los servicios digitales “hay instalaciones físicas que ocupan terreno, se conectan a redes de fibra óptica, consumen energía de forma continua y requieren sistemas de refrigeración, seguridad y una red eléctrica fiable”. Para elegir donde se instalan, priorizan “precios de la electricidad favorables, capacidad de redes, suelo, política fiscal, clima, riesgo de desastres y conectividad de fibra”.
“El resultado es una cuestión política práctica: ¿qué ganan realmente los condados y a qué costes se enfrentan?”. Y este asunto es “más urgente” tras la irrupción de la IA, que ha disparado el consumo de electricidad de estas instalaciones. En 2024, supusieron el 1,5% del total mundial, unos 415 teravatios hora (TWh), según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que estima que su demanda ha crecido un 12% anual el último lustro y podría duplicarse hasta alcanzar los 945 TWh en 2030. En EEUU han pasado de 58 TWh en 2014 a 176 TWh en 2023: del 2% de la demanda nacional de 2018 al 4,4% de 2023. En 2028 pueden llegar a suponer el 12%, calcula el Belfer Center for Science and International Affairs de la Harvard Kennedy School.
Como recuerda el paper, los servicios digitales suelen percibirse como algo “sin ubicación”, pero la infraestructura que los sustenta no lo es. Geográficamente estos centros están “especialmente concentrados” en EEUU, especialmente en Virginia (unos 600, con una potencia de cerca de 4.900 MW, otros 1.000 en desarrollo y más de 5.000 en planificación) y Texas, donde se estima que hay más de 460.
Estados Unidos es, con gran diferencia, el país con más centros de datos del mundo. Según Statista, en abril tenía 4.184, muy por delante de Reino Unido (515), Alemania (514), China (369), Francia (345), India (286) y Canadá (287).
Revisión al alza
España, que vive la peor crisis de vivienda en décadas, aparece duodécima en ese ránking, con 195 data centers, pero se está convirtiendo en polo de atracción para estos proyectos en Europa por sus privilegiadas condiciones para producir energía renovable. Morgan Stanley acaba de revisar al alza sus previsiones a largo plazo y estima que la capacidad total de estos centros en España alcanzará 4,3 GW en 2035, frente a los 2,8 GW que contemplaba hasta ahora y los 439 megavatios (MW) que existían a cierre de 2025 según la patronal DC Spain.
Morgan Stanley sitúa a Aragón como el mercado secundario de centros de datos “más emocionante de Europa”, con un potencial estimado para alcanzar 3 GW de capacidad y consolidarse firmemente como el próximo gran nodo de interconexión del continente gracias a su abundante suelo, buen recurso renovable, un clima algo más fresco que otras zonas de España y la conectividad que aportan cables submarinos como Marea, Grace Hopper y Anjana, que enlazan con EEUU y Reino Unido y permiten corredores de baja latencia.
La consultora inmobiliaria Cushman & Wakefield sitúa a Madrid como el quinto mercado primario de centros de datos de Europa, Oriente Medio y África (EMEA) y uno de los principales 'hubs' europeos para esta industria, a la que comunidades gobernadas por el PP como Madrid o Aragón han puesto alfombra roja. La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, ha hablado de “burbuja” de proyectos. Parte del actual colapso de peticiones de acceso a la red eléctrica está relacionado con estas infraestructuras, que han atraído a firmas del Ibex como ACS, Iberdrola o Merlin Properties. Las eléctricas las ven como una oportunidad para reactivar una demanda a la baja que pone en riesgo la rentabilidad de los proyectos de renovables, en especial, las fotovoltaicas más recientes.
La Estrategia de Inteligencia Artificial actualizada por el Gobierno en 2024 planteaba un despliegue “sostenible” de data centers, con una potencia de computación acumulada de 2,5 GW para 2030, equivalentes a unos 4 GW de potencia eléctrica. Ya hay concedidos derechos de acceso y conexión a las redes por más de 12 GW, aunque muchas peticiones están duplicadas y “no es posible conocer la demanda real”, advierte Transición Ecológica.
La nueva Planificación de Electricidad 2025-2030 en tramitación incluye 3,8 GW para centros de procesamiento de datos (CPD), que se añadirán a los 12 GW en permisos ya concedidos. El ministerio sacó a consulta en agosto de 2025 un proyecto de decreto para obligarles a revelar su consumo de agua y luz, como marca la normativa europea. En marzo, el Real Decreto 7/2026 de respuesta a la guerra en Irán otorgó rango de ley a varios de esos requisitos de sostenibilidad y les exige consumir renovables, dado que “la puesta en marcha de proyectos de elevado consumo eléctrico en el corto plazo, si no se acompasa con un despliegue proporcional de nueva generación renovable, generaría un doble perjuicio agravado por el contexto del conflicto”: más uso del gas, subida de precios y menos incentivos a la electrificación.
En la charla en la que amenazó con recuperar su impuesto al sol hace unas semanas, el vicesecretario de Economía y Desarrollo Sostenible del PP, Alberto Nadal, lamentó que “el Gobierno, en vez de declarar la neutralidad tecnológica tanto en generación como en demanda, le ha declarado la guerra a los centros de datos”, que “van a existir sí o sí. ¿Alguien va a almacenar tus datos? Pues honestamente, yo prefiero que los datos de España estén en España”. Son “demanda eléctrica que ayuda a reducir los costes del sistema y absorber parte de la sobregeneración de renovables que tenemos”. Aunque “lo primero” es “eliminar” el calendario de cierre de las nucleares y mantenerlas “dentro de 20 años”.
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