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ENTREVISTA Historiador y director del Centro para Estudios de Europa del Este

Jeronim Perovic: “Mientras el mundo necesite combustibles fósiles, Rusia jugará un papel en el mercado de la energía”

Aldo Mas

Berlín —

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Jeronim Perovic (1971, Winterthur) es historiador, pero su último libro lo ha dedicado a la economía, en concreto, a la historia de la economía de Rusia. Al país de Vladimir Putin, este profesor de Historia de Europa del Este y Director del Centro para Estudios de Europa del Este de la Universidad de Zúrich, lo llama “potencia de materias primas”. 

“Ningún país del mundo es tan rico en materias primas como Rusia. Esto confiere a Rusia una importancia estratégica global”, dice Perovic en esta entrevista con ElDiario.es. Para Europa especialmente, Rusia se ha convertido en una fuente esencial de materias primas, sobre todo, de energías fósiles. 

En países como Austria se teme que un cierre del grifo del gas natural ruso, debido a las consecuencias de la invasión de Ucrania, dé lugar a un “armagedón económico”, según palabras recientes de Harald Mahrer, responsable de la Cámara Federal de Economía de Austria. 

En Alemania, la mayor economía de Europa y la cuarta a nivel mundial, también hay miedo en el sector industrial ante un eventual cierre de ese grifo. “Una interrupción del gas ruso que llega a Alemania tendría catastróficos efectos en la industria y mandaría a la economía inevitablemente a la recesión”, decía esta misma semana el presidente de la Asociación Federal de la Industria de Alemania (BDI), Sigfried Russwurm.

En Europa, a la que la guerra de contra Ucrania le ha recordado la importancia de la diversificación de sus fuentes de energía y materias primas, se lucha ahora a marchas forzadas por la desconexión energética de Rusia. Sin embargo, esa desconexión no va a resultar fácil. 

Así lo plantea Perovic: “El acceso a las fuentes de energía de Rusia tiene una larga tradición”. “Ya la Rusia zarista, desde finales del siglo XIX, empezó a exportar petróleo a Europa y la Unión Soviética continuó con el comercio con el mundo capitalista pese a la oposición ideológica y a las tensiones políticas”, añade este experto.

A su entender, esa desconexión pasa por la disposición que tengan las sociedades europeas a la hora de pagar una factura energética que será más elevada sin las fuentes de energía rusa y, también, por una apuesta en favor del abandono de las energías fósiles.

Su libro se llama Rohstoffmacht Russland (Ed. Böhlau, 2022), algo así como “Rusia, potencia de las materias primas”. En su momento, el senador Republicano John McCain dijo que este no era un país, sino una “gasolinera”. ¿Cuán decisivas son las materias primas para explicar la importancia que tiene Rusia a nivel internacional?

Son muy importantes. Ningún país del mundo es tan rico en materias primas como Rusia. Esto le confiere una importancia estratégica global. Rusia, ya en el pasado, usó sus materias primas para su propio abastecimiento energético e industrialización. Pero también para las exportaciones. Y siempre que las materias primas rusas se sigan demandando a nivel global, la importancia de Rusia en la economía global no disminuirá rápido.

¿Qué importancia tienen también otros factores, como la capacidad militar, para considerar a Rusia un actor internacional importante?

La capacidad militar rusa siempre ha estado algo desequilibrada con los resultados económicos del país. Rusia nunca consiguió, pese a sus riquezas en términos de materias primas, estar entre las naciones industriales que lideran la marcha económica del mundo y por eso ha buscado compensar ese déficit con poder militar. Esto fue así en el pasado y sigue siendo válido hoy. Porque el país, en lugar de invertir los beneficios que consigue del comercio con materias primas en proyectos civiles y de innovación económica, dedica una importante parte de esos beneficios al armamento, al Ejército y al aparato de seguridad.

Se tiende a ver a Rusia, más que nada, como un país fuente de carbón, petróleo y gas natural. Sin embargo, hay otras materias primas que proceden de allí que se venden en grandes cantidades al mundo occidental. ¿No es así?

¡Por supuesto! Y ahora, con las sanciones y la desconexión de Rusia de la economía global que está dominada por los países occidentales, nos damos cuenta de lo muy dependientes que somos. Por ejemplo, Rusia también abastece de metales como níquel, paladio o cromo, que son para nuestra economía muy importantes y que no son tan fáciles de encontrar en otros países. También ahora se ha tomado conciencia de lo importante que es Rusia, y también Ucrania, como exportador de cereales. ¡Los cereales son otra materia prima importante!

En su opinión, ¿en qué medida es realizable esa voluntad europea de conseguir la independencia energética de Rusia? 

En mi libro yo he mirado la historia energética de Rusia en los últimos 100 años. En ese periodo hubo revoluciones, guerras o situaciones como las que se dan hoy día. Tras la revolución bolchevique de 1917, las empresas occidentales trataron de impedir la importación de petróleo ruso. No funcionó, porque el petróleo de Rusia era sencillamente tan barato que no se le podía excluir del mercado. La ideología tampoco jugó un papel importante a la hora de importar fuentes de energía rusas. La Italia fascista se abastecía de petróleo de la Rusia bolchevique. 

Tras el comienzo de la Guerra Fría, solo hicieron falta unos años para que se reanudara el comercio. El “telón de acero” no detuvo el flujo de energía. Mientras el mundo necesite combustibles fósiles, Rusia seguirá jugando un papel en el mercado de la energía. Desde le punto de vista ruso, no importa dónde se vendan sus fuentes de energía. Para Europa es, por otro lado, una cuestión del precio de la energía. Rusia está geográficamente más cerca. El transporte es más corto y por eso las materias primas rusas son atractivas. Para conseguir la independencia energética de Rusia el único camino sería salir completamente del consumo de energías fósiles. Pero esto tienen un precio y ya veremos si la sociedad está dispuesta a pagarlo.

Para conseguir la independencia energética de Rusia el único camino sería salir completamente del consumo de energías fósiles. Pero esto tienen un precio y ya veremos si la sociedad está dispuesta a pagarlo

¿Por qué se olvidó en Europa la diversificación de las fuentes de energía?

En realidad, Europa no está tan mal posicionada como se la pinta en lo que respecta a las importaciones de energía. Respecto al petróleo, hay opciones alternativas porque el mercado es muy global y hay numerosos proveedores. Respecto del gas, también hay alternativas como Noruega, Argelia, los países del Mar Caspio o el gas natural líquido de Catar, Estados Unidos u otros países. Pero el cambio llevará más tiempo en el caso del gas, porque sigue siendo un mercado dominado por gasoductos y Europa está conectada a Rusia a través de esos gasoductos. Pero diversificarse es posible. Luego surgen preguntas: ¿qué precio pagaremos por el petróleo y el gas en el futuro?¿Tiene sentido ecológico comprar gas extraído de fracturación hidráulica en Estados Unidos o de dictaduras como la de Azerbaiyán?

¿Por qué países tan importantes como Alemania o Italia se dejaron caer en una relación de dependencia energética con Rusia?

Porque el acceso a las fuentes de energía de Rusia tiene una larga tradición. Ya la Rusia zarista, desde finales del siglo XIX, empezó a exportar petróleo a Europa y la Unión Soviética continuó con el comercio con el mundo capitalista pese a la oposición ideológica y a las tensiones políticas. Así fue que a la Unión Soviética se la consideró un socio fiable. No se produjeron interrupciones notables en el suministro, por lo que la colaboración en materia de gas natural entre Europa Occidental y la Unión Soviética, iniciada en 1968 con las primeras entregas de gas soviético a Austria, continuó y se amplió con los años y en las décadas posteriores.

Para entonces, los Estados de Europa del Este, los miembros del Pacto de Varsovia, ya eran desde hace tiempo dependientes de las materias primas rusas. Europa Occidental se haría dependiente del gas ruso durante los años 70. Ese gas lo veían como una alternativa al petróleo de los países árabes. La expansión de las relaciones comerciales también pretendía un acercamiento político con Rusia. Y esto fue un éxito. Los vínculos energéticos, cada vez más intensos, contribuyeron a estabilizar las relaciones entre la Europa occidental y la oriental durante la Guerra Fría. En realidad, esa es una historia de éxito.

¿En qué medida el mundo occidental ha convertido a Rusia en esa “potencia de materias primas” de la que usted habla en su libro? 

Ya en el pasado ocurría que Rusia tenía las materias primas y los países occidentales tenían las tecnologías y las posibilidades de invertir para poder extraer esas materias primas. Los grandes negocios que se hicieron con el gas en la Guerra Fría tenían un carácter de intercambio, porque las empresas occidentales ponían a disposición la tecnología para construir los gasoductos y posibilitando la extracción mientras que los soviéticos pedían créditos a los bancos de la Europa occidental, para adquirir esas tecnologías y garantías de que iban a suministrar gas a largo plazo. 

Esto ha cambiado poco. Los técnicamente prometedores campos de gas del Ártico, Rusia no puede explotarlos por sí sola y por eso depende de la cooperación con empresas occidentales. Que esas empresas se hayan retirado de esos proyectos de explotación constituye un duro golpe para Rusia. Países como China, que no participan de las sanciones internacional contra Rusia, no van a poder fácilmente sustituir las tecnologías occidentales.

¿Qué opinión tiene usted de esas sanciones internacionales y de la posición de Europa frente a Rusia?

En principio, apoyo las sanciones. Pero hasta ahora la política occidental ha sido reactiva. Se reacciona a la agresión de Rusia y con las sanciones se quiere cambiar el comportamiento de Rusia. Esto es algo ilusorio. Porque tenemos que empezar a pensar de un modo estratégico y preguntarnos qué relación con Rusia queremos tener y qué papel tiene que jugar Europa en el futuro. No debemos olvidarlo, después de la guerra Rusia seguirá siendo nuestro vecino geográficamente y no tenemos, a largo plazo, ningún interés en una vecindad con Rusia como país aislado, anti-europeo y que cada vez más se está alineando con países como China u otros estados autoritarios. Precisamente, la consolidación de una alianza ruso-china enfrentada a Occidente no es una buena perspectiva para nosotros.

¿Puede funcionar la economía rusa sin los suministros a Europa?

El problema de Rusia no es que no vaya a ganar dinero con sus materias primas. Al contrario, el país está ganando mucho dinero también porque el precio de la energía está muy alto. El problema es que el Estado ruso no puede comprar nada con ese dinero por las sanciones occidentales. Las importaciones de Rusia han caído, según estimaciones de algunos economistas, entre el 70% y el 80%, ¡o incluso más!. La industria rusa entrará en crisis, antes o después, porque le faltarán componentes importantes para sus productos. Porque es dependiente de las importaciones a Occidente en lo que respecta a productos tecnológicos desarrollados, pero también para bienes necesarios en el día a día. La industria aún puede funcionar unos meses antes de que estos efectos de las sanciones se noten. Habrá que ver qué efectos tienen, por ejemplo, si culparán al propio Gobierno ruso por los problemas que esto pueda causar o si culparán a Occidente. Mi temor es que muchos rusos integren el relato oficial del Kremlin y que Occidente sea considerado culpable de la crisis en Rusia.

La industria rusa aún puede funcionar unos meses antes de que estos efectos de las sanciones se noten. Habrá que ver qué efectos tienen, por ejemplo, si culparán al propio Gobierno ruso por los problemas que esto pueda causar o si culparán a Occidente

¿Puede ocurrir que Vladimir Putin dé por terminada su guerra contra Ucrania porque los europeos dejemos de comprarle energía?

Desafortunadamente, no. Putin no parará aunque los europeos dejen desde ya de consumir ni las más mínima gota petróleo ruso o ni el último metro cúbico de gas natural. Rusia tiene todavía suficientes reservas, financieras y militares, para hacer que esta guerra dure. Ucrania, sin embargo, está entre la espada y la pared y, militarmente, bajo mucha presión en el Dombás [región del este ucraniano, ndlr.]. 

¿Y puede Europa tener éxito sin las fuentes de energía rusas?

Solo tendrá éxito si la sociedad está preparada para pagar el precio. Los políticos deben comunicar de forma clara lo que está en juego y deben dejar claro que ahora tenemos la oportunidad de hacer un gran cambio, que consiste básicamente en abandonar las energías fósiles. Pero en política siempre se es oportunista. Y lo que más me temo es que la unidad y el espíritu de optimismo que aún sentimos ahora se acabará cuando la inflación siga subiendo, los precios de la energía sigan siendo altos y las cifras del desempleo aumenten.

Jeronim Perovic (1971, Winterthur) es historiador, pero su último libro lo ha dedicado a la economía, en concreto, a la historia de la economía de Rusia. Al país de Vladimir Putin, este profesor de Historia de Europa del Este y Director del Centro para Estudios de Europa del Este de la Universidad de Zúrich, lo llama “potencia de materias primas”. 

“Ningún país del mundo es tan rico en materias primas como Rusia. Esto confiere a Rusia una importancia estratégica global”, dice Perovic en esta entrevista con ElDiario.es. Para Europa especialmente, Rusia se ha convertido en una fuente esencial de materias primas, sobre todo, de energías fósiles. 

En países como Austria se teme que un cierre del grifo del gas natural ruso, debido a las consecuencias de la invasión de Ucrania, dé lugar a un “armagedón económico”, según palabras recientes de Harald Mahrer, responsable de la Cámara Federal de Economía de Austria. 

En Alemania, la mayor economía de Europa y la cuarta a nivel mundial, también hay miedo en el sector industrial ante un eventual cierre de ese grifo. “Una interrupción del gas ruso que llega a Alemania tendría catastróficos efectos en la industria y mandaría a la economía inevitablemente a la recesión”, decía esta misma semana el presidente de la Asociación Federal de la Industria de Alemania (BDI), Sigfried Russwurm.

En Europa, a la que la guerra de contra Ucrania le ha recordado la importancia de la diversificación de sus fuentes de energía y materias primas, se lucha ahora a marchas forzadas por la desconexión energética de Rusia. Sin embargo, esa desconexión no va a resultar fácil. 

Así lo plantea Perovic: “El acceso a las fuentes de energía de Rusia tiene una larga tradición”. “Ya la Rusia zarista, desde finales del siglo XIX, empezó a exportar petróleo a Europa y la Unión Soviética continuó con el comercio con el mundo capitalista pese a la oposición ideológica y a las tensiones políticas”, añade este experto.

A su entender, esa desconexión pasa por la disposición que tengan las sociedades europeas a la hora de pagar una factura energética que será más elevada sin las fuentes de energía rusa y, también, por una apuesta en favor del abandono de las energías fósiles.

Su libro se llama Rohstoffmacht Russland (Ed. Böhlau, 2022), algo así como “Rusia, potencia de las materias primas”. En su momento, el senador Republicano John McCain dijo que este no era un país, sino una “gasolinera”. ¿Cuán decisivas son las materias primas para explicar la importancia que tiene Rusia a nivel internacional?

Son muy importantes. Ningún país del mundo es tan rico en materias primas como Rusia. Esto le confiere una importancia estratégica global. Rusia, ya en el pasado, usó sus materias primas para su propio abastecimiento energético e industrialización. Pero también para las exportaciones. Y siempre que las materias primas rusas se sigan demandando a nivel global, la importancia de Rusia en la economía global no disminuirá rápido.

¿Qué importancia tienen también otros factores, como la capacidad militar, para considerar a Rusia un actor internacional importante?

La capacidad militar rusa siempre ha estado algo desequilibrada con los resultados económicos del país. Rusia nunca consiguió, pese a sus riquezas en términos de materias primas, estar entre las naciones industriales que lideran la marcha económica del mundo y por eso ha buscado compensar ese déficit con poder militar. Esto fue así en el pasado y sigue siendo válido hoy. Porque el país, en lugar de invertir los beneficios que consigue del comercio con materias primas en proyectos civiles y de innovación económica, dedica una importante parte de esos beneficios al armamento, al Ejército y al aparato de seguridad.

Se tiende a ver a Rusia, más que nada, como un país fuente de carbón, petróleo y gas natural. Sin embargo, hay otras materias primas que proceden de allí que se venden en grandes cantidades al mundo occidental. ¿No es así?

¡Por supuesto! Y ahora, con las sanciones y la desconexión de Rusia de la economía global que está dominada por los países occidentales, nos damos cuenta de lo muy dependientes que somos. Por ejemplo, Rusia también abastece de metales como níquel, paladio o cromo, que son para nuestra economía muy importantes y que no son tan fáciles de encontrar en otros países. También ahora se ha tomado conciencia de lo importante que es Rusia, y también Ucrania, como exportador de cereales. ¡Los cereales son otra materia prima importante!

En su opinión, ¿en qué medida es realizable esa voluntad europea de conseguir la independencia energética de Rusia? 

En mi libro yo he mirado la historia energética de Rusia en los últimos 100 años. En ese periodo hubo revoluciones, guerras o situaciones como las que se dan hoy día. Tras la revolución bolchevique de 1917, las empresas occidentales trataron de impedir la importación de petróleo ruso. No funcionó, porque el petróleo de Rusia era sencillamente tan barato que no se le podía excluir del mercado. La ideología tampoco jugó un papel importante a la hora de importar fuentes de energía rusas. La Italia fascista se abastecía de petróleo de la Rusia bolchevique. 

Tras el comienzo de la Guerra Fría, solo hicieron falta unos años para que se reanudara el comercio. El “telón de acero” no detuvo el flujo de energía. Mientras el mundo necesite combustibles fósiles, Rusia seguirá jugando un papel en el mercado de la energía. Desde le punto de vista ruso, no importa dónde se vendan sus fuentes de energía. Para Europa es, por otro lado, una cuestión del precio de la energía. Rusia está geográficamente más cerca. El transporte es más corto y por eso las materias primas rusas son atractivas. Para conseguir la independencia energética de Rusia el único camino sería salir completamente del consumo de energías fósiles. Pero esto tienen un precio y ya veremos si la sociedad está dispuesta a pagarlo.

Para conseguir la independencia energética de Rusia el único camino sería salir completamente del consumo de energías fósiles. Pero esto tienen un precio y ya veremos si la sociedad está dispuesta a pagarlo

¿Por qué se olvidó en Europa la diversificación de las fuentes de energía?

En realidad, Europa no está tan mal posicionada como se la pinta en lo que respecta a las importaciones de energía. Respecto al petróleo, hay opciones alternativas porque el mercado es muy global y hay numerosos proveedores. Respecto del gas, también hay alternativas como Noruega, Argelia, los países del Mar Caspio o el gas natural líquido de Catar, Estados Unidos u otros países. Pero el cambio llevará más tiempo en el caso del gas, porque sigue siendo un mercado dominado por gasoductos y Europa está conectada a Rusia a través de esos gasoductos. Pero diversificarse es posible. Luego surgen preguntas: ¿qué precio pagaremos por el petróleo y el gas en el futuro?¿Tiene sentido ecológico comprar gas extraído de fracturación hidráulica en Estados Unidos o de dictaduras como la de Azerbaiyán?

¿Por qué países tan importantes como Alemania o Italia se dejaron caer en una relación de dependencia energética con Rusia?

Porque el acceso a las fuentes de energía de Rusia tiene una larga tradición. Ya la Rusia zarista, desde finales del siglo XIX, empezó a exportar petróleo a Europa y la Unión Soviética continuó con el comercio con el mundo capitalista pese a la oposición ideológica y a las tensiones políticas. Así fue que a la Unión Soviética se la consideró un socio fiable. No se produjeron interrupciones notables en el suministro, por lo que la colaboración en materia de gas natural entre Europa Occidental y la Unión Soviética, iniciada en 1968 con las primeras entregas de gas soviético a Austria, continuó y se amplió con los años y en las décadas posteriores.

Para entonces, los Estados de Europa del Este, los miembros del Pacto de Varsovia, ya eran desde hace tiempo dependientes de las materias primas rusas. Europa Occidental se haría dependiente del gas ruso durante los años 70. Ese gas lo veían como una alternativa al petróleo de los países árabes. La expansión de las relaciones comerciales también pretendía un acercamiento político con Rusia. Y esto fue un éxito. Los vínculos energéticos, cada vez más intensos, contribuyeron a estabilizar las relaciones entre la Europa occidental y la oriental durante la Guerra Fría. En realidad, esa es una historia de éxito.

¿En qué medida el mundo occidental ha convertido a Rusia en esa “potencia de materias primas” de la que usted habla en su libro? 

Ya en el pasado ocurría que Rusia tenía las materias primas y los países occidentales tenían las tecnologías y las posibilidades de invertir para poder extraer esas materias primas. Los grandes negocios que se hicieron con el gas en la Guerra Fría tenían un carácter de intercambio, porque las empresas occidentales ponían a disposición la tecnología para construir los gasoductos y posibilitando la extracción mientras que los soviéticos pedían créditos a los bancos de la Europa occidental, para adquirir esas tecnologías y garantías de que iban a suministrar gas a largo plazo. 

Esto ha cambiado poco. Los técnicamente prometedores campos de gas del Ártico, Rusia no puede explotarlos por sí sola y por eso depende de la cooperación con empresas occidentales. Que esas empresas se hayan retirado de esos proyectos de explotación constituye un duro golpe para Rusia. Países como China, que no participan de las sanciones internacional contra Rusia, no van a poder fácilmente sustituir las tecnologías occidentales.

¿Qué opinión tiene usted de esas sanciones internacionales y de la posición de Europa frente a Rusia?

En principio, apoyo las sanciones. Pero hasta ahora la política occidental ha sido reactiva. Se reacciona a la agresión de Rusia y con las sanciones se quiere cambiar el comportamiento de Rusia. Esto es algo ilusorio. Porque tenemos que empezar a pensar de un modo estratégico y preguntarnos qué relación con Rusia queremos tener y qué papel tiene que jugar Europa en el futuro. No debemos olvidarlo, después de la guerra Rusia seguirá siendo nuestro vecino geográficamente y no tenemos, a largo plazo, ningún interés en una vecindad con Rusia como país aislado, anti-europeo y que cada vez más se está alineando con países como China u otros estados autoritarios. Precisamente, la consolidación de una alianza ruso-china enfrentada a Occidente no es una buena perspectiva para nosotros.

¿Puede funcionar la economía rusa sin los suministros a Europa?

El problema de Rusia no es que no vaya a ganar dinero con sus materias primas. Al contrario, el país está ganando mucho dinero también porque el precio de la energía está muy alto. El problema es que el Estado ruso no puede comprar nada con ese dinero por las sanciones occidentales. Las importaciones de Rusia han caído, según estimaciones de algunos economistas, entre el 70% y el 80%, ¡o incluso más!. La industria rusa entrará en crisis, antes o después, porque le faltarán componentes importantes para sus productos. Porque es dependiente de las importaciones a Occidente en lo que respecta a productos tecnológicos desarrollados, pero también para bienes necesarios en el día a día. La industria aún puede funcionar unos meses antes de que estos efectos de las sanciones se noten. Habrá que ver qué efectos tienen, por ejemplo, si culparán al propio Gobierno ruso por los problemas que esto pueda causar o si culparán a Occidente. Mi temor es que muchos rusos integren el relato oficial del Kremlin y que Occidente sea considerado culpable de la crisis en Rusia.

La industria rusa aún puede funcionar unos meses antes de que estos efectos de las sanciones se noten. Habrá que ver qué efectos tienen, por ejemplo, si culparán al propio Gobierno ruso por los problemas que esto pueda causar o si culparán a Occidente

¿Puede ocurrir que Vladimir Putin dé por terminada su guerra contra Ucrania porque los europeos dejemos de comprarle energía?

Desafortunadamente, no. Putin no parará aunque los europeos dejen desde ya de consumir ni las más mínima gota petróleo ruso o ni el último metro cúbico de gas natural. Rusia tiene todavía suficientes reservas, financieras y militares, para hacer que esta guerra dure. Ucrania, sin embargo, está entre la espada y la pared y, militarmente, bajo mucha presión en el Dombás [región del este ucraniano, ndlr.]. 

¿Y puede Europa tener éxito sin las fuentes de energía rusas?

Solo tendrá éxito si la sociedad está preparada para pagar el precio. Los políticos deben comunicar de forma clara lo que está en juego y deben dejar claro que ahora tenemos la oportunidad de hacer un gran cambio, que consiste básicamente en abandonar las energías fósiles. Pero en política siempre se es oportunista. Y lo que más me temo es que la unidad y el espíritu de optimismo que aún sentimos ahora se acabará cuando la inflación siga subiendo, los precios de la energía sigan siendo altos y las cifras del desempleo aumenten.

Jeronim Perovic (1971, Winterthur) es historiador, pero su último libro lo ha dedicado a la economía, en concreto, a la historia de la economía de Rusia. Al país de Vladimir Putin, este profesor de Historia de Europa del Este y Director del Centro para Estudios de Europa del Este de la Universidad de Zúrich, lo llama “potencia de materias primas”. 

“Ningún país del mundo es tan rico en materias primas como Rusia. Esto confiere a Rusia una importancia estratégica global”, dice Perovic en esta entrevista con ElDiario.es. Para Europa especialmente, Rusia se ha convertido en una fuente esencial de materias primas, sobre todo, de energías fósiles. 

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