Pensiones por incapacidad permanente, total, absoluta o gran discapacidad: esto es lo que suben en 2026

Nada más estrenar el nuevo año 2026, los ciudadanos españoles han visto una revalorización significativa de las pensiones contributivas, afectando también y de manera directa a quienes perciben prestaciones por incapacidad permanente, total, absoluta o gran discapacidad. Esta medida emana del Real Decreto-ley 16/2025, que establece un incremento general del 2,7%, calculado a partir del IPC interanual medio registrado entre finales de 2024 y finales de 2025. Con esta actualización automática, el Gobierno busca garantizar la estabilidad del sistema público y asegurar que los ciudadanos no pierdan poder adquisitivo ante las fluctuaciones económicas del país. Actualmente, más de un millón de personas en España dependen de una pensión de incapacidad permanente en sus distintos grados, una cifra que evidencia la importancia social de estos ajustes anuales. 

Las mencionadas prestaciones se otorgan a trabajadores que, tras sufrir una enfermedad o accidente, ven limitada su capacidad para desarrollar su actividad laboral habitual o cualquier tipo de profesión. La subida del 2,7% impacta de forma directa en este colectivo, cuyas necesidades económicas suelen ser elevadas debido a las condiciones de salud y dependencia que motivan la ayuda. Para los beneficiarios que se encuentran en el tramo superior de cotización, la pensión máxima del sistema ha experimentado un ajuste superior al incremento general, situándose en 3.359,60 euros mensuales para el año 2026. Este tope máximo equivale a unos 47.034,4 euros anuales y se ha calculado aplicando el IPC más un 0,115% adicional, conforme a las disposiciones legales vigentes. Este incremento del 2,815% para las cuantías máximas representa un esfuerzo por mantener la competitividad de las pensiones más altas frente al coste de vida actual.

En cuanto a la incapacidad permanente total, destinada a quienes no pueden realizar su profesión habitual pero sí otros trabajos, la pensión media se proyecta en torno a los 1.037,73 euros mensuales. Este grado suele otorgar el 55% de la base reguladora, aunque este porcentaje puede ascender al 75% para mayores de 55 años que no se encuentran trabajando. Las cuantías mínimas para este grupo también han subido, alcanzando, por ejemplo, los 936,20 euros mensuales para titulares de 65 años sin cónyuge a cargo.

Los grados de mayor severidad, como la incapacidad absoluta y la gran invalidez, también han visto actualizados sus importes de referencia para este ejercicio. La incapacidad permanente absoluta, que imposibilita cualquier tipo de actividad laboral, sitúa su pensión media en 1.520,25 euros al mes. Por su parte, la gran invalidez, reconocida a quienes requieren asistencia de terceros para actos básicos del día a día, alcanza una media de 2.583,15 euros mensuales, reflejando el salto económico necesario para cubrir los costes de dependencia. Una de las claves de este sistema son los complementos adicionales que pueden percibirse junto a la pensión base, destacando el de gran invalidez y el destinado a reducir la brecha de género. 

El complemento de gran invalidez tiene como objetivo compensar los gastos de cuidado personal y no puede ser inferior al 45% de la base reguladora del beneficiario. Paralelamente, el complemento para la brecha de género se sitúa en 2026 en 36,90 euros mensuales por cada hijo, con un máximo de cuatro, premiando así a quienes vieron perjudicada su carrera de cotización tras la paternidad o maternidad. Resulta relevante señalar que estos complementos económicos constituyen una de las pocas excepciones legales que permiten cobrar por encima del tope máximo de pensión establecido por la Seguridad Social. Así, un ciudadano que ya perciba la pensión máxima por incapacidad absoluta puede ver incrementado su ingreso mensual si se le reconoce el derecho al complemento de gran invalidez o al de brecha de género. 

Se trata de una normativa que busca asegurar que las necesidades de apoyo personal extremo o las compensaciones por cuidado de hijos no se vean limitadas por el techo general de las prestaciones. En todo caso, mientras que las pensiones generales han subido un 2,7%, las pensiones mínimas han experimentado crecimientos mucho más notables para proteger a los sectores más vulnerables. En algunos supuestos, como la jubilación con cónyuge a cargo o viudedad con cargas, el incremento puede alcanzar hasta el 11,4%. Para la incapacidad permanente, el aumento de las mínimas se sitúa generalmente por encima del 7%, buscando aproximar estas prestaciones a un nivel de subsistencia digno acorde con la realidad económica de 2026.

Suelo financiero

El denominado complemento a mínimos juega un papel fundamental para aquellos pensionistas cuyas cotizaciones reales no alcanzan el importe mínimo garantizado por la ley. Este mecanismo actúa como un suelo financiero que cubre la diferencia entre lo generado por el trabajador y el mínimo legal anual, funcionando de manera similar a un ingreso mínimo vital dentro del sistema de pensiones. Gracias a este ajuste, la Seguridad Social garantiza que ningún beneficiario de incapacidad permanente perciba una cantidad inferior a los umbrales fijados para su situación personal y familiar.

No obstante, el mantenimiento de este complemento a mínimos en 2026 está sujeto al cumplimiento de estrictos límites de ingresos anuales adicionales. Para los pensionistas sin cónyuge a cargo, el límite de rentas se ha fijado en 9.442 euros anuales, mientras que para aquellos con cónyuge a cargo el tope asciende a 11.013 euros. Si un beneficiario supera estas cifras mediante rendimientos de trabajo o capital, la Seguridad Social retirará el complemento, reduciendo la prestación a su cuantía contributiva original e incluso reclamando devoluciones por cobros indebidos si no se comunica el cambio de rentas.

Un aspecto ventajoso de las pensiones contributivas de incapacidad es su potencial compatibilidad con la realización de ciertas actividades laborales, dependiendo siempre del grado reconocido. Esto permite que, bajo supervisión, los beneficiarios puedan obtener rendimientos laborales que complementen su pensión sin perder la prestación, siempre que el trabajo sea compatible con sus limitaciones. Esta flexibilidad busca fomentar la integración social y económica del colectivo, aunque es vital vigilar que dichos ingresos extra no invaliden el derecho al complemento a mínimos antes mencionado. En definitiva, el panorama de las pensiones por incapacidad permanente en 2026 refleja un sistema que intenta equilibrar la sostenibilidad financiera con la protección social. La subida media mensual estimada en unos 32,7 euros para este colectivo supone un alivio frente a la inflación, aunque la situación final de cada ciudadano dependerá de su base reguladora y sus cargas familiares.