Los Goya quitan la razón a los haters de la derecha
Menuda semanita. La previa de los Goya hizo que se llegara a la gala en un punto de ebullición, Qué ironía que esta vez no lo provocó un cargo político, como cuando hace dos años el entonces vicepresidente de la Junta de Castilla y León de Vox llamó señoritos a los trabajadores del cine español, sino que haya sido un cineasta cabreado (Juanma Bajo Ulloa) el que haya dado gasolina para que la derecha mediática haya aprovechado para azuzar a toda una industria.
Las palabras de Juanma Bajo Ulloa en el programa de Iker Jiménez diciendo que las ayudas se dan siguiendo la “dictadura woke” y que por eso él no tuvo (obviando los 700.000 euros que pagó RTVE por adquirir su filme) han levantado la alfombra para que los falsos mantras y las mentiras contra el cine español vuelvan a salir. Cuenten cuántos podcasts se han dedicado en los medios de derechas para comprar esas acusaciones esta última semana. No se han preocupado de buscar un dato, ni de mirar una resolución de ayudas ni de leerse las resoluciones de ayudas del ICAA.
Las palabras de Bajo Ulloa les venían de perlas. La guerra cultural pasa, de nuevo, como ocurrió en Argentina, por convertir al cine español en el enemigo. Esta semana todo les ha venido mal: Si Susan Sarandon defendía la posición española ante el genocidio de Palestina… MAL. Si Luis Tosar decía que lo raro en este contexto sería no hablar… MAL. Hasta el impecable discurso del Goya de Honor de una leyenda como Gonzalo Suárez ha sido dedicado por la prensa conservadora. Solo les viene bien quien se alinee con el ataque a un cine español que ha demostrado que es plural, variado, que tiene para todos los gustos.
Y por eso los Goya han sido la mejor medicina para todos los haters de la derecha. Primero, no se han achantado. El cine español ha sido contestatario por naturaleza, y lo raro sería que no hubieran hablado contra el genocidio en Gaza o el auge de la extrema derecha. Lo hicieron en una gala que fue política, pero que también supo celebrar y homenajear el gran cine español del año y de estas cuatro décadas. El cumpleaños de los galardones sirvió para que unos elegantes vídeos recordaran los éxitos del cine español. Los otros, El bola, Todo sobre mi madre, La comunidad, Ay, Carmela, As bestas, Tarde para la ira, Blancanieves, Mar adentro… Todas ellas, por cierto, ayudadas con dinero público. Ese que desde la derecha quieren despreciar llamándolo 'paguita'.
Pero sobre todo, los premios y los nominados de este año quitan la razón a los haters de la derecha de un plumazo. El cine español nominado ha demostrado que es plural, variado, que no sigue ningún mandato (ni ninguna dictadura woke). Que es capaz de en un año tener una comedia nominada (La cena), un fenómeno internacional de un cineasta de autor premiado en Cannes (Sirat), un documental sobre la tauromaquia (Tardes de soledad), una película sobre el sida y la memoria (Romería) y una ganadora que habla del terremoto familiar provocado por la decisión de una niña de 17 años que decide meterse a monja de clausura (Los domingos). Monjas y toros, super woke.
La victoria de Los domingos, además, les ha tenido que sentar a cuerno quemado. La película de Alauda Ruiz de Azúa ha sacado su peor versión. Primero la alabaron, dijeron que era un ejemplo de cómo tratar la fe con respeto. Destacaron su capacidad de escuchar a todos los personajes. Su inteligencia para no juzgar… Hasta que Alauda Ruiz de Azúa habló en los premios Forqué. Seguramente al ver que la Iglesia Católica intentaba apropiársela, la cineasta dejó claro que era “una película que explora cómo el adoctrinamiento religioso puede distorsionar tu percepción o tus sentimientos”.
A partir de ahí dejó de gustarles. La película no cambiaba. Pero ellos sí. A pesar de que habían defendido la tolerancia de la cineasta y su habilidad para escuchar y respetar todos los puntos de vista, dejaron de respetar el punto de vista de la autora de la obra. Una autora que, por cierto, desde el primer día dijo que ella no era creyente.
Pero sin duda hay dos datos que les cabrearán y que hacen que los Goya les quite la razón de un plumazo. El primero, el de audiencia. Después de siete días diciendo que los premios y que el cine español no interesan a nadie, y que quién va a querer escuchar a actores hablar de Gaza, el resultado dice justamente lo contrario: la ceremonia tuvo un 26% de cuota de pantalla, la cifra más alta desde el año 2020 (cuando alcanzó un 26.1%) y la segunda más alta desde 2010. Entre los jóvenes de 13 a 24 años, la cuota asciende hasta un 37%. Incluso en espectadores, con un consumo de televisión absolutamente fragmentado y desplomado desde hace años, los Goya suben de espectadores respecto a los dos últimos años.
Las películas nominadas de este año destrozan, además, otro argumento que siempre usan: que a nadie le interesan las películas que se premian y que son una panda de subvencionados deficitarios. Pues bien, repasemos las películas ganadoras y nominadas de los Goya a ver qué ha pasado este año en el que llevan con la cantinela una semana. Las cinco nominadas a Mejor película recibieron 5,2 millones de euros. Su recaudación conjunta es de casi 12,5 millones de euros.
La ganadora, Los domingos, según la web del ICAA, recibió un millón de euros de las ayudas a la producción. Su recaudación en estos momentos, sin tener en cuenta lo que haga tras su arrase en los premios, es de 4.279.000 euros. Pasamos a Sirat, que recibió 1,2 millones. Ha recaudado tres millones de euros. La cena recibió de las arcas públicas un millón. Ha recaudado 3,7 millones de euros. Romería recibió 1,2 millones. Ha hecho en taquilla 1,8. Sorda logró una recaudación de 740.459 euros, casi lo mismo que su subvención: 800.000 euros.
De las nominadas a Mejor película, solo Maspalomas recauda algo menos que su ayuda: 730.000 euros frente a 1,2. Este año hasta un documental como Tardes de soledad derriba el argumento: le dieron 291.550 euros de ayuda y ha recaudado 346.595 euros. A esas cifras de recaudación hay que sumar las ventas a plataformas, televisiones y a otros países, además del dinero generado en impuestos y puestos de trabajo de cada una de ellas. Y no pasaría nada si no hubieran recuperado el dinero que les han dado. Las ayudas públicas no deben medirse con un criterio de rentabilidad. Pero ya que ese argumento es el más usado por la derecha anti cine español, está bien saber que tampoco se cumple.
Nada mal para un cine que no interesa, para películas endogámicas que interesan solo a los miembros de la secta woke.
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