Volkswagen duplicó el dinero destinado a hacer lobby en Bruselas en 2014

Una de las críticas que han saltado durante el fraude de Volkswagen es la presión que ejercen las compañías relacionadas con el mundo del motor en la política de la UE. Más allá del escándalo empresarial, el caso Volkswagen ha puesto el foco en la regulación medioambiental donde las voces más críticas señalan que la industria automovilística ha puesto freno a una normativa más estricta. El fabricante alemán gastó 3,3 millones de euros en 2014 a tareas de presión y destinó a ellas 43 personas, según un informe de Corporate Europe. Cabe recordar que ese año las autoridades estadounidenses ya habían apercibido a la compañía alemana por la manipulación de los motores y en diciembre de ese año llegaron a un pacto amistoso para solucionar el problema que, finalmente, acabó saliendo a la luz hace escasos días.

Volkswagen encabeza la clasificación de un listado de nombres relacionados con la industria del motor cuyas cinco primeras posiciones movieron el año pasado 12,3 millones de euros. Daimler y BMW -otras dos marcas alemanas- gastaron 2,5 y 1,5 millones de euros respectivamente en el pasado ejercicio. El grupo de los cinco nombres que más presupuesto destinaron a las actividades de presión lo completan la patronal alemana de fabricantes Verband der Automobilindustrie (VDA) con 2,5 millones de euros y 31 lobbistas, seguido de la patronal europea (ACEA) con 2,5 millones de euros y 16 personas y en quinto lugar BMW que gastó 1,5 millones y destinó a 8 personas.

Desde la organización Corporate Europe señalan que no es únicamente un problema de cuánto se ha destinado sino también de cómo esta cantidad se ha ido incrementando con el paso del tiempo. “Los grandes fabricantes alemanes han incrementado sus esfuerzos de lobby en los últimos años. Un vistazo a los datos históricos del registrop de transparencia muestran que tanto el gasto como el número de empleados de lobby se ha incrementado masivamente desde 2010”, señalan en el texto. Hace cinco años, Volskwagen declaraba gastar 800.000 euros mientras que en 2013 el gasto había alcanzado ya 1,25 millones de euros. Una cifra que se duplicó en 2014 al ascender hasta los 3,3 millones. “Esperamos que en 2015 sea incluso más alto”, señalan. En el caso de Daimler el gasto ha sido más lineal, con un incremento de 300.000 euros en el último ejercicio.

La labor de los grupos de presión en las instituciones europeas busca que las directivas que se aprueben se adecúen a sus intereses. Francisco Segura, coordinador estatal de Ecologistas en Acción, señala que la patronal de fabricantes europeos (ACEA) funciona como un grupo de presión con dos grandes líneas de actuación generales. Por un lado, rebajar la ambición de la legislación ambiental junto con un retraso de la puesta en marcha de las medidas que se aprueben. Respecto a si han visto aumentar la actividad de los lobbies del motor en Bruselas señala que su actividad es algo “continuo”.

La asociación de fabricantes europeos es también un importante grupo de presión en Bruselas. “Bajo las siglas de ACEA están representadas las grandes marcas fabricantes de automóviles tanto las atrapadas por el escándalo de las emisiones como aquellas que han tenido que clamar por su inocencia. En total, ACEA engloba el 80% de los fabricantes de automóviles”, señala en su informe Corporate Europe.

En este sentido, el grupo Acces Info Europe apunta que uno de los grandes problemas de estas actividades es la falta de transparencia puesto que, aunque existe un registro de las reuniones de alto nivel con comisarios y altos funcionarios, no existe cuando se trata de encuentros con técnicos. Desde esta plataforma explican además que Bruselas es un gran centro de reunión de lobistas donde además de estos encuentros oficiales existe un gran número de encuentros informales.

La organización de la industria del automóvil hace que algunas empresas tengan una doble o incluso triple forma de representación ante las instituciones de la UE. De esta manera, los fabricantes alemanes están representados por sus propios lobbies pero también a través de la patronal de fabricantes alemana y de la europea.

Presencia en las reuniones de expertos

Los lobbistas de la industria del automóvil están presentes en los grupos de asesores de la Comisión Europea, donde se generan borradores para futuras normativas. “Volkswagen está sentado en cinco grupos diferentes, a menudo con otros fabricantes o asociaciones. Volkswagen, Daimler y ACEA están sentados en el grupo de trabajo de vehículos de motor mientras que los tres junto con BMW y la patronal alemana también están presentes en el foro de iMobility. ACEA además se encuentra en el Grupo de Expertos para la Revisión de la Política del Aire de la UE”, apuntan en el informe. “El hecho de hacer lobby no tiene por qué ser siempre malo, porque también disponen de mucha formación técnica pero el problema es cuando esta no se hace pública”, precisa Acces Info Europe.

En el informe también se señala que a mediados de la década de los 90 la industria europea del motor logró una victoria con su estrategia de presión contra los límites de emisiones obligatorios proponiendo un esquema de objetivos voluntario. Una plan que falló porque la industria no alcanzó estos objetivos voluntarios pero consiguió retrasar los límites obligatorios durante una década. Cuando los límites obligatorios se introdujeron finalmente se vieron muy suavizados. “La industria desde ese momento ha utilizado su pertenencia al grupo de expertos CARS21 para retrasar los estándares de las emisiones mientras que BMW incluso se alió con la canciller alemana Angela Merkel para ejercer presión a favor de una mayor prórroga en la introducción de los estándares”, concluye el documento.

Otro de los temas que se han ido retrasando por la presión de la industria es la introducción de nuevos procedimientos para las pruebas de los vehículos. “Sin embargo, con la aparición de este escándalo es probable que todo el proceso se agilice”, apuntan.