Las ocho reglas que pueden ayudarte a evitar un fraude online

Cada día realizamos infinidad de operaciones a través de internet: compramos entradas para un concierto, reservamos un apartamento para las vacaciones, hacemos una transferencia, pagamos con el móvil o enviamos documentación importante. Se ha vuelto algo tan habitual que apenas reparamos en ello. Y aunque cada vez estamos más informados sobre cómo hacerlo con seguridad, la educación financiera y la prevención siguen siendo fundamentales, especialmente cuando la inteligencia artificial puede hacer más convincentes las estafas. Porque esa comodidad ha simplificado muchas gestiones, pero también ha ampliado el terreno de juego para los ciberdelincuentes, que perfeccionan continuamente sus métodos para aprovechar cualquier descuido.

Los fraudes resultan cada vez más difíciles de identificar. Los mensajes fraudulentos ya no están plagados de faltas de ortografía ni llegan desde direcciones claramente sospechosas. Hoy pueden imitar con fidelidad la imagen de una empresa conocida, hacerse pasar por un familiar o utilizar herramientas de IA para generar textos o incluso voces que parecen auténticas. En este contexto, actuar con calma y conocer unas pautas básicas de seguridad puede marcar la diferencia.

Los pequeños hábitos

La mayoría de las estafas digitales no aprovechan grandes fallos de seguridad, sino pequeños gestos cotidianos. Por eso, incorporar algunas rutinas sencillas puede reducir de forma considerable el riesgo de convertirse en víctima de un fraude.

Una de las primeras recomendaciones consiste en descargar únicamente las aplicaciones que realmente sean necesarias y siempre desde las tiendas oficiales o desde la web del desarrollador. Del mismo modo, conviene desconfiar de cualquier programa cuya procedencia no esté clara o que llegue a través de un enlace recibido por mensajería o correo electrónico.

También es importante evitar realizar operaciones sensibles cuando estamos conectados a una red wifi pública. Consultar la banca online, introducir datos sensibles o efectuar compras desde conexiones compartidas puede exponer información personal si la red no ofrece las garantías de seguridad adecuadas.

Mantener actualizados el móvil, el ordenador o la tableta es otra medida sencilla y muy eficaz. Las actualizaciones no solo incorporan nuevas funciones, sino que corrigen vulnerabilidades que podrían ser aprovechadas por los ciberdelincuentes. Lo mismo ocurre con el antivirus, que conviene mantener al día.

Otro consejo básico es navegar únicamente por páginas web de confianza. Antes de introducir datos personales o bancarios merece la pena dedicar unos segundos a comprobar que la dirección es la correcta y no presenta elementos sospechosos. Esa prudencia debe aplicarse a los enlaces que llegan por SMS, correo electrónico o aplicaciones de mensajería. Aunque aparentemente procedan de una empresa conocida, nunca está de más verificar su autenticidad antes de pulsar sobre ellos.

Las contraseñas son otra pieza fundamental de la seguridad digital. Utilizar una diferente para cada servicio, crear claves robustas y activar, cuando sea posible, la verificación en dos pasos añade una capa adicional de protección. Igualmente, conviene revisar periódicamente la configuración de privacidad de las redes sociales y evitar compartir más información de la necesaria. Cuantos menos datos circulen sobre nosotros, más difícil será que alguien pueda utilizarlos para construir un engaño creíble.

El papel de la IA

Entre las estafas que más se han extendido en los últimos años figura la conocida como el fraude del hijo en apuros. Todo comienza con un mensaje desde un número desconocido en el que alguien asegura haber cambiado de teléfono y pide ayuda urgente para realizar una transferencia. La situación busca provocar una reacción inmediata, apelando a la preocupación de quien recibe el mensaje.

En estos casos, un gesto tan sencillo como llamar al número habitual del supuesto familiar suele bastar para descubrir que se trata de un intento de fraude. La misma recomendación sirve para cualquier comunicación inesperada que solicite dinero, datos personales o códigos de verificación: antes de actuar, conviene detenerse unos segundos y comprobar la información por otra vía.

La irrupción de la inteligencia artificial ha elevado aún más el nivel de sofisticación de estos engaños. Hoy resulta posible generar mensajes perfectamente redactados, imágenes realistas e incluso voces capaces de imitar a otra persona con un alto grado de fidelidad. Sin embargo, la tecnología también refuerza una idea que sigue vigente: la mejor defensa continúa siendo el criterio de quien está al otro lado de la pantalla.

Por todo ello, la educación financiera adquiere un papel cada vez más relevante. Conocer cómo funcionan las estafas, identificar las señales de alerta y adoptar hábitos seguros permite desenvolverse con mayor tranquilidad en un entorno digital que forma parte de nuestra vida diaria. No se trata de desconfiar de todo, sino de aprender a reconocer cuándo conviene hacer una pausa antes de compartir información o realizar una operación.

Al igual que cerramos la puerta de casa al salir o utilizamos el cinturón de seguridad al conducir, proteger nuestros datos personales y financieros debería convertirse en un gesto cotidiano. La prevención no elimina por completo el riesgo, pero sí dificulta enormemente el trabajo de quienes intentan aprovecharse de la confianza de los demás.

Esta es una información del programa Educación Financiera de Ibercaja en colaboración con Funcas. Cultura financiera para todos. Más información en fundacionibercaja.es/educacionfinanciera.