Juan Carlos Escudier
Llevaba razón el director general de la CECA, José Antonio Olavarrieta, cuando denunciaba esta semana una campaña de desprestigio contras las cajas de ahorros que no tiene precedentes. No hay político, gurú o aficionado a los toros que, preguntado por los agujeros negros de la economía española, no apunte hacia las cajas, como si fueran ellas las únicas responsables del estrangulamiento del crédito que venimos sufriendo en los últimos tres años. De los evidentes problemas de solvencia de algunas de las entidades, se pasó rápidamente a la descalificación global de las instituciones, ya fuera por su politización, su exposición al ladrillo -como si los bancos se hubieran dedicado a la jardinería- o por su inapropiado tamaño para afrontar la crisis financiera.
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