Ceuta en la encrucijada geopolítica: entre la presión marroquí y el nuevo orden estadounidense
El 13 de junio de 2008 defendí ante un tribunal docente mi tesina titulada 'Relaciones UE-China: un futuro por delante'. En ella escribí lo siguiente: “A la vista de lo comentado en el apartado referente a la unilateralidad estadounidense, debemos plantearnos si la falta de coordinación —en algunas ocasiones— respecto a la política exterior de la UE no es en realidad un grave problema de dependencia político-estratégica respecto a EEUU y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). En la actualidad, la UE debe preguntarse seriamente si la OTAN puede dar respuestas a sus necesidades en política exterior (...) Los Estados Unidos juegan hoy el papel de Estado hegemónico. Por ello, es absolutamente impensable que Estados Unidos se plantee la transición de un mundo unilateral a uno multipolar sin poner cierta resistencia. Hoy día, al igual que en otros momentos de la historia, el hegemón no puede plantearse una relación simétrica junto a otras potencias”.
Lo que ha sucedido en Ceuta reafirma esta zona en el centro de un tablero multinivel. La cuestión migratoria lleva siendo un tema central en los debates políticos en toda Europa desde hace varios años. El último escenario en el que podemos encontrar un ejemplo de ese debate global ha sido la crisis provocada por la llegada repentina a Ceuta, entre el jueves 30 y el viernes 31 de julio, de decenas de miles de migrantes procedentes de Marruecos. Aún queda por aclarar qué ha propiciado esta llegada, pero las reacciones que ha provocado esta crisis han sido muy interesantes.
Apenas veinticuatro horas después, una gran mayoría de los migrantes en situación irregular regresaron a Marruecos y ninguno había tenido tiempo de llegar al continente europeo. Sin embargo, la proliferación de discursos incendiarios procedentes de la derecha y la extrema derecha acusando a las políticas de Pedro Sánchez solo demuestra las cuentas pendientes que buena parte de los países de la UE (gobernados por la derecha) tenían sobre la cuestión migratoria.
Por una parte, Marruecos ha aprovechado su asociación estratégica con Washington y Tel Aviv para reforzar sus aspiraciones territoriales: lograr Ceuta y Melilla. No son nuevas y la colaboración con EEUU tampoco. Solo hay que recordar la Marcha Verde de 1975 y la colaboración logística de EEUU y la CIA. Recordemos el apoyo explícito de EEUU al reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en 2020 como contrapartida a que Mohamed VI aceptase normalizar de inmediato sus relaciones diplomáticas con Israel en el marco de los Acuerdos de Abraham.
Todo sucede el mismo día de la celebración del ascenso al trono de Mohamed VI. ¿Casualidad? Obviamente no. La embajada de EEUU en Marruecos publicó el 31 de julio una nota de Trump sobre el apoyo a la soberanía marroquí del Sáhara Occidental. Ese mismo día, el congresista republicano Ronny Jackson y su compañero Josh Gottheimer presentaron en el Congreso de EEUU un proyecto para clasificar como terrorista al Frente Polisario. Nada nuevo: el 26 de julio supimos que el rey de Marruecos, Mohamed VI, había bautizado una autopista con el nombre del mandatario estadounidense. Se trata de una carretera de 1.055 kilómetros que une Tiznit, en el sur del país, con Dajla, en el extremo meridional del Sáhara Occidental. Obviamente, el gesto responde a la decisión de Trump que reconoció la soberanía marroquí del Sáhara Occidental.
Meses antes, el 30 de abril de este mismo año, la Cámara de Representantes estadounidense dictaminó que, teniendo EEUU y Marruecos una alianza histórica, se establece continuar “la asistencia a Marruecos en apoyo a los intereses de seguridad nacional de los Estados Unidos y ordena no menos de $20.000.000 bajo los Programas de Inversión en Seguridad Nacional y no menos de $20.000.000 bajo el Programa de Financiamiento Militar Extranjero”. Y para rematar la jugada añaden: “El Comité observa que las ciudades de Ceuta y Melilla, administradas por España, se encuentran en territorio marroquí y siguen siendo objeto de la antigua reclamación de Marruecos. El Comité apoya los esfuerzos del secretario de Estado para fomentar el diálogo diplomático entre Marruecos y España sobre el futuro estatus de Ceuta y Melilla”.
Por otra parte, EEUU e Israel presionan diplomáticamente al Gobierno español por discrepancias en su política exterior. Trump tiene cuentas pendientes con Sánchez por sus críticas a las amenazas sobre Groenlandia, la negativa de Pedro Sánchez a ceder las bases militares españolas para los aviones que iban a bombardear Irán y la posición de este respecto al incremento del gasto en la OTAN. Netanyahu tiene las suyas por el liderazgo de España dentro de la UE en la posición contraria a sus ataques sobre el pueblo palestino y la insistencia en calificarlo de genocidio.
A esto le sumamos el tablero energético. Sánchez viajó a Argelia solo 10 días antes de lo sucedido para relanzar la colaboración energética que se congeló en 2022, cuando España reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. El gasoducto Medgaz, que conecta Argelia con España directamente (sin pasar por Marruecos), es un problema para Marruecos, que antes cobraba peaje por pasar por su territorio. Diez días después, 50.000 personas entran en Ceuta.
El aspecto estratégico: la existencia de Ceuta bajo bandera de España implica que un “aliado” díscolo tiene control a ambos lados del estrecho de Gibraltar. Un estrecho importante a nivel económico con el transporte marítimo y el único que puede usar en la actualidad Israel después de que el estrecho de Ormuz fuese bloqueado por Irán y del bloqueo de Bab el-Mandeb en Yemen. Si controlas el Canal de Panamá, el de Suez, el estrecho de Ormuz y el de Gibraltar, básicamente controlas el comercio mundial en función de tus intereses. La Administración Trump tiene muy claros cuáles son sus intereses; por eso necesita un socio regional fuerte en el norte de África, y esa apuesta se llama Marruecos. Ceuta, bajo bandera española, genera una división en una posible continuación de las aguas territoriales marroquíes entre Tánger y Tetuán.
Pero no hay sorpresas ni conspiraciones en todo esto. Al fin y al cabo, EEUU simplemente está cumpliendo con su estrategia de seguridad nacional presentada en diciembre de 2025. Con ella, la Administración Trump ha abandonado de manera formal el multilateralismo tradicional, reemplazándolo por una doctrina basada en el realismo ofensivo, la soberanía nacional, el proteccionismo económico y la prioridad del eslogan 'America First'. Es la versión actual de la Doctrina Monroe.
El hemisferio occidental se vuelve una prioridad: desde Canadá hasta el Cono Sur vuelve a colocarse en el centro neurálgico de la estrategia de Washington. A lo que se suma una contención regional que busca bloquear de forma explícita la influencia de potencias rivales (China, Rusia, Irán) en América Latina. Otra parte importante de esta nueva estrategia es la autonomía económica y de suministro, buscando la reindustrialización del país en sectores clave como defensa, microchips y energía. Aquí puede verse cómo la diplomacia económica se basa en aranceles «recíprocos», la reducción de dependencias exteriores y la desregulación interna.
Y, finalmente, una visión crítica de la UE. El documento publicado sobre su estrategia de seguridad critica las estructuras supranacionales y argumenta que Europa sufre una crisis de regulación y demografía. Además, acusa a la Unión Europea y a sus instituciones de “drenar la soberanía” de los Estados miembros. Culpa a las políticas migratorias descontroladas, la crisis demográfica y la pérdida de valores tradicionales occidentales. Por eso, su estrategia desea que “Europa siga siendo europea” y recupere su confianza cultural, respaldando a los Estados nación frente al modelo supranacional. Claro, los grupos ultranacionalistas que han surgido están encantados.
En el propio documento deja entrever que la administración estadounidense buscará alianzas preferentes con partidos y movimientos patrióticos o soberanistas en el continente. Y esto encaja con el cuestionamiento de la narrativa europea en materia de gobernanza global, clima y diversidad, acusando a ciertas políticas comunitarias de socavar los procesos democráticos internos de los países.
En cuanto a seguridad, añade que la era en la que EEUU sostenía de forma casi íntegra la seguridad europea ha terminado (“el rol de Atlas ha concluido”). De ahí que exija a las naciones europeas asumir el peso primordial de la defensa convencional del continente frente a Rusia, instándolas a incrementar sus presupuestos de defensa hacia el 5 % del PIB para permitir a Washington reasignar recursos hacia el Indo-Pacífico y su propio hemisferio.
Toda esta agenda de Trump encuentra fácilmente la colaboración de las corrientes euroescépticas y conservadoras en Europa, que utilizan lo sucedido en Ceuta para tensionar el modelo de integración europea y las políticas migratorias comunes. Rápidamente, las cuentas oficiales de EEUU, senadores y congresistas, ministros israelíes y 'think tanks' prosionistas llenan las redes sociales de esos mensajes: es consecuencia de las políticas ultraizquierdistas. El Partido Popular (PP) y el Partido Popular Europeo (PPE) se suman a esto.
En apenas unas horas, Meloni logró que otros 21 mandatarios de la UE firmen una carta a la Presidencia irlandesa del Consejo de la UE solicitando una reunión de los responsables de interior de cada país miembro para evaluar la situación y generar un acuerdo sobre la “respuesta europea coordinada”. El inconveniente es que esta petición vino precedida de una amenaza italiana, danesa y finlandesa de solicitar sacar del espacio Schengen a España. Más allá de que el ministro de Asuntos Exteriores italiano, Antonio Tajani, o la propia Meloni hayan demostrado mala fe o poco conocimiento del funcionamiento del Tratado Schengen en la ciudad autónoma, queda mal que lo primero que se lance sea una amenaza al país miembro que ha sufrido lo que sucedió en Ceuta.
Para entenderlo, debemos hablar de que en 2027 hay elecciones legislativas en Italia y Meloni, que no ha llevado a cabo nada de lo que prometió sobre migración en campaña, ve con temor un posible avance de partidos ultraderechistas que la critican por ello y puedan reducir su caladero de votos. Una posición de claro consumo interno que, al mismo tiempo, encaja con las posiciones del punto anterior.
Sumemos un gobierno danés débil que desde enero ha visto las amenazas de Trump de querer quedarse con Groenlandia. La tercera fue ayer, tras calmarse todo lo sucedido en Ceuta. ¿Casualidad? Es el momento perfecto: Trump y la estrategia estadounidense de “divide y vencerás”. Lo sucedido en Ceuta ha demostrado la debilidad en la cohesión europea. Lo de Ceuta no fue espontáneo: fue un mensaje y una demostración de migración instrumentalizada para desestabilizar.
La respuesta de Ursula von der Leyen y todo el PPE ha sido profundamente insolidaria y cínica. En lugar de presionar a Marruecos, han disparado a un Estado miembro. Y mientras tanto Trump, en esos dos días, ha estado enviando mensajes de apoyo a Marruecos. No es casualidad: es evidente que ha sido una respuesta ante la última regularización de migrantes llevada a cabo por el Gobierno de Pedro Sánchez frente al viraje hacia posiciones más extremistas del bloque conservador en la cuestión migratoria.
Por otra parte, pero relacionado con esto, los socialistas y los liberales europeos no tienen más razones que proteger a sus pocos gobiernos (pero entre ellos están el español y el francés) para seguir apoyando a Von der Leyen. Sin embargo, es evidente que el PPE ha puesto sus intereses de poder a nivel nacional y de partido por encima de la unidad europea y de la estabilidad de las instituciones.
Al final de todo esto, migrantes manipulados por el Gobierno marroquí fueron conducidos a la frontera para crear presión política sobre España. Diferentes medios de comunicación internacionales informaron de que muchos de los que habían cruzado señalaban que “la frontera está abierta y se puede pasar sin papeles”. Es evidente que un volumen tan alto de personas no puede moverse sin el beneplácito de la policía marroquí. Por ahora hay cerca de 90 personas muertas, personas utilizadas en este juego de geoestrategia de varios Estados.