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Modernos

El hombre, la mujer, siempre ha tendido a dejarse hipnotizar fácilmente dado que mantener en suspenso las facultades del cerebro es una manera bastante barata de distanciarse de la fatigosa tarea de pensar. El fuego hizo el papel de la televisión en una época anterior a la revolución industrial, pero actualmente no hay nada más hipnótico que la pantalla del televisor, el móvil, el ordenador o la tableta. Contemplar un partido de tenis a través de la pequeña pantalla, por ejemplo, es un narcótico muy poderoso, mucho más poderoso que la contemplación del mar o del fuego que arde en una chimenea.

Tal vez por eso a algunas personas les resulte tan fácil desentenderse no solo del prójimo sino también de la naturaleza para vivir en una completa y televisiva soledad. El futuro es la soledad. La soledad distraída con máquinas. La soledad de la comida a domicilio y de la pornografía en Internet. Los jóvenes parecen asumir este futuro sin cuestionarlo ya que se han entregado a las nuevas tecnologías con un entusiasmo ciego; como de enamorados o de drogadictos o de feligreses... No cuestionan las consecuencias de esta entrega del mismo modo que los soldados no cuestionan las órdenes. La tecnología les ha aislado.

Hay jóvenes que ya se pasan el fin de semana encerrados en su habitación para ver de un tirón, seguidamente, todas las temporadas de la serie Breaking Bad, por ejemplo. El contacto con los demás es solo a través de una pantalla. Todo lo que saben lo saben porque lo leen en ellas. No escuchan las historias de sus mayores porque los mayores no aparecen en sus pantallas. Más que desorientados parecen resignados. No pueden concentrarse en nada porque están aturdidos debido a la magnitud de la oferta; aturdidos por las cosas, por la descomunal cantidad de cosas que les son ofrecidas constantemente: coches, motos, patinetes eléctricos, móviles, ordenadores, zapatillas para hacer deporte, pornografía en internet para no tomarse la molestia de relacionarse con todos los sexos que les son contrarios, vídeo juegos, tele series, tabletas, viajes, drogas sintéticas, marihuana, alcohol, reguetón a todas horas...

Menos trabajo, la sociedad de consumo les ofrece de todo... “Algo les oprimía”, escribió el novelista Malcolm Cowley haciendo referencia a la vida de los jóvenes norteamericanos durante el periodo de entreguerras. “Era la estupidez de la multitud, la prisa, la velocidad; era la producción en serie, nuestra civilización empresarial; o quizá era la máquina, desarrollada para satisfacer las necesidades de los hombres, pero que ahora controlaba esas necesidades y nos imponía sus productos estandarizados mediante una publicidad y una vulgaridad ampliamente propagada”. El presente es tan escurridizo, tan pasajero, que nunca resultamos tan modernos como cuando vivimos cometiendo los mismos errores que cometieron nuestros antepasados.

El hombre, la mujer, siempre ha tendido a dejarse hipnotizar fácilmente dado que mantener en suspenso las facultades del cerebro es una manera bastante barata de distanciarse de la fatigosa tarea de pensar. El fuego hizo el papel de la televisión en una época anterior a la revolución industrial, pero actualmente no hay nada más hipnótico que la pantalla del televisor, el móvil, el ordenador o la tableta. Contemplar un partido de tenis a través de la pequeña pantalla, por ejemplo, es un narcótico muy poderoso, mucho más poderoso que la contemplación del mar o del fuego que arde en una chimenea.

Tal vez por eso a algunas personas les resulte tan fácil desentenderse no solo del prójimo sino también de la naturaleza para vivir en una completa y televisiva soledad. El futuro es la soledad. La soledad distraída con máquinas. La soledad de la comida a domicilio y de la pornografía en Internet. Los jóvenes parecen asumir este futuro sin cuestionarlo ya que se han entregado a las nuevas tecnologías con un entusiasmo ciego; como de enamorados o de drogadictos o de feligreses... No cuestionan las consecuencias de esta entrega del mismo modo que los soldados no cuestionan las órdenes. La tecnología les ha aislado.