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La salud viaja en transporte público

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Es evidente que la lucha contra el cambio climático está ya presente no solo en la agenda informativa sino en la agenda de la opinión pública. Según el barómetro de Tezanos, es una de las principales preocupaciones de la ciudadanía por encima del problema como el del acceso a la vivienda o el de la corrupción y el fraude en España.

En la lucha contra el cambio climático es necesario tanto la implementación de medidas de mitigación encaminadas a reducir y limitar las emisiones de los conocidos gases de efecto invernadero como medidas dirigidas a reducir los efectos de éste. Por eso, es importante que cada ciudadano y ciudadana tomemos conciencia y tengamos claro de qué forma podemos contribuir en la reducción de las emisiones contaminantes y cuáles son las diferentes soluciones para abordar los efectos que ya soportamos.

Una medida mitigadora es, por ejemplo, el uso de medios de transporte públicos o la movilidad activa (desplazarnos en bicicleta o caminando). Coger la bicicleta o el tranvía diariamente se convierten así en una actitud imprescindible para frenar el cambio climático. Este ejercicio individual de optar por el transporte eficiente atiende a una cotidianidad mucho más común entre las mujeres y, si no, no tienen mas que acceder a un medio de transporte público cada mañana para convencerse de ello. Además, pueden consultar el informe “El cambio climático en Euskadi desde la perspectiva de género”, elaborado por Ihobe en colaboración con Emakunde, que señala que son las mujeres quienes contribuyen a la reducción de las emisiones a través de una movilidad más sostenible, basada en trayectos a pie o en transporte público en oposición al uso del vehículo privado que, habiendo estado tradicionalmente más asociado a los hombres, sigue siendo hoy en día su patrón de movilidad más extendido en los traslados diarios al trabajo.

Los desplazamientos de las mujeres y sus itinerarios, sin embargo, no solo son al trabajo, sino que también están relacionados con las diferentes tareas de los cuidados. Cuidados que asociamos con los niños y niñas, las personas dependientes o nuestros mayores sin caer en la cuenta de que cada desplazamiento en transporte público contribuye a generar entornos más amables, más saludables y menos ruidosos. Cada desplazamiento que no hacemos en un coche de combustión nos acerca más a la recuperación de nuestras calles como espacios para el disfrute y su conversión en lugares de encuentro y espacios saludables y seguros para la infancia y para nuestros mayores.

La reducción de tubos de escape en nuestras calles y el aumento del uso del transporte público contribuye a hacer ciudades más respirables y menos estresantes. Y es que situar la salud física y mental en el centro de nuestras prioridades cuando apostamos por el transporte público o la movilidad activa en nuestros desplazamientos diarios, también va de cuidarnos y de cuidar.

En los últimos meses se ha incorporado al debate de la movilidad urbana otra medida mitigadora: las zonas de bajas emisiones (ZBE), áreas urbanas en las que el acceso y circulación de vehículos contaminantes queda restringido debido a sus emisiones. Dicho debate se ha centrado en hablar del coche, dejando en un plano invisible la salud de las personas que es de lo que se trata de proteger. Y es que no debemos olvidar que hablar de zonas de bajas emisiones, es hablar de la mejora de la calidad del aire de nuestras ciudades y entonos residenciales o escolares y eso pasa por la reducción del número de tubos de escape circulando por nuestras calles.

Según la OMS, la contaminación atmosférica es una emergencia sanitaria mundial y cuarta causa de muerte, siendo niños, niñas y adolescentes las personas más vulnerables a los efectos adversos para la salud. Según la prestigiosa revista científica 'The Lancet', los efectos en las personas más jóvenes causados por estar expuestos a toxicidades ambientales perdurarán en su organismo de por vida. Y hace ya unos años, que la OMS señaló que 1.800 millones o lo que es lo mismo, el 93% de los niños y niñas menores de 16 años de todo el mundo respiran aire tan contaminado que pone en riesgo su salud y desarrollo cognitivo.

Por eso, hablar de zonas de bajas emisiones es hablar de salud. De salud para nuestros pulmones y también de salud mental. Piensen en lo que consideran una ciudad amable donde se pueda caminar con tranquilidad entre arbolado y calles seguras, probablemente pensarán en una ciudad donde niños y niñas puedan hacer vida en la calle de forma autónoma y segura alejados del ruido del tráfico y la contaminación. Una ciudad donde las personas mayores y quienes tengan algún tipo de afección cardiopulmonar puedan respirar aire limpio y gozar de buena salud y, por tanto, de calidad de vida. Por eso, hacer uso del transporte público y de la movilidad activa es también hablar de cuidados y de eso las mujeres sabemos un rato.

Es evidente que la lucha contra el cambio climático está ya presente no solo en la agenda informativa sino en la agenda de la opinión pública. Según el barómetro de Tezanos, es una de las principales preocupaciones de la ciudadanía por encima del problema como el del acceso a la vivienda o el de la corrupción y el fraude en España.

En la lucha contra el cambio climático es necesario tanto la implementación de medidas de mitigación encaminadas a reducir y limitar las emisiones de los conocidos gases de efecto invernadero como medidas dirigidas a reducir los efectos de éste. Por eso, es importante que cada ciudadano y ciudadana tomemos conciencia y tengamos claro de qué forma podemos contribuir en la reducción de las emisiones contaminantes y cuáles son las diferentes soluciones para abordar los efectos que ya soportamos.