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Si somos trabajadoras esenciales, ¿por qué tanta precariedad?

Aranzazu Altagracia Miguez García

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Hay algunas pocas cosas en las que todo el mundo estamos de acuerdo. Pondré tres ejemplos: todas las personas queremos ser felices, a todas nos gustaría tener un trabajo digno no precario con el que poder lograr un proyecto de vida autónomo y llegar de manera desahogada a fin de mes, pero -sobre todo- nadie quiere que la mierda le llegue por encima de la barbilla. Esto lo puede suscribir cualquier persona en cualquier punto de la Tierra. Bueno, no sé si lo último lo podría suscribir Florentino Pérez, el `mero mero’ del grupo ACS -como dicen en México- y propietario del Real Madrid. Luego les explicó por qué me he acordado de él.

Perdón, que no me he presentado: nosotras pertenecemos a ese amplio grupo de personas que madruga en Euskadi para ir a trabajar. Todos los días, a las seis de la mañana, yo estoy ya en marcha: pongo la radio, trasteo en el móvil para ver cómo va la jornada y me enfundo el mono de limpieza para que cuando usted llegue a renovar su DNI o el Pasaporte para poder cumplir su sueño de visitar ese destino de ensueño todo esté limpio y reluciente. Lo dicho, que la basura no le llegue a la barbilla y todo funcione como Dios manda. Amén.

Estos días dispongo de un poco más de tiempo para mí solita. Me levanto a la 8:30, sigo con la radio y todo eso. Desayuno con mucha más tranquilidad. Y tengo un ratito para leer. He desempolvado un libro que tengo ahora a mano en la mesilla de noche: ‘Manual para mujeres de la limpieza’, una obra maestra de Lucia Berlin, la escritora estadounidense (nació en Alaska un 12 de noviembre de 1936) que según coinciden crítica y público brilla como una supernova por su capacidad para convertir sus experiencias vitales en cuentos deslumbrantes. Soberbios, me atrevería a decir. Y, sí, yo también soy trabajadora de la limpieza. Y con mis compañeras de curro hacemos a diario una labor fundamental.

Somos legión (solo en España somos 572.500 personas y la mayoría (casi el 74%) somos mujeres. Y como todos esos personajes que nos regala Lucia Berlin en su libro, somos fuertes, únicas, inteligentes, trabajamos a conciencia y somos muy reales. “Las mujeres de la limpieza lo saben todo”, escribió la escritora estadounidense. Y es verdad, no nos pongan a prueba.

¡Ah!, se me olvidaba lo más importante: además somos esenciales, trabajadoras esenciales para que todo funcione. No es una medalla lograda en una feria de ganado, no, no; es una condición reconocida por el Gobierno de España durante las primeras semanas de la Pandemia que asoló el mundo en 2020. Está recogida en el Real Decreto-Ley 10/20 del 29 de marzo de 2020. ¿Se acuerdan de la Pandemia y de la Covid-19? Nosotras estamos en el punto 18 de esa norma: “Los que presten servicios de limpieza, mantenimiento, reparación de averías urgentes y vigilancia...”. Tal cual. A nosotras, como a otros muchos trabajadores reconocidos como esenciales, no nos aplaudían a las 8 de la tarde, pero la gente y nuestros políticos entendieron que sin nosotras, la cosa se podía poner peor. Mucho peor.

Si todo esto es así, ¿por qué tenemos entonces unas condiciones laborales tan precarias y un sueldo de mierda. ¿Solo porque nos encargamos de retirarla para que todo esté en orden? Y se lo pregunto directamente al señor Florentino. Y ahora me explico.

Llevamos en huelga desde el pasado 24 de septiembre, en los centros de trabajo de la Policía Nacional (CNP) en Basauri y en la Jefatura Superior de Policía, en Bilbao. Somos una veintena de trabajadoras y la cosa va para largo porque nuestra empresa, CLECE, se ha negado a sentarse a negociar un nuevo convenio. De momento, 10 días de huelga. Si han paseado por la capital o han ido a renovar el carné nos habrán visto metiendo mucho ruido ante la Jefatura bilbaína. Igual hasta han sido de las que nos ha hecho la señal de la victoria, en plan Churchill.

¿Y por qué se niega la dirección de CLECE a sentarse a negociar? ¿Tal vez por que nuestras exigencias son desmedidas? ¿Creen ustedes que cobrar este 2025 un total de 19.600 euros brutos sería una barbaridad? ¿Acaso CLECE está en números rojos?

La pregunta iba dirigida a Florentino Pérez no de manera retórica. Tal vez querido lector usted no lo sepa, pero es que nuestra empresa forma parte del universo del dueño del emporio Actividades de Construcción y Servicios (ACS). Parece que mientras nosotras nos preparábamos para protestar en las calles de Bilbao y Basauri para acabar con la precariedad que arrastramos, el dueño del Real Madrid pretendía vender CLECE y “colocar el 50% del negocio de centros de datos antes del verano” (Cinco Días, mayo 2025, dixit). Y se ha dedicado a “reestructurar de nuevo CLECE para destrabar su venta y allanar el giro estratégico del grupo” (Voz Populi, junio 2025, dixit). Según esta publicación digital, “la matriz, todavía con más de 30.000 empleados entre fijos y temporales en España, registró unos beneficios de algo más de siete millones tras 472 millones de facturación, de los que cerca de 70 millones correspondían todavía al apartado de servicios sociales”.

Diría que con los números en la mano, no parece excesivo que la empresa se avenga a mejorar nuestras condiciones laborales y nuestros salarios. Vamos a conseguir dignificar las condiciones laborales de las limpiadoras, un convenio de empresa que mejore el miserable convenio colectivo de limpieza de Bizkaia. Es una cuestión de tiempo y de justicia.

La empresa no quiere saber nada de nada. En julio pasado nos respondieron por correo electrónico de manera lacónica asegurando que no iban a negociar un convenio de centro. Y ahora estamos en huelga. Hemos hecho mucho ruido estos días, pero vamos a meter mucho más. Y cuando la basura empiece a ser insoportable tal vez el conflicto adquiera otro cariz. Porque estamos convencidas de que Florentino quiere ser feliz, llegar sin apreturas a fin de mes y que la mierda no le llegue por encima de la barbilla.

Estoy dispuesta a regalarle un ejemplar del libro de la Berlin. De esa magnífica obra dijo el director de cine manchego Pedro Almodóvar que era “un legado literario maravilloso” y yo quiero que usted sepa que somos unas trabajadoras de bandera desde el minuto cero. Ya lo dejó por escrito Lucia: “Que sepan que trabajáis a conciencia. El primer día dejad todos los muebles mal colocados, que sobresalgan un palmo o queden un poco torcidos. Cuando limpiéis el polvo, poned los gatos siameses mirando hacia otro lado, la jarrita de la leche a la izquierda del azucarero. Cambiad el orden de los cepillos de dientes”.

Que se note que estáis presentes, diantre.

Recuerde, Florentino Pérez, las mujeres de la limpieza lo sabemos todo. No nos ponga a prueba.

Fin.

(*) Aranzazu Altagracia Miguez García, delegada sindical