Cuando la tradición sirve de coartada al machismo
La reciente noticia ocurrida en Irún, tras la sanción impuesta a un mando del Alarde por tocamientos a una cantinera, ha vuelto a mostrar con crudeza una realidad que algunas personas se empeñan en negar: el machismo no es una anécdota ni un malentendido, es un sistema que se protege a sí mismo. Y cuando se le pone un límite, reacciona.
La sanción —interna, mínima y lejos de lo que muchas consideraríamos justicia— ha provocado una respuesta reveladora: insultos, abucheos y una concentración de unas 200 personas en defensa del sancionado, en nombre del llamado “alarde tradicional”. Tradicional, sí, pero también excluyente, patriarcal y profundamente desigual.
Lo que se sanciona no es una opinión ni una discrepancia política. Se sanciona un hecho muy concreto: tocamientos a una mujer en el marco de una fiesta popular. Y aun así, la reacción no ha sido escuchar, reflexionar o asumir responsabilidades, sino cerrar filas en torno al agresor y atacar a quienes se atreven a señalar que esto no es tolerable.
Desde Ezker AnitzA-iu lo decimos alto y claro: no hay tradición que justifique el acoso. No hay identidad cultural que pueda utilizarse como coartada para vulnerar la dignidad y la libertad de las mujeres. Defender un alarde igualitario no es ir contra la fiesta, es defender que todas las personas puedan participar en ella en condiciones de igualdad, respeto y seguridad.
Y ante esta movilización tan ruidosa en defensa de un mando sancionado, surgen preguntas incómodas pero necesarias: ¿Dónde están esas 200 personas cuando asesinan a una mujer y se convoca una concentración de repulsa? ¿Dónde están cuando denunciamos la violencia machista cotidiana, la que empieza con el silencio, con el “no es para tanto”, con el “siempre se ha hecho así”? ¿Dónde están cuando salimos a la calle para defender la sanidad pública, esa que luego utilizan ellos y sus familias? ¿Dónde están cuando exigimos que pare de verdad el genocidio contra el pueblo palestino?
Ahí, curiosamente, la calle ya no parece tan urgente. La movilización ya no interesa. Pero eso sí: para estar en la calle defendiendo a un gran señoro del “alarde tradicional”, del “alarde machista”, ahí sí aparecen. Ahí sí hay tiempo, voz y pancartas. Esto no va solo de un alarde. Va de qué sociedad queremos ser. Va de si seguimos permitiendo que las mujeres sean cuestionadas, silenciadas o señaladas cuando denuncian. Va de si seguimos tolerando que el machismo se disfrace de costumbre para perpetuarse.
La igualdad no se negocia. No es compatible con medias tintas ni con nostalgias patriarcales. O estamos del lado de quienes sufren las violencias, o estamos sosteniendo —por acción u omisión— a quienes las ejercen. Desde Ezker Anitza-IU seguiremos defendiendo un alarde igualitario, feminista y popular. Seguiremos señalando los comportamientos machistas, ocurran donde ocurran. Y seguiremos diciendo, sin miedo y sin ambigüedades, que sin igualdad no hay tradición que merezca ser defendida.