Euskadi cumple un año en “emergencia sanitaria” por la COVID-19 sin visos de un plazo cercano para desactivarla

En el relato de la pandemia en Euskadi hay una ola olvidada. Es muy fácil comprobar revisando la estadística de contagios que los picos han sido seis y no cinco, como se repite. Esa escalada que habitualmente no se cuenta se dio hace un año, en agosto de 2020. De hecho, es la que motivó que un 15 de agosto, la fecha paradigmática de la sequía informativa y de las vacaciones políticas, lo que en Italia se viene en llamar Ferragosto, el Gobierno vasco convocara de urgencia una comparecencia ante los medios de comunicación para anunciar que Euskadi pasaba a estar desde el 17 de agosto de nuevo en “emergencia sanitaria”. Era la primera comunidad autónoma que daba un “paso atrás” ni dos meses después de que hubiese finalizado el primer estado de alarma. 365 días después, la pandemia acaba de vivir su punto con más transmisión desde que aparecieron los primeros positivos el 28 de febrero de 2020. Acertó la entonces consejera de Salud, Nekane Murga, cuando aventuró que lo que venía no era una ola sino un “tsunami”. La desactivación de la emergencia sanitaria, pilotada por una mesa de crisis llamada Labi, no está ni mucho menos en los planes del lehendakari, Iñigo Urkullu, según confirman desde el Ejecutivo vasco.

Lo que llevó a decretar la “emergencia sanitaria” fue una mezcla de un incremento de los casos que se venía incubando desde principios de junio con rebrotes como los de Ordizia y las celebraciones posteriores a la Selectividad -exactamente como en 2021- y de una necesidad de buscar un paraguas para poder adoptar medidas tras un primer choque con la Justicia. El boletín epidemiológico del 15 de agosto del pasado verano reflejaba la aparición de 573 contagios. Muy pronto se superaría el máximo alcanzado en el confinamiento. El R0 estaba por encima de 1,20, los ingresos fueron 32 y en los hospitales había 140 personas con COVID-19, 13 de ellas en la UCI. Este viernes -el último día con informe completo de la situación del coronavirus- se registraron 891 contagios y 47 ingresos, el R0 está en 0,89 y en los hospitales hay 343 personas, 62 en UCI. Entonces empezaron a surgir brotes en residencias, el primero en el complejo Hermano Garate-San Ignacio de Donostia, y ahora han vuelto los casos a estos centros, donde hay del orden de 100 casos activos. En medio, el 27 de diciembre se inició la campaña de vacunación y el 66% de la población vasca ya tiene la pauta completa.

El anuncio de la emergencia sanitaria lo hicieron Murga -que dos semanas después sería relevada por Gotzone Sagardui- y quien entonces estaba dirigiendo la desescalada, Arantxa Tapia, que fue la encargada de tranquilizar a la población al recordar que “emergencia sanitaria” no iba a equivaler a “estado de alarma” y “confinamiento”. La responsable de Salud, en todo caso, mostró su preocupación por las mismas cuestiones que condicionan ahora el desarrollo de la pandemia, el mal uso de las mascarillas, las aglomeraciones y las supuestas no fiestas. En este año no ha habido ni una sola jornada con situación epidemiológica óptima, un semáforo verde que se enciende cuando la incidencia baja de 60 casos por cada 100.000 habitantes en 14 días.

Esa ola de verano se superó, pero a ella le siguió la de noviembre, que obligó a reactivar el estado de alarma. Vinieron luego las de después de la relajación de Navidad y Semana Santa y el ciclo lo completa, por el momento, la gran cadena de contagios motivada por la nueva variante delta del Sars-Cov-2, que ha irrumpido como antes la denominada alfa y que han tomado el relevo de la cepa salvaje original procedente de Wuhan. Los hospitales han estado tensionados todo este tiempo, con un momento crítico en abril y mayo que llegó a obligar a paralizar toda la actividad quirúrgica no urgente para centrar todos los esfuerzos en la COVID-19. En la historia de Osakidetza ninguna enfermedad ha generado tantos casos y, sobre todo, tan a la vez.

El avance de las vacunas hizo que en puertas del verano la tasa bajara a un nivel próximo a 100, la mitad del mínimo hasta entonces, una barrera de 200 que prácticamente suponía un repunte automática cuando se alcanzaba. Hubo una comparecencia pública de Urkullu entonces, solamente una, en la que mencionó la posibilidad de desactivar la emergencia sanitaria y desmontar el Labi. Sin embargo, grandes brotes asociados a viajes de estudios y fiestas como las de San Juan de Hernani supusieron un cambio drástico. En julio, ha tocado tomar decisiones hasta en tres ocasiones. El pico de la ola fue más alto que nunca y ya se ha iniciado la caída. Pero todavía ahora, con decenas de festividades si el calendario fuese el ordinario, el Gobierno vasco tiene temor a un nuevo cambio de tendencia, como está ocurriendo en Vitoria después de las aglomeraciones coincidiendo con los días de La Blanca. Solamente Baleares tiene una tasa más alta que la vasca, que supera los 500 puntos.

En nuestros especiales interactivos, se pueden consultar todos los datos sobre la evolución de la pandemia en Euskadi, sobre los positivos y fallecidos en todas y cada una de las residencias de Álava, Bizkaia y Gipuzkoa y el avance día a día de la campaña de vacunación. También tenemos mapas con los brotes más destacados.

elDiario.es/Euskadi

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