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Lourdes Herrasti, antropóloga: “La búsqueda de las víctimas enterradas clandestinamente no perjudica a nadie. Quien lo critica no tiene motivos”

Lourdes Herrasti (Aretxabaleta, 1958) es una historiadora y antropóloga que trabaja como investigadora en el Departamento de Antropología de la Asociación de Ciencias Aranzadi, donde desde hace décadas participa en proyectos de exhumación e identificación de personas represaliadas durante la Guerra Civil española en el País Vasco y la dictadura franquista. Además de los hallazgos, el trabajo de Herrasti se basa en realizar análisis antropológicos de los restos encontrados en las excavaciones arqueológicas, que en el caso de Euskadi, gran parte se trata de gudaris o combatientes en la Guerra Civil. Así, con los objetos y restos que encuentra, trata de recabar la historia para poder contársela a la familia cuando trasmite la noticia que llevan toda la vida esperando: la de que han encontrado a su familiar desaparecido. “Es un momento verdaderamente estelar porque eres consciente de que vas a dar una buena noticia, de que por fin van a recibir la noticia que llevan tanto tiempo esperando y, al mismo tiempo, sabes que va a tener una gran carga emocional para ellos. Eso se acaba contagiando y cuando lo transmites sientes su misma emoción”, confiesa la antropóloga.

De esta manera, a través de Aranzadi han desenterrado a más de 5.000 víctimas de la Guerra Civil y la dictadura. Pero también han realizado estudios sobre la violencia de motivación política y decenas de monográficos, históricos y antropológicos, tanto en la época de la memoria histórica (1936-1959) como en la memoria reciente (1960-actualidad), teniendo en cuenta el derecho internacional de los derechos humanos. “Hay que seguir localizando y exhumando las fosas que existan, porque hay familiares que reclaman a las víctimas que están enterradas en ellas y porque consideramos que es un problema de dignidad de aquellas personas que fueron primero asesinadas y después olvidadas y, al mismo tiempo, porque es fomento del conocimiento de lo que ocurrió y, por tanto, de hacer historia a través de estos pequeños hallazgos”, reconoce Herrasti.

¿Cuándo y cómo supo que quería ser antropóloga? ¿En aquella época había más mujeres dedicándose a ello?

Estudié la carrera de Geografía e Historia y me formé como historiadora pese a que mi objetivo era trabajar en arqueología. Lo de dedicarme a la antropología ha sido un poco sobrevenido, porque en los yacimientos arqueológicos encontrábamos restos humanos y tuvimos la posibilidad de analizarlos y así conformar un grupo de análisis conjunto entre varias personas. En mi época no había muchas antropólogas aunque ahora podríamos decir que es un trabajo casi femenino porque hay muchísimas mujeres dedicadas a la antropología, pero en los años 70 u 80 todavía había un número escaso de mujeres.

Ha trabajado en multitud de proyectos de exhumación e identificación de personas represaliadas durante la guerra civil española en el País Vasco y la dictadura franquista. ¿Qué supone para usted?

Comenzamos trabajando con las fosas casi por casualidad, porque nos llamó el arqueólogo territorial de León y su mujer, que es antropóloga, para decirnos que iban a abrir la primera fosa en Priaranza del Bierzo, hace 25 años, y querían que colaborásemos con ellos. Así empezó un tema que nadie esperaba, que es el conocimiento del que existían numerosas fosas clandestinas en el territorio peninsular de España y, que al mismo tiempo, había un gran desconocimiento sobre la represión que tuvo lugar en la Guerra Civil y en la posguerra. En nuestro caso, en el País vasco, hemos creado un grupo que desde el principio, desde el año 2003, ha estado trabajando con apoyo institucional del Gobierno vasco y del Instituto de la Memoria (Gogora) posteriormente y nos hemos dedicado a ello ininterrumpidamente. Normalmente, lo que encontramos son fosas de combatientes porque son las más comunes en la zona. De hecho hay pocas fosas clandestinas en el País Vasco que conozcamos y que persisten, las que había ya no están.

¿Cómo es el momento en el que le dicen a un familiar “lo hemos encontrado”?

Sin duda es un momento muy emocionante cuando comunicamos a los familiares que hemos localizado a la persona que están buscando. Es un momento verdaderamente estelar porque eres consciente de que vas a dar una buena noticia, de que por fin van a recibir la noticia que llevan tanto tiempo esperando y, al mismo tiempo, sabes que va a tener una gran carga emocional para ellos. Eso se acaba contagiando y cuando lo transmites sientes su misma emoción.

¿Por qué es importante seguir haciendo este trabajo pese a las voces contrarias?

Hay que seguir localizando y exhumando las fosas que existan, porque hay familiares que reclaman a las víctimas que están enterradas en ellas y porque consideramos que es un problema de dignidad de aquellas personas que fueron primero asesinadas y después olvidadas y, al mismo tiempo, porque es fomento del conocimiento de lo que ocurrió y, por tanto, de hacer historia a través de estos pequeños hallazgos. Aquellos que se manifiestan en contra de las exhumaciones, en realidad no tienen motivos claros, salvo los exclusivamente políticos o el desconocimiento, porque la búsqueda de las víctimas malenterradas o enterradas clandestinamente no puede perjudicar a nadie. Lo que se trata es de recobrar la memoria de todas ellas y de retornar a los familiares sus restos. Por lo tanto, no hace mal a ninguna persona, se trata de una lucha por los derechos humanos.

¿Qué supuso el descubrimiento de la mano de Irulegi?

Supuso una alegría porque es un hallazgo muy importante de cara a conocer el periodo del siglo I a. C. y el siglo II a.C y conocer también la existencia de la población vascónica y comprobar que tenían un idioma que además sabían escribir. Siempre se había pensado que eran anepígrafos y, sin embargo, ahora tenemos una escritura y se confirma también a través en las monedas. Es un hallazgo que puede ser el primero de otros muchos.

Gran parte de su trabajo se centra en la divulgación. ¿Por qué es importante?

La divulgación es muy importante para conocer la tarea que se está haciendo. Este trabajo no puede ser en ningún caso privado, porque además de la vertiente íntima y privada de los familiares, tiene una vertiente claramente social, política e histórica y, por lo tanto, debe darse a conocer. Es un conocimiento bueno y válido para toda la sociedad. Cuando hablamos de divulgación deberíamos tener en cuenta en todo momento a los jóvenes. A través de los proyectos Escuelas con Memoria [un programa que acerca la memoria histórica a las aulas] que se están llevando a cabo en muchos lugares, muchos jóvenes pueden aprender qué fue lo que pasó, porque muchos de ellos desconocen los hechos y tienen una visión desvirtuada y falsa de ellos.

¿A las nuevas generaciones les interesa la historia y/o antropología? ¿Está habiendo un retroceso en ese sentido?

La historia suele ser vocacional y de madurez, pero eso no quita que muchos jóvenes tengan interés en los hechos históricos. Creo que el tema de la memoria histórica podría ser uno de ellos. En cuanto a la antropología puede llegar a atraer más a los jóvenes después de que las series que ven hayan puesto de moda el tema de la investigación criminal, de los estudios de los restos humanos y del esclarecimiento de asesinatos y crímenes a través de la investigación de esos restos, pero es importante que sea algo conocido por la sociedad en general y no solo por especialistas.