BULO, la nueva banda formada por músicos que acompañaron a Robe en sus últimos 12 años, encuentra su propia voz

17 de marzo de 2026 10:30 h

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Tras años formando parte del universo creativo y personal de Robe, dos de los músicos que integraban su banda, Loren González y Woody Amores, inician una nueva etapa con BULO, un proyecto que nace desde la complicidad artística, el respeto a lo vivido y la necesidad de seguir componiendo sin quedar atrapados en la nostalgia. “La gente quiere que se junten los Robe para escuchar a Robe. Yo también quiero escuchar a Robe. Pero ahora toca otra cosa”, explican.

BULO está formado por Loren González a la voz y la guitarra; Woody Amores, guitarra y coros y les acompañarán el batería Antonio Pintor; el bajista Ismael Tovar y Carlitos Pérez Mancera, encargado de los sintetizadores. La música está compuesta por Woody y Loren, que además producen el proyecto. La grabación, mezcla y máster se están realizando en Tres Nueces Estudio de Álvaro Rodríguez, en un proceso que, según los músicos, está ya muy avanzado.

“No estamos todos los que estábamos con Robe”, aclara. Por ejemplo, David Lerman y Alber Fuentes participaron en los primeros singles, ‘El impostor’ y ‘Todo el amor del mundo’, pero no forman parte estable de la formación. “Grabaron con nosotros por amor, porque somos hermanos. Pero cada uno tiene sus tareas. La voluntad no era reproducir una alineación pasada, sino empezar desde otro lugar pero evidentemente con todo lo que llevamos dentro”.

El grupo tiene ya compuestas y arregladas doce canciones que formarán parte de su primer disco. Están en fase de grabación de guitarras y después llegarán las voces y la mezcla definitiva. El título aún no está decidido y tampoco hay fecha cerrada de publicación. “Lo más difícil es ponerle nombre a un disco”, reconoce Loren.

Mientras tanto, ya han ido adelantando parte del repertorio. ‘Ingravidez’ fue su primer single, acompañado de un videoclip que marcó el tono del proyecto: una base rockera sólida y letras introspectivas. Después llegó ‘La piel del aire’, segundo adelanto del disco, con un vídeo rodado en espacios naturales cercanos a Cáceres y una estética cuidada cargada de simbolismo. Junto a estos temas, forman parte de la trayectoria inicial de la banda canciones como ‘Todo el amor del mundo’ y ‘El impostor’, que conectan con la etapa embrionaria del proyecto.

El origen de BULO está directamente vinculado a la relación creativa entre Loren y Woody Amores. “Es mi hermano musical”, dice sobre el guitarrista. Ambos estructuran los temas desde la guitarra y la voz antes de llevarlos al local de ensayo. Después, la banda completa el engranaje. La filosofía de trabajo mantiene la intensidad de etapas anteriores: muchas horas de ensayo y una construcción colectiva muy trabajada. “La gente veía nuestros directos y decían ”qué engranaje“, pero eso son horas y horas de local”.

Su web ya recoge información del proyecto y las fechas confirmadas. En directo, la banda tiene previstos conciertos el 24 de abril en la sala La Santa de Badajoz y el 2 de mayo en la sala Villanos de Madrid. Por esas fechas también participarán en un festival en Cáceres. Además, en octubre de 2025 actuaron en el II Festival de Música y Cine Cinebeat en Mérida, donde presentaron en vivo parte del repertorio que formará su álbum de debut.

Comparaciones

Uno de los debates inevitables es si BULO sonará a Robe. Loren no esquiva la cuestión. “Va a recordar, claro. Hemos vivido mucho tiempo creando juntos. Mi voz es la que es y la guitarra de Woody es la suya. Pero no es Robe”. De hecho, descarta por ahora incluir canciones de esa etapa en el repertorio. “Hemos trabajado las voces y los arreglos con tanto respeto que ponerme a cantar algo que cantaba él… no me sale. Quizá algún día, en una ocasión especial. Pero ahora no. El dolor sigue doliendo y el respeto es máximo al músico y al compañero y amigo”.

El músico defiende que el nuevo proyecto debe escucharse sin comparaciones constantes. “Hay expectativas muy altas. Mucha gente quiere saber qué somos capaces de hacer. Pero hay que quitarse la mentalidad de que esto es una continuación. Esto es otra cosa”.

En lo artístico, BULO se mueve en un rock potente con matices que pueden oscilar entre la densidad cercana al stoner y la melodía más accesible, siempre con letras trabajadas desde la introspección y la poesía. Loren se declara obsesivo con el texto: “El 80% de una canción son las letras. No puedo escuchar una frase mal acentuada. Soy muy neurótico con eso”. Escribe, reescribe y ajusta hasta que la cadencia encaja exactamente con la música.

Sobre la herencia creativa recibida del músico placentino, su reflexión es clara: “Lo que se ha perdido es una sinceridad absoluta. Escribir sin pensar en gustar. Eso es dificilísimo. Es de una honestidad brutal, de una sinceridad compositiva que solo tenía Robe”. Y quizá ahí esté el mayor desafío de esta nueva etapa: construir algo propio bajo la sombra inevitable de una historia musical compartida. Bajo la sombra o bajo la luz. Lo que sí es más que evidente es que necesario resaltar el profundo respeto que sus compañeros han tenido con el genio extremeño líder de Extremoduro, con un cuidado exquisito para no ofender su legado, evitar más dolor a la familia y honrarle al máximo como la persona, amigo y compañero musical irrepetible que fue.

Y es que al contrario de lo que en el imaginario colectivo puede flotar, aunque Extremoduro fue percibido durante décadas como el vehículo creativo de Robe Iniesta —fundador, principal compositor y voz del grupo—, la evolución de su trayectoria muestra un matiz interesante: el proyecto que más claramente funcionó como banda en sentido pleno fue, paradójicamente, el que llevó su propio nombre. En la etapa de Robe, rodeado de músicos estables y con amplio margen para los arreglos colectivos, las canciones se construían a partir de un proceso de trabajo compartido en el que cada instrumentista aportaba capas musicales y decisiones estéticas. Algo que contrasta con la historia de Extremoduro, donde el peso autoral de Robe fue siempre determinante, hasta el punto de que sus letras y estructuras compositivas definían el rumbo del grupo desde el inicio. Con el tiempo, el nuevo formato terminó funcionando menos como un proyecto personal que como un organismo musical donde la complicidad, el respeto mutuo y la complementariedad entre músicos se volvieron parte central del resultado artístico. Y eso está ahi y nunca nadie jamás ya podrá cambiarlo.