El grito que cuelga de un hilo: Mónica Mayer trae al MEIAC la genealogía de la desobediencia civil femenina
En 1978, Mónica Mayer (Ciudad de México, 1954) transformó un objeto de servidumbre doméstica en un artefacto de desobediencia civil. Su primer Tendedero en el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México no fue solo una pieza artística; fue el acta fundacional de una nueva forma de habitar el museo: la de la escucha colectiva frente a la violencia estructural. Casi medio siglo después, esa herramienta de resistencia ha aterrizado en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC) de Badajoz, recordándonos que el arte, cuando es feminista, no busca la complacencia, sino la reparación.
La exposición ‘El Tendedero / Archivos Imaginados’, comisariada por Montaña Hurtado Muñoz, se articula como un diálogo necesario entre la trayectoria internacional de Mayer y la obra de la pintora pacense Lourdes Murillo.
Mayer: La arquitectura de la denuncia
Mónica Mayer es una figura ineludible. Pionera del performance y la gráfica digital, su estancia en el Women’s Building de California en los setenta le permitió entender que el archivo era el único lugar capaz de evitar el borrado histórico de las mujeres. Junto a Maris Bustamante, en el grupo Polvo de Gallina Negra, y más tarde en el proyecto Pinto mi Raya, Mayer ha dedicado cuatro décadas a demostrar que lo personal es, ante todo, una cuestión de Estado.
En Badajoz, 'El Tendedero' se reactiva con la urgencia del presente. No es una obra estática; es un proceso vivo que ha contado con la colaboración de colectivos y mujeres locales de la Casa de la Mujer de Badajoz, la Asociación de Mujeres Progresistas, la Plataforma 8M, la Fundación Secretariado Gitano, el Centro de Mayores Santa Ana y dos ciclos formativos del IES Barbara de Braganza.
A través de testimonios manuscritos, la pieza lleva lo privado —el acoso, el miedo, la opresión— al ámbito público del museo. Esta obra trasciende la estética para convertirse en pedagogía y activismo, una genealogía que conecta con la sacerdotisa mesopotámica Enheduanna, la primera mujer en firmar un texto denunciando una agresión, y cuyo legado de palabra y destierro resuena hoy en las salas del MEIAC.
Murillo: El refugio frente a la intemperie
En contrapunto a la expansión pública de Mayer, Lourdes Murillo propone un repliegue hacia lo íntimo. La artista extremeña, con una carrera forjada entre Sevilla, Madrid y su actual estudio en Trujillo, presenta sus ‘Archivos Imaginados’. Son piezas que parten de objetos recuperados de casas familiares —tías, madres, antepasadas— para construir una narrativa sobre el cuidado y la infancia.
Sin embargo, en el marco de esta exposición, la obra de Murillo debe leerse bajo la luz de la advertencia: el hogar, ese “lugar seguro” que la artista recrea con objetos y cajas cerradas, es estadísticamente el escenario de mayor riesgo para las mujeres. La serenidad que transmiten sus piezas dialoga con la memoria dolorosa de 'El Tendedero', creando un espacio donde la reparación solo es posible si primero se nombra la herida. Reivindicar lo “menor” —la repostería, el orden doméstico, el silencio de las alcobas— se convierte aquí en un gesto político de rescate frente al olvido.
Un puente necesario sobre el Guadiana
La presencia de Mayer en Extremadura sitúa a la región en el mapa del activismo artístico global. Durante la inauguración, el secretario general de Cultura, Francisco Palomino, destacó la capacidad de la muestra para “hacer del museo un lugar de acogida”, subrayando el papel del MEIAC como institución de referencia para toda Iberoamérica.
La exposición, que podrá visitarse hasta el 7 de junio de 2026, no solo ofrece una lección de historia del arte contemporáneo; ofrece una oportunidad para la catarsis. En un tiempo donde las redes sociales parecen ser el único canal de denuncia, la fisicidad de los hilos de Mayer y la fragilidad de los archivos de Murillo nos invitan a reflexionar sobre la importancia de la presencialidad y la memoria física.
Esta exposición es una prueba más de que cuando las mujeres toman la palabra y el espacio, el museo deja de ser un contenedor de objetos para convertirse en un territorio de transformación.